El blog de Max Römer: mayo 2015

domingo, 31 de mayo de 2015

¡No señor! No son dos Venezuelas

Después de las marchas que se sucedieron por todo el territorio venezolano en apoyo a los dirigentes políticos de la oposición presos por el gobierno de Nicolás Maduro, el presiente dijo a voz en cuello que hay dos Venezuelas. Una minoritaria que busca desestabilizar y la que él representa que pretende la estabilidad.
¿Qué dice? ¿De qué habla? ¿Usted hace mercado? ¿Va a las farmacias? ¿Compra repuestos para su automóvil? Sin duda, no. No lo hace. Usted, señor Maduro está en su Palacio de Miraflores vociferando, haciendo creer que gobierna, amparando a la corrupción que campea a sus anchas. Usted se regodea en los presos políticos que tiene en las cárceles. Usted está aterrorizado de perder la mayoría en la Asamblea Nacional y por eso no convoca elecciones.
Usted, según sus propias palabras, es un dictador. Y, los dictadores no son demócratas ni garantes de la paz. Son los que asumen el poder para generar conflictos, para dividir –un poco más de lo que ya lo había hecho Chávez– a un pueblo que lo que busca es poder vivir, comer, trabajar y tener un mínimo de seguridad en las calles. Si eso tiene dos lecturas, dos formas de entenderlo, pues habrá dos pueblos: el suyo, que le merma bastante todos los días, y el de los de las camisetas blancas que marcharon ayer en 37 ciudades.
Las marchas, digna forma de ejercer el derecho de protesta y manifestación, tienen que ser leídas por usted de otra forma. Tiene, es su deber como mandatario, que escuchar a esa gente que reclama, que le dice cosas, que le apunta por dónde deben enfocarse sus acciones de gobierno.
Pero no. Usted no escucha. Usted oye a un pajarito que le dice cosas, usted oye la voz de Chávez que lo orienta a decidir. Usted ha quebrado al país, lo ha llevado a una hiperinflación, lo tiene desabastecido, con cartillas de racionamiento, preso en sus casas desde que atardece hasta que vuelve a amanecer en un toque de queda civil por el hampa desatada que respalda con su inacción.
Usted ha acabado con el empleo porque, al igual que su mentor, destruye empresas productivas con un afán de quitarle a los “ricos” sus propiedades para que sean del “pueblo” y así se reparta la “riqueza” que es de “todos los que me siguen”. Paparruchas señor presidente. Palabrería de politiquero de poca monta y mucha ruina. 

sábado, 23 de mayo de 2015

Mamarrachada

Las autocracias, primero idolatradas por el pueblo que enceguecido las secunda, terminan haciendo mamarrachadas. De tanto populismo, de manejar la política sobre la base de un supuesto reparto justo de la riqueza, de entregar los recursos al pueblo dejando una buena parte en los bolsillos de los repartidores, terminan convirtiéndose los dirigentes políticos en mamarrachos. El manejo despótico del poder, la designación a dedo de los sucesores, ese empeño por perpetuarse en la política de un país, sumerge a los políticos en mamarrachos, de acuerdo a la tercera acepción de la palabra: informales, no merecedores de respeto.
¿Qué pasa en Venezuela? ¿Son todos los habitantes de ese país al sur del Caribe mamarrachos? ¿Son cómplices de lo que pasa en las cúpulas del poder? ¿Cómo es posible que un país que se precie de tener elecciones a cada rato sea tan mamarracho?
Explicar la mamarrachada (acción desconcertada y ridícula), es complejo. Por una parte, porque la economía no tiene explicación salvo que el dinero se escape por vías fraudulentas entre los dedos de quienes lo manejan, o no se escape y termine en los propios bolsillos de quienes lo manosean. Por otra parte, porque el control extremo de los gobiernos autocráticos del chavismo (en la silla presidencial del Palacio de Miraflores desde febrero de 1999) ha terminado con la libre empresa, con la libertad de prensa, con el libre flujo del dinero, con la libertad de tránsito (no se puede viajar si no se tiene permiso del gobierno para tener divisas para el viaje), o de la libertad de comprar lo que se necesita en el momento que se quiera, sino bajo estrictos controles que pasan por el día relativo a tu carnet de identidad.
La mamarrachada se subraya entonces con querer ser encantadores de masas. El uso de lo masculino y femenino en todo momento y sin pensar: libros y libras, estudiantes y estudiantas, adolescentes y adolescentas, en fin, todo en doble género que, además de mostrar una incultura rampante, demuestra un intento por ser inclusivo desde la propia exclusión.
¿Entonces? ¿Cómo se puede ganar respeto si se es tan informal? ¿Cómo se puede tener una economía sana si no se sabe cómo invertirla en el propio Estado? ¿Cómo se puede tener un diálogo de país si los interlocutores son excluidos al sumarlos a la delincuencia común y encarcelarlos sin juicio?
La mamarrachada mayor está en creer que por todo ese manejo del poder se podrán librar de la justicia universal, creer que violar los derechos humanos es el legítimo uso del poder y creer a la vez que aliarse con otros de la misma condición autocrática, generará bloques que, amparados en la corrupción, serán incorruptibles. ¡No! Véase lo que es la mafia y verá quién tiene el poder: el que tiene la última bala. Ese es el poderoso.
Total, que más que un escuadrón bien articulado, con un buen criterio del poder aún desde su miserable entendimiento, son unos mamarrachos si lo vemos desde su segunda acepción: cosa imperfecta. 

