El blog de Max Römer: enero 2015

jueves, 22 de enero de 2015

¿Cuál respeto?

Maduro en su mensaje anual a los venezolanos sobre su gestión de gobierno ha hecho una apología al respeto que, según él, le debe la oposición, los Estados Unidos y la humanidad entera. ¿Qué dice? ¿Quién ha irrespetado a la oposición apresándola y descalificándola? ¿Quién se ha ocupado de burlarse de los venezolanos anunciando un 15% de aumento de salario con un 63% de inflación? Migajas señor Maduro. Migajas.
Es patético lo que pasa en el país de Maduro. Salió por ahí, a dar vueltas por el mundo, a buscar aliados para que le respalden su economía mermada y no consiguió nada más que deudas “Made in China”, unas cuantas trompetillas de los rusos, árabes y demás anteriores aliados.
Dijo, refiriéndose a Robert Serra, dirigente político joven asesinado por las inacciones de seguridad social de su gobierno, que él fue reflejo de lo que el país necesita como liderazgos emergentes y desconoce con ello, las muchas gestiones que hacen los jóvenes políticos de la oposición que, a pesar de los muchos recortes económicos y sociales que les impone Maduro, van con sus comunidades forjando futuros, aunque sean sólo hasta la hora de la cena.
Habló de las revisiones de los precios para el mercado interno de los combustibles, sin prisa, que no es necesario por el momento, como si los dineros le sobraran en las arcas.
Pura falta de respeto los mensajes de Maduro. Unas formas sin fondo, con golpes sobre la mesa, con llamadas de atención a los Estados Unidos, siempre enemigos, aunque siempre fieles compradores del único producto de producción nacional: el petróleo.
No habló de la repotenciación del aparato productivo que está en manos del Estado depredador. Tampoco habló de potenciar el empleo de los jóvenes a través del incentivo para el emprendimiento con créditos para darle empuje a esas empresas que son del Estado y que vía expropiaciones se han convertido en mausoleos de hierros oxidados. Del respeto a los emprendedores y empresarios, de ese que se supone debe hablar porque son parte del PIB de Venezuela, de ese respeto no habló porque de lo único que se ha ocupado desde que están en el poder desde 1999 ha sido de faltar el respeto.
Tampoco habló del respeto que merecen los enfermos, ni del que merecen las personas en las colas para hacer la compra. Porque ahora, que tienen colas de gente que no pueden ni saben manejar, es que se preguntan cómo se le ocurriría la gloriosa idea de poner a la gente clasificada y calificada para efectos venderles lo que el gobierno quiera, con las vejaciones correspondientes y la falta de respeto al ciudadano. Sólo se han dado cuenta de la metedura de pata cuando en toda la prensa internacional sale la gente pasando dificultades para hacerse con un paquete de pañales o una bolsa de jabón.
Nada de pedir respeto quien no sabe respetar, señor presidente Maduro. Nada de esgrimir soberanías cuando se insulta de las maneras que se ha hecho en los últimos años. No le queda bien, y lo sabe. Lo sabe porque se le han cerrado las puertas y las ventanas de la comunidad internacional. Sabe que no tiene aliados, que lo que tiene son prestamistas, gente sin escrúpulos que le dan hoy y le cobrarán mañana la hipoteca a los hijos de esa revolución bolivariana.

