El blog de Max Römer: noviembre 2014

domingo, 23 de noviembre de 2014

¿Podrán?

Desde las elecciones al parlamento europeo del pasado mes de mayo, emergió un grupo político en el panorama español: Podemos. Hoy configurado como partido, con una estructura tradicional que, a decir de algunos, no sorprende, demostró que dentro de sus filas hay ideas de democracia rompedoras eclipsadas por los liderazgos más mediáticos del grupo.
Es sabido del amor platónico de uno de sus líderes por el desaparecido presidente Chávez, así como de la enorme fascinación que ha producido en los medios de comunicación –inclusive los de derechas– el convertir a sus ideólogos en supuesto contrapeso informativo, llevando a que sus clamores de limpieza y buen hacer político sean relativos a una sociedad que empieza a estar cansada de la corrupción, una actitud de la que tampoco escapan los propios miembros del partido Podemos.
El mayor aporte a su curriculum no está en las aulas de las universidades en las que son profesores e investigadores, sino en haber sino partícipes ideológicos del desastre en el que se ha sumido Venezuela. Como asesores del gobierno de Chávez pudieron probar, experimentar y acabar con el país latinoamericano, tal y como proponen hacer con España y lo que sabemos podrían hacer si llegaran a tener cuotas importantes de poder en las elecciones generales de 2015.
Hablan de corrupción como si fuesen paladines de la justicia, como si vistieran de lycra con capas ondeantes al viento y resulta que también tienen su kriptonita: un trabajo no hecho y sí cobrado. Un hándicap que los hace vulnerables, que los pone en evidencia y que les obliga guardar silencio inmediato.
¿Podrá Podemos conquistar los votos desilusionados de la izquierda?  ¿Podrá Podemos conquistar a los corazones de los nuevos votantes con estos cantos de sirena? ¿Podrá Podemos dar con el traste a casi cuarenta años de democracia alternativa española? ¿Podrá Podemos tener los recursos de los países del Socialismo del Siglo XXI para las diferentes campañas que deberá enfrentar? ¿Podrá Podemos tener una sola voz cantante como han decido hacerlo en sus elecciones constitutivas?
Seguramente no podrán. No podrán hacerlo porque las economías fuertes en espacios de intercambio comercial como el europeo dan espacio para los discursos soñadores, pero no dejarán espacio suficiente para que lo construido desaparezca, para que las pensiones estén en juego, o el sistema de salud, o la educación, sin duda revisables y perfectibles. Pero sistemas en funcionamiento.
¿Cambiarán la constitución? ¿La harán a la medida de los mandantes como en Venezuela? ¿Vendrán tiempos de expropiación? ¿De control mediático? ¿De racionamiento alimentario? ¿Volverán los tiempos de la cartilla de racionamiento? ¿Tendrá Podemos la patente de determinar quienes comen y quienes no? ¿Se podrá invertir con seguridad jurídica? ¿Se irán los capitales de España? ¿Tendrán como excusa que la democracia es elegir cada año a algún correligionario?
Parece que Podemos tiene muchas de esas consignas de calle que son muy atractivas, rostros amparados en el anonimato de la máscara de “V for Vendetta”, el revivir las protestas con sus cantos llenos de reclamos y con propuestas que no llenan ollas deben tener rostro, piso, acciones políticas, económicas, relaciones que son supranacionales, que parten de los propios derechos humanos y que, de ser verdaderamente transparentes, dejarían claro qué es lo que quiere Podemos.
Por lo pronto, los partidos que han capitaneado a España se revisan, buscan sacar de sus filas a la corrupción amparados en las actuaciones institucionales de los fiscales del Estado. Se alinean para que los ideales ciertamente europeos de igualdad, fraternidad y libertad sigan siendo las máximas de la ciudadanía. Saben que todo el sistema creado depende de mantener el equilibrio institucional, del buen manejo de los poderes públicos y del concurso del pueblo en la construcción de país, no de los intereses de unos pocos que, sabiendo manejar algunos recursos mediáticos tratan de ser y de convertirse en eso, paladines vestidos de lycra y capas ondeantes al viento como si la vida, la de verdad, fuese un cómic al estilo de Podemos.   

sábado, 15 de noviembre de 2014

¡Basta! o ¿Con qué taparse el rabo?