sábado, 9 de mayo de 2015

En plena línea de flotación

Si hay algo que le golpea por debajo de la línea de flotación al chavismo, son los medios de comunicación internacionales. Una labor de caracterización y solvencia frente a la comunidad de naciones, se ve afectada por alguna información que no beneficie al régimen chavista. Es algo así como que ‘El imperio contraataca’.
Bueno, en ese emborronamiento que sufre el régimen autocrático de Maduro, algunas perlas recientes brillan en el panorama. Uno, es que Felipe González les está siendo molesto con sus intenciones de respaldar la liberación de los presos políticos y, otro, el premio Ortega Y Gasset que recibió Teodoro Petkoff por ser paladín de la defensa de las libertades de expresión, información, prensa y opinión.
Es fácil imaginar a Maduro vociferando en el Palacio de Miraflores antes semejantes disparos certeros a su imagen pública. Es también fácil imaginar a los acólitos del régimen, esos que vigilan porque sus imágenes no se separen bajo ningún concepto del fundador de la villanía, pensando en artilugios para desmotar comunicacionalmente lo inocultable.
Pasan los años y claro, siguen en el poder. Un poder deteriorado, sin capacidad de respuesta, con hambre en las calles, con los anaqueles vacíos, con los bolsillos de los rojo-rojitos llenos de los dineros públicos, con presos políticos y, con las lentes de los medios de comunicación siguiendo los pasos del dictador.
Es un poder que busca a toda costa figurar entre los disidentes. Salir en los medios de comunicación como que si él fuese abanderado de alguna causa plausible. Nada que ver con ese panorama. Se le vio en el desfile del aniversario del triunfo de la Unión Soviética (como parte de los ejércitos aliados) ante los Nazis… todo un logro para Maduro aparecer entre los que veneran las armas nuevas del ejército de Putin. Pura pantalla. Puro proceso comunicacional vacío.
Esa hegemonía mediática de la que se ufana el régimen, ese control de la información que tanto ha cuidado, hace aguas. Se recuerda un foro en la Universidad Católica Andrés Bello en que preguntaron: ¿Se puede callar a los medios? Y la respuesta fue, podrán, este régimen podrá con los medios de comunicación gracias a todos los mecanismos de represión que se puedan imaginar, pero a la calle, al ciudadano, a esos no los callan. Pues los medios de comunicación han dado la batalla y han triunfado. El premio Ortega y Gasset a Teodoro Petkoff es una muestra de ella. Un misil de palabras en plena línea de flotación del buque “Chavismo”.
Así pues, si una lección nos deja la opinión pública internacional con este premio al periodismo sensato, es que a los defensores de las libertades siempre –más tarde o más temprano– les vienen los reconocimientos. Pero también este aniversario del fin de la segunda guerra mundial nos recuerda que a quienes violentan las libertades, a esos les espera un escenario muy distinto: los tribunales de justicia internacional, ¿o es que acaso no recuerda Maduro aquellas lecciones del colegio en las que se hablaba de los juicios de Nürenberg? ¿No es parte de esa celebración de las siete décadas recordar que la los crímenes de lesa humanidad se pagan? ¿Ah?