viernes, 16 de enero de 2015

El desabastecimiento de Venezuela

miércoles, 14 de enero de 2015

En las colas para lo que no hay

Ya no es secreto nada. Los medios de comunicación, aunque se hayan expropiado por parte de los gobiernos revolucionarios, son incapaces de tapar la cruel realidad de las colas para comprar lo que no hay en Venezuela.
Nicolás Maduro heredó de Hugo Chávez el populismo y con ello la inutilidad del manejo de las arcas del Estado, el reparto de la riqueza a manos llenas y sin control, así como una corrupción que bautizó a la nueva casta social venezolana: la boliburguesía.
Nada es suficiente para poder mantener ese aparato estatal devorador. Las deudas se acumulan, como en aquellas casas en las que se vive con la tarjeta de crédito, más tarde o más temprano, la tarjeta va a rebotar y no permitirá seguir comprando.
Venezuela tiene el futuro más negro por delante. Nunca se sembró el petróleo como bien profetizó Arturo Uslar Pietri en 1936, ni mucho menos se alentó la producción del agro o de otros bienes. Al contrario, la política chavista se ha caracterizado por la expropiación sin sentido, a la tenencia estatal por la tenencia y, a mantener un sistema de terror para todo aquel que quiera emprender: si emprendes y te va bien, te expropio porque yo no soy capaz de tolerar que alguien sea exitoso. Esa pareciera ser la consigna. Todos a la pobreza que así seremos felices porque ser rico es malo.
Las circunstancias quisieron que Chávez viera incrementados los ingresos petroleros. Cuando fue elegido presidente en 1998, el precio del barril de petróleo estaba en US$ 14,22 y al morir, había alcanzado la estratosférica cifra de US$ 96,00, lo que le permitió una política conocida de comprar conciencias tanto dentro como fuera del territorio. Maduro, que no ha tenido la misma suerte coyuntural ha visto mermar, así como a quien se le vacía la bañera, los precios en 60%, lo que deja en evidencia las malas políticas económicas llevadas a cabo por el chavismo.
Hoy, cuando los tres golpes diarios (desayuno, comida y cena) tienen que darse luego de interminables colas, la gente, toda ella sin distingo de color político, se enfrentan a eso que se trató de camuflar toda la vida de este largo régimen de oprobio: Venezuela no tiene salida y ni siquiera hay un clavo caliente de dónde agarrarse, porque la única solución que plantea el gobierno del desaguisado de Maduro es control al estilo cubano de lo que quede en los anaqueles de los mercados.
Las cacerolas suenan un rato después de que los estómagos se manifiesten. Los medicamentos se echan en falta cuando las enfermedades se alojan en los cuerpos, a la familia se la extraña todos los días, máxime si se ha ido parte de ella en los 25 mil homicidios que contabilizó Venezuela en 2014.
Maduro, ojalá, que no esté durmiendo porque la pesadilla que le viene no se la imaginó ni en los ensueños de pajaritos cantores que le dieron pistas de que Chávez desde ultratumba le guiaba los pasos. Valientes son los venezolanos que cada día se enfrentan a semejante política económica, social, cultural y política. Valientes son las madres que buscan pañales o leche. Valientes son los enfermos y sus familias cuando guapean las dolencias sin medicamentos y más valientes aun quienes teniendo remedios en casa, los ofrecen a quienes los necesitan inclusive por Facebook.
A Maduro se le debiese caer la cara de vergüenza de llevar adelante esa política de endeudamiento con medio mundo con fines electorales porque no son otros. Está aterrorizado de perder el poder. Poco le importa el pueblo, muy poco, porque cuando tuvieron las vacas gordas -de esas que disfrutó bastante porque fue el canciller de Chávez- las convirtieron en filetes y, ahora que están flacas, buscan darle al pueblo una dosis, aunque sea pequeña, de Chow Mein.

lunes, 5 de enero de 2015

Los trueques de Maduro

La última grandiosa idea de Nicolás Maduro frente al gobierno de los Estados Unidos ha sido rechazada directamente por la esposa del líder opositor venezolano Leopoldo López. El presidente venezolano, buscando bocanadas de humo urgente para la crítica situación de la economía, soltó la perla de un canje -vamos un trueque- entre el dirigente preso desde hacer casi un año a cambio del líder portorriqueño Óscar López Rivera.
Ese criterio de canje, así como hace la guerrilla de las FARC, se le ocurre para que la gente deje de hablar de la inflación de más del 60% que afecta a Venezuela, del fracking que hacen los americanos para extraer petróleo (igual que hace Venezuela desde hace mucho tiempo), de la delincuencia desatada (aún sin cifras de 2014) y sin control desde hace más de una década, del desabastecimiento que reina en los anaqueles vacíos de los supermercados.
Nada nuevo, sólo manejo mediático de ese que instauró Chávez. Maduro demuestra cada vez más su incapacidad de gobernar, de dar a entender al planeta que merece el puesto que ocupa en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas… silla que creemos le dieron para tenerle la brida corta.
Las actitudes terroristas de Maduro con esa economía inmanejable que raya en economía de guerra producto de ese salvajismo comunista que se les metió en la cabeza como si de una piñata se trataran las arcas del Estado, no sorprenden. Son producto de la preparación de meticulosas acciones comunicativas para dejar con la boca abierta a todo aquel que se precie oír las noticias.  
Los inversores que están dentro de aquel país caribeño están aterrorizados. Sus empresas no producirán los beneficios esperados y, si se apuran las cosas, será mejor levar anclar y buscar horizontes más prometedores, mucho más enriquecedores. La máxima de que los capitales no tienen fronteras debe tener sin dormir al hombre del bigote.
De esto veremos mucho en 2015. De esas formas altisonantes y trasnochadas de hacer política por parte de Nicolás Maduro. Feliz año, señor presidente Maduro. Feliz año que los días pasan y la gente se olvida de los fuegos artificiales. Mire que tendrá que hacer las maletas y salir disparado del Palacio de Miraflores cuando la gente, bajo el balcón del pueblo que tanto le gusta al chavismo, le muestre las cacerolas vacías, las tripas sonando de hambre, los llantos por los hijos asesinados.
Verá usted muchas relaciones internacionales rotas, países que creyendo en el cuento del socialismo del siglo XXI mirarán al norte, no como una quimera –como decía aquella canción– sino como una realidad palpable, contante y sonante con la que hacer negocios.
Feliz año señor presidente y déjese de terrorismo televisivo que todos sabemos que trata de ocultar.