El blog de Max Römer: diciembre 2014

viernes, 19 de diciembre de 2014

La gallina maduró y se puso vieja

El discurso encendido de patriotismo y latinoamericanismo del chavismo empieza a resonar con el eco de una habitación vacía. Maduro anda en esa gritadera que le caracteriza, imitando muy mal a Chávez y, a la vez, parece que no se da cuenta que se queda solo.
Castro y Obama andan de plácemes. Evo Morales ya pidió reunirse con Obama haciendo el lobby suficiente para asegurarse un futuro promisor lejos de los trasnochados y pasados de moda modales del socialismo del siglo XXI. La realidad palestina ya tampoco es motivo de airadas lecciones desde la costa sur del caribe porque Europa ha reconocido esta causa como válida. Los países islámicos buscan hacer buenas migas con sus consumidores petroleros, por si acaso bajan más los precios del crudo. Los rusos están en una situación parecida a la venezolana y gastan lo que tienen para no perder los ahorros que hayan podido hacer. Pero Putin no deja de bajar la guardia frente a su principal comprador: Europa.
Total, el que está bien fastidiado con esto, es Maduro. Con un precio del petróleo 40% más bajo que cuando tomó el poder, con una deuda externa que se eternizará hasta su propia desaparición física de este planeta, con una desmoralización del pueblo que no haya qué hacer para sobrevivir, con carencias de todo tipo, Maduro está como aquel llanero del caballo Silver: SOLITARIO.
Como no tiene habilidades políticas, como no ha sabido ir acomodando su discurso político a los tiempos que corren, se ha quedado como una caricatura mala. Baila en cualquier sarao con la primera dama, vocifera todos los días, se viste de patria con la bandera que la atraviesa pecho y espalda.  Ya nadie le cree y, lo que es peor, el pueblo le abandona a toda prisa, sus secuaces del PSUV se lo piensan y cambian sus rojas vestes por otras menos llamativas. Total, todos le dan la espalda y él, sin darse cuenta (¡habiendo sido canciller!) de que le crecen los enanos del circo, se va desmantelando ese espíritu revolucionario entre tanta corrupción y falta de dinero que malbarataron como si la gallina de los huevos de oro no fuese a envejecer.
Además, lo señalan desde las Naciones Unidas, las negadas formas de la justicia contra los presos políticos (bautizados conveniente de formas revolucionarias), además de las injusticias que se cometen a diario en manos del hampa desatada que han mantenido tanto Chávez como él como mecanismo de presión social, de toque de queda permanente, hacen que el panorama de la Venezuela de 2015 sea poco menos que desesperanzador.
Ojalá que el pajarito que le sopla las coplas, le dijera que renunciara al poder, llamara a elecciones y dejara las cosas como están, para que otro gobierno más capaz emprenda las transformaciones necesarias que merece Venezuela. Pero, por lo visto el pajarito se esfumó, o se desplumó, o era un cuento de caminos de este payaso circense que cree que el pueblo vive en una telenovela de esas de nombres compuestos e ingenuos finales.
A Maduro la gallina de los huevos de oro se le puso vieja, los cuentos no se los cree nadie y, las amenazas, bueno las amenazas parecen ladridos de perro viejo. Podredumbre por doquier, señor presidente. Es hora que deje la silla y se entregue a la justicia universal esa por la que clama para otros. 