Las Naciones Unidas han conminado a la justicia venezolana a liberar a Leopoldo López, preso político del gobierno de Maduro.
La noticia, importante por la trascendencia del valor de la justicia universal deja en calzoncillos a las palabrotas del presidente Maduro, a las imputaciones de un gobierno –y el anterior– que pretenden acabar con la dignidad humana sobre la base de la siembra de mentiras y manipulaciones permanentes.
¿Es realmente culpable López? ¿Hizo las barbaridades que se le imputan? Según la ONU no. Según la jueza Susana Barreiros, es un venezolano atroz, un ser digno de desprecio que debe estar en la cárcel.
El problema con las cosas en Venezuela, y decimos cosas porque no se puede hablar de otra forma, es que la institucionalidad que se supone describe la constitución es una fórmula creada por Chávez, sí dictada por Chávez a los constituyentes en su día, para que se acomoden a las necesidades del mandante.
Por ejemplo, ¿se ha paseado usted por las páginas relativas al poder moral? ¿Sabe que este poder debe velar por la transparencia de las actividades de los funcionarios? ¿Y la corrupción que se ha desatado en los últimos 15 años en Venezuela? ¿No es función del poder moral? ¿No fue esa razón que los venezolanos eligieron a Chávez, para que acabase con la corrupción? ¿No tiene Maduro las bases constitucionales para atacar ese flagelo de desangramiento de las arcas como para estar pontificando luego por televisión? ¿No le corresponde a la jueza Susana Barreiros aplicar la justicia con criterio de virtud cardinal y no como se lo dicten desde el poder ejecutivo?
Si bien a López lo van a liberar porque lo dice la ONU, en el sentimiento chavista está en deseo de verlo podrirse en la cárcel. Ojalá que la oposición sepa capitalizar esta situación y no dejen que la cárcel que han sufrido sus dirigentes, en eso sumamos a Capriles, se convierta en anécdotas para los nietos de estos señores. Que la oposición se mantenga unida como un solo hombre, que se enfoquen en el trabajo que se debe realmente hacer, que se imponga el sentido de la coherencia y la correspondencia en la búsqueda de la verdad y que se pueda demostrar a los mismos países que eligieron a Venezuela como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, que la Venezuela de Maduro no está para dar lecciones, que su modelo de Estado, economía y libertad no es exportable, como pretenden los de Podemos en España.
Ha llegado la hora de decir basta. ¡Basta de bravuconadas y de estar llamando embajadores cada vez que le resulta incómodo al mandante! ¡Basta de mentir! ¡Basta de corrupción! ¡Basta de que la oposición sea una atomización de voluntades! ¡Basta de manipular con cifras para maquillar una realidad que se cae a pedazos! ¡Basta de decir que hay democracia porque se vota a cada rato! ¡Basta!
La liberación obligada por la justicia internacional de Leopoldo López va más allá de los esfuerzos de los abogados internacionalistas. Va proporcionalmente relacionada a que se ve que el traje del Emperador está hecho con los hilos de oro que se llevan en las alforjas los chavistas y que el pueblo, como está pendiente de buscar papel toilette saltando entre los mercados, no tiene tiempo de percatarse la desnudez de un gobierno que, por querer tratar de inventar un país de fantasía desde los medios, anda buscando con qué taparse el rabo.

domingo, 9 de noviembre de 2014

El muro de las lecciones

zu meiner Großmutter gewidmet

Una buena lección dejó al mundo entero las dos alemanias. Eran el símbolo del fin de una guerra, el inicio de otra –la fría–, la división moral y política de un pueblo que, por seguir al líder equivocado tuvo que ser castigado por los delitos cometidos así, en dos tajadas, en dos bloques.
Berlín es el ejemplo más aterrador de ese castigo. Un muro se levantó como una cicatriz y dejó a cada lado las ilusiones de ver crecer a los nietos juntos. Los hermanos del Oeste crecían bajo el ala de los aliados. Los del Este bajo el hierro del comunismo soviético. Casi tres décadas de división, casi tres décadas sin verse, sin saberse los unos de los otros. Los cuentos de las amigas, se quedaron truncados, los partidos de fútbol de la cuadra se quedaron pendientes, con los balones desinflados.
La política y la ideología habían triunfado, habían hecho de las suyas, se habían vengado de los hombres y mujeres. Se ocuparon de que darle su merecido a los seguidores y detractores de un demente político.
Afortunadamente, el hormigón de la pared que sirvió para el telón de acero cayó, el pueblo alemán pudo volver a abrazarse, se ocupó el Oeste de darle al Este el lustre necesario para impulsarse como un pueblo unido. El Este supo acomodarse a las demandas crecientes del Oeste y juntos alemanes al fin, decidieron empujar a la locomotora de su patria unida, hacerse parte de Europa.
Muchos países no han sabido leer en las lecciones del horror de las ideologías. Sus nacionales no necesitan muros que los dividan. Los tienen sembrados en el horizonte de sus sentimientos. Se odian entre sí. No hacen falta países que intermedien la arquitectura de una pared para dividir a los hermanos. Ellos mismos se separan. Ellos mismos se han hecho bandos.