El blog de Max Römer: Mamarrachada

sábado, 23 de mayo de 2015

Mamarrachada

Las autocracias, primero idolatradas por el pueblo que enceguecido las secunda, terminan haciendo mamarrachadas. De tanto populismo, de manejar la política sobre la base de un supuesto reparto justo de la riqueza, de entregar los recursos al pueblo dejando una buena parte en los bolsillos de los repartidores, terminan convirtiéndose los dirigentes políticos en mamarrachos. El manejo despótico del poder, la designación a dedo de los sucesores, ese empeño por perpetuarse en la política de un país, sumerge a los políticos en mamarrachos, de acuerdo a la tercera acepción de la palabra: informales, no merecedores de respeto.
¿Qué pasa en Venezuela? ¿Son todos los habitantes de ese país al sur del Caribe mamarrachos? ¿Son cómplices de lo que pasa en las cúpulas del poder? ¿Cómo es posible que un país que se precie de tener elecciones a cada rato sea tan mamarracho?
Explicar la mamarrachada (acción desconcertada y ridícula), es complejo. Por una parte, porque la economía no tiene explicación salvo que el dinero se escape por vías fraudulentas entre los dedos de quienes lo manejan, o no se escape y termine en los propios bolsillos de quienes lo manosean. Por otra parte, porque el control extremo de los gobiernos autocráticos del chavismo (en la silla presidencial del Palacio de Miraflores desde febrero de 1999) ha terminado con la libre empresa, con la libertad de prensa, con el libre flujo del dinero, con la libertad de tránsito (no se puede viajar si no se tiene permiso del gobierno para tener divisas para el viaje), o de la libertad de comprar lo que se necesita en el momento que se quiera, sino bajo estrictos controles que pasan por el día relativo a tu carnet de identidad.
La mamarrachada se subraya entonces con querer ser encantadores de masas. El uso de lo masculino y femenino en todo momento y sin pensar: libros y libras, estudiantes y estudiantas, adolescentes y adolescentas, en fin, todo en doble género que, además de mostrar una incultura rampante, demuestra un intento por ser inclusivo desde la propia exclusión.
¿Entonces? ¿Cómo se puede ganar respeto si se es tan informal? ¿Cómo se puede tener una economía sana si no se sabe cómo invertirla en el propio Estado? ¿Cómo se puede tener un diálogo de país si los interlocutores son excluidos al sumarlos a la delincuencia común y encarcelarlos sin juicio?
La mamarrachada mayor está en creer que por todo ese manejo del poder se podrán librar de la justicia universal, creer que violar los derechos humanos es el legítimo uso del poder y creer a la vez que aliarse con otros de la misma condición autocrática, generará bloques que, amparados en la corrupción, serán incorruptibles. ¡No! Véase lo que es la mafia y verá quién tiene el poder: el que tiene la última bala. Ese es el poderoso.
Total, que más que un escuadrón bien articulado, con un buen criterio del poder aún desde su miserable entendimiento, son unos mamarrachos si lo vemos desde su segunda acepción: cosa imperfecta. 

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