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Chinazuela

Venezuela no se pertenece. ¿Cómo? Dirá usted. Como lo oye, Venezuela no se pertenece, es decir, está hipotecada. Así como quien cree que es dueño de una casa porque le han dado las llaves y debe los próximos veinte años de su vida para pagarla, así pasa con Venezuela.  El chavismo con sus formas de manejo de la economía ha hipotecado aún más al país en el que manda, porque no se puede decir que gobierne.
La semana pasada por poner un ejemplo del problemón que tiene Maduro sobre la mesa, el dólar llegó a una paridad de 150,760 BsF., es decir, 150 mil bolívares de los de antes. Un dólar de hoy es la misma cantidad de bolívares de lo que costaba un Ford Sierra en 1986. Imagínese usted que hemos pasado de una paridad de 4,30 bolívares en enero de 1983 a 150.760,00 Bs. (de los de antes de la resta de tres ceros) en diciembre de 2014. Un incremento del 35.060%.  ¡Da pena! ¿Verdad?
Considere usted, que además, la deuda de Venezuela es de 47 millardos de dólares, es decir un 47 con 9 ceros a la derecha que si los convierte a bolívares fuertes da la friolera de 7.085.720.000.000 o lo que es lo mismo en bolívares de los de antes 7.085.720.000.000.000. Es decir, si leemos la cifra es así: siete billones ochenta y cinco millardos setecientos veinte millones de bolívares fuertes o siete mil trillones ochenta y cinco mil billones setecientos veinte millardos de bolívares.  Si empeora los cálculos, piense que el petróleo venezolano ha descendido en un 40% su precio en los últimos meses, lo que pone aún más lejos el poder pagar la deuda –que hay que pagarla con petróleo–, es decir, es el único recurso con el que cuenta Venezuela porque lo demás, todo el aparato productivo como le pertenece al Estado venezolano vía expropiaciones y no se ha hecho nada para impulsar su crecimiento, sumado a un paupérrimo criterio de manejo del país que aleja al turismo, pone las cosas mucho más feas de lo que alguna vez estuvieron.
Y, como las deudas de los países se pagan con los recursos de todos los ciudadanos, sean chavistas u opositores, las consecuencias son claras y a la vista. Queda el país desolado, desafectado, desatendido, con escasez y, para colmo, con el maltrato de su gobernante que, además de endeudar a los habitantes de Venezuela, los dejan así, como que si fuesen la peor bazofia de la historia de la humanidad, mendigando haciendo colas enormes para comprar alimentos, medicinas y repuestos automotrices.
A la vez, la deuda que tiene Venezuela con sus acreedores equivale a un 60% del PIB que, si se observa con cuidado, implica que de lo que genera Venezuela, se debe pagar ese porcentaje a los chinos y a otras naciones que han apostado por las riquezas del subsuelo venezolano. Menuda friolera semejante deuda que, a la vez, supera con creces las reservas del Banco Central de Venezuela, razón de más para considerar que la deuda contraída por Maduro hipoteca por completo a la nación que, además de verse sumida en la pobreza con esa medida, está sometida a esos pagos que se traducen a la vez, en importaciones de los productos chinos, así como de disponer de 300 mil barriles de petróleo de la producción diaria.
Esta actitud económica del socialismo del siglo XXI genera muchas dudas que, de ser realmente adecuadas a lo que la Constitución Bolivariana dice en esa materia y, a la vez, se contradice con aquellas promesas libertarias de los imperios del mentor y padre de la revolución heredada por Maduro.
Si se piensa un poco, Venezuela debe cambiar de nombre. Chinazuela, Rusiazuela, Brasilzuela o, simplemente perder de una vez por todas, la identidad nacional y venderse al mejor postor que quiera comprar a esa tierra de desgracias con todo: sus deudas y sus 30 millones de almas. Y sí, podrían decir que la deuda de otros países es mayor, que la de Venezuela es poca en comparación, en fin, paparruchas de esas del discurso trasnochado de los chavistas, pero lo que sí es verdad es que de las riquezas petroleras, de esas, de las que se ha vivido todo el siglo XX y parte del XXI hay países que también producen petróleo y no gastan sus ingresos, sino que los invierten para tiempos peores.
Si bien esta noticia no es nueva como tampoco lo es la angustia de los padres y madres venezolanos para dar de comer a sus familias, bien vale la pena restregarle al gobierno de Maduro sus torpezas, sus genuflexos modos de hacer política internacional y su disposición del erario público como si fuese de su entera propiedad.