El blog de Max Römer: Chinazuela

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Chinazuela

Venezuela no se pertenece. ¿Cómo? Dirá usted. Como lo oye, Venezuela no se pertenece, es decir, está hipotecada. Así como quien cree que es dueño de una casa porque le han dado las llaves y debe los próximos veinte años de su vida para pagarla, así pasa con Venezuela.  El chavismo con sus formas de manejo de la economía ha hipotecado aún más al país en el que manda, porque no se puede decir que gobierne.
La semana pasada por poner un ejemplo del problemón que tiene Maduro sobre la mesa, el dólar llegó a una paridad de 150,760 BsF., es decir, 150 mil bolívares de los de antes. Un dólar de hoy es la misma cantidad de bolívares de lo que costaba un Ford Sierra en 1986. Imagínese usted que hemos pasado de una paridad de 4,30 bolívares en enero de 1983 a 150.760,00 Bs. (de los de antes de la resta de tres ceros) en diciembre de 2014. Un incremento del 35.060%.  ¡Da pena! ¿Verdad?
Considere usted, que además, la deuda de Venezuela es de 47 millardos de dólares, es decir un 47 con 9 ceros a la derecha que si los convierte a bolívares fuertes da la friolera de 7.085.720.000.000 o lo que es lo mismo en bolívares de los de antes 7.085.720.000.000.000. Es decir, si leemos la cifra es así: siete billones ochenta y cinco millardos setecientos veinte millones de bolívares fuertes o siete mil trillones ochenta y cinco mil billones setecientos veinte millardos de bolívares.  Si empeora los cálculos, piense que el petróleo venezolano ha descendido en un 40% su precio en los últimos meses, lo que pone aún más lejos el poder pagar la deuda –que hay que pagarla con petróleo–, es decir, es el único recurso con el que cuenta Venezuela porque lo demás, todo el aparato productivo como le pertenece al Estado venezolano vía expropiaciones y no se ha hecho nada para impulsar su crecimiento, sumado a un paupérrimo criterio de manejo del país que aleja al turismo, pone las cosas mucho más feas de lo que alguna vez estuvieron.
Y, como las deudas de los países se pagan con los recursos de todos los ciudadanos, sean chavistas u opositores, las consecuencias son claras y a la vista. Queda el país desolado, desafectado, desatendido, con escasez y, para colmo, con el maltrato de su gobernante que, además de endeudar a los habitantes de Venezuela, los dejan así, como que si fuesen la peor bazofia de la historia de la humanidad, mendigando haciendo colas enormes para comprar alimentos, medicinas y repuestos automotrices.
A la vez, la deuda que tiene Venezuela con sus acreedores equivale a un 60% del PIB que, si se observa con cuidado, implica que de lo que genera Venezuela, se debe pagar ese porcentaje a los chinos y a otras naciones que han apostado por las riquezas del subsuelo venezolano. Menuda friolera semejante deuda que, a la vez, supera con creces las reservas del Banco Central de Venezuela, razón de más para considerar que la deuda contraída por Maduro hipoteca por completo a la nación que, además de verse sumida en la pobreza con esa medida, está sometida a esos pagos que se traducen a la vez, en importaciones de los productos chinos, así como de disponer de 300 mil barriles de petróleo de la producción diaria.
Esta actitud económica del socialismo del siglo XXI genera muchas dudas que, de ser realmente adecuadas a lo que la Constitución Bolivariana dice en esa materia y, a la vez, se contradice con aquellas promesas libertarias de los imperios del mentor y padre de la revolución heredada por Maduro.
Si se piensa un poco, Venezuela debe cambiar de nombre. Chinazuela, Rusiazuela, Brasilzuela o, simplemente perder de una vez por todas, la identidad nacional y venderse al mejor postor que quiera comprar a esa tierra de desgracias con todo: sus deudas y sus 30 millones de almas. Y sí, podrían decir que la deuda de otros países es mayor, que la de Venezuela es poca en comparación, en fin, paparruchas de esas del discurso trasnochado de los chavistas, pero lo que sí es verdad es que de las riquezas petroleras, de esas, de las que se ha vivido todo el siglo XX y parte del XXI hay países que también producen petróleo y no gastan sus ingresos, sino que los invierten para tiempos peores.
Si bien esta noticia no es nueva como tampoco lo es la angustia de los padres y madres venezolanos para dar de comer a sus familias, bien vale la pena restregarle al gobierno de Maduro sus torpezas, sus genuflexos modos de hacer política internacional y su disposición del erario público como si fuese de su entera propiedad. 

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