El blog de Max Römer: septiembre 2014

jueves, 18 de septiembre de 2014

Modelo económico a la CCC+

Cuando se escucha hablar a los parlamentarios venezolanos afines al gobierno de Maduro, da pena ajena. Claudio Farías dijo que “el modelo económico desarrollado por el Gobierno es perfecto para el pueblo”. Lo que uno no sabe es a qué pueblo se refiere. Debe ser al pueblo colorado, rojo-rojito, el corrupto que se vive al Estado desde el gobierno, porque al pueblo-pueblo, el que recorre las farmacias con un récipe en la mano buscando los medicamentos más sencillos, para ese no existe “modelo económico”, existe “modelo desabastecimiento”.
Las palabras de este diputado suenan a aquellos automóviles que se llamaban regulados. Eran aquellos que, por no tener platinas, ni tapacubos (tazas), ni dirección hidráulica, tenían un precio fijado por los gobiernos de la Cuarta República por debajo de los precios de los coches que sí estaban dotados de todos los adminículos. Era un “modelo económico” frente a un “modelo-modelo”. Pero, había carros, para todos, aunque se apuntaran los venezolanos en una lista. Había repuestos, talleres, remedios, comida, en fin había. Había economía porque se invertía en industrias y empresas. Había confianza en la inversión porque estaba clasificada por encima de la B, el modelo económico venezolano, no esa triple “C” que más parece las siglas de un centro comercial del Este de Caracas.
Diputado Farías, hay que ser un bastante ingenuo para pensar que con peroratas de comunicación se puede hacer creer que el modelo económico del chavismo es bueno. Hay que seguir a la gente, la sencilla, la que le duele la cabeza y no consigue Ibuprofeno, la que busca pañales y papel toilette, la que quiere tomar leche en el desayuno, o que busca poder ahorrar de verdad para su jubilación, a esa para preguntarle si el “modelo económico” les gusta o, si por el contrario, preferirían el “modelo-modelo”.
Se oyen las voces. Si afinamos el oído ¡nos tranzamos por las platinas! ¡Las tazas cromadas! ¡La dirección asistida! Todos queremos que haya pan, medicinas, buenas escuelas, queremos el “modelo-modelo” no ese “modelo-regulado-estrujado-mal-pintado-del-bolivarianismo-revolucionario-trasnochado”, el "modelo-desabastecimiento" que nos venden en cómodos plazos que nos han ido encaminado a la pobreza.
Atrás se queda el discursito ese de que la oposición esto o aquello. Son 15 años en el poder. Tres lustros, tres gobiernos de la cuarta. Quince años jodiendo a la economía, destrozándola, haciéndola añicos, expropiando, vejando a los industriales. Ya no pueden tapar la realidad de la CCC+ que le colocó Standar &Poor’s. No se trata de ir a hablar por la televisión, se trata de la economía de verdad, de la grande, de la que preocupa y ocupa el sueño de los inversores. Con esa nota de deuda, Venezuela pasa directamente a la papelera de cualquiera que tenga dos dedos de frente para invertir.
Diputado Farías, vaya a hacer su trabajo y guarde silencio para cuando verdaderamente tenga algo qué decir para el pueblo-pueblo, para los que quieren el “modelo-modelo”, uno en el que las notas de deuda no sean “raspado” (suspenso), sino “eximido” (sobresaliente).  Un modelo que sea compartido por todos, no por los rojo-rojitos, sino por todos los hijos de vecino que habitan en ese país tropical bañado de petróleo, buenas temperaturas, mar, Andes y gente dispuesta a vivir en paz.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Chávez nuestro… sin pan

El chavismo ha caído en las garras de su propia ridiculez e insólita forma de ver las cosas desde los ojos de la veneración irracional del mentor y creador. El nuevo padre nuestro del chavismo hace loas al extinto comandante con la misma rítmica del padre nuestro de los cristianos con una omisión muy interesante: no hay pan en la oración chavista.
¿Por qué será que no hay pan? ¿Por qué será que lo quitan deliberadamente de la canasta de recuerdos, cariños y sentidos homenajes al comandante? Sencillamente porque si en la ecuación chavista del madurismo se pusiera la economía en la oración al padre de la revolución, caería estrepitosamente el discurso rojo-rojito.
Con una inflación hasta mayo de más de 60% anualizada, lea bien, no se fue un cero de más en la cifra anterior, es del 60% y no se sabe a cuánto ascendió en los meses estivales de junio, julio y agosto, aunque se estima que podría estar cercana al 76% (en cifras anualizadas), puesto que el Banco Central de Venezuela tiene un retraso en la publicación de las cifras de más de 50 días. Por cierto, nada extraño en materia de información en Venezuela.
El caso es que sí, que los venezolanos para poder acceder a la comida, al pan de la oración cristiana, deben encomendarse a las pistoladas y pendejadas del chavismo, esas de rezarle a la memoria del líder, a las malacrianzas de los gestores de la revolución y sí, por qué no decirlo, a todos los santos que tengan en la cartera para tratar de tener un poco de seguridad personal, puesto que jurídica, tampoco hay.
Ser chavista, de acuerdo a su oración, es ser delegado, una especie de apostolado de sacrificios por la revolución, de trasmisores del conocimiento del líder, evangelizadores de ese pensamiento del socialismo del siglo XXI que lo único que ha traído es destrucción del aparato productivo y, en consecuencia pobreza. Se alejan del capitalismo como un mal que se debe evitar a toda cosa, una especie de peste que podría convertirlos en personajes malignos (aunque los viajes al paraíso de Walt Disney sea un desiderátum de los vestidos de colorado). Buscan la luz en los altares de Chávez porque en el fluido eléctrico no está y, por último, asumen que la oposición, a la que llaman directamente oligarquía, es la que gestiona el contrabando. ¡Tamaña desfachatez y semejante tontería!
La paz, como dice su rezo, tampoco es propiedad del pueblo chavista. ¿Cómo pueden tener paz en la conciencia si saben que tantos venezolanos sufren calamidades que son irresolutas, cuando las instituciones del Estado han sido confiscadas por Cuba, cuando las empresas y puestos de trabajo se han convertido en caricaturas de lo que fueron, o lo que es peor, cascarones abandonados sin uso, sin criterio. ¿Recuerda al Hato Piñero? ¿La hacienda La Carolina? ¿Hipermercados Éxito? ¿El edificio La Francia y los orfebres que allí trabajaban? ¿Qué ha sido de eso? Ha pasado el barbarazo del chavismo, el que acaba con todo.
Trabaje señor Maduro. Haga lo suyo. Deje de hacer campaña de comunicaciones sobre el vacío. Mire que todos saben, por su perímetro abdominal, que pan en Miraflores sí hay, que luz siempre tiene por los generadores eléctricos que tiene el Palacio y que seguridad, gracias a  los diferentes círculos de blindaje que tiene, esos que le rodean, no le permiten ver más allá del brillo de su calzado.
El circo del chavismo saca ahora este panfleto revolucionario de una oración por el comandante, una forma de hacer que el pueblo rece por los ideales de una revolución que, lamentablemente, no tiene ni tendrá pan.