El blog de Max Römer: agosto 2014

lunes, 18 de agosto de 2014

‘Madurolandia’

Nicolás Maduro se ha definido por fin. Usa el lenguaje mecánico que sabe y dice que va a “forzar la máquina política”. Una expresión que se le antoja al presidente, si se quiere, feliz, de esas que ayudan a construir su mundo mágico, en el que se manejan los discursos a su antojo, en el solo tratamiento de ‘forzar’ busca eso, que su propio aparato político empiece a darle resultados... Algunos, aunque sea.
 Sigue, dentro de su agobio, ofreciendo lo que lleva manifestando desde hace días, un sacudón de las bases corruptas de su gobierno, de todas, inclusive las relativas a la toma de decisiones. Busca, a como dé lugar, rescatar el sentido originario del chavismo, de esa ‘revolución bonita’ que el comandante sembró.
Busca hacer la “revolución dentro de la revolución” para dar paso a un nuevo Estado. Una especie de ‘constituyente’ dentro de su propio marasmo de luchas intestinas por el liderazgo de las filas rojo-rojitas. Busca ser eficiente, luego de demostrar su enorme incapacidad para gobernar, para tomar los asuntos de Estado y gobierno como toca, con determinación, son criterios de autodeterminación de pueblo, con sentido soberano, sin dejarse amilanar por las voces que provienen de Cuba.
Le explotan los resultados de su inacción en la cara. Tiene la popularidad cercana al 30%, debe tomar decisiones en materia de precios de los combustibles y le tiembla el pulso, ha endeudado al país una vez más, tiene los índices de inflación más altos de toda América Latina. En fin, una lista enorme de falencias y deudas con la moralidad del voto confiado por el pueblo chavista que le legó el comandante.
No hay capacidad de asombro. El país de los industriales de éxito de la década de los setenta se desmoronó bajo la envidiosa mano del finado Hugo Rafael, que con su dedo televisivo fue señalando todo lo que le incordiaba con el grito de ¡exprópiese! El país de Maduro no se queda atrás.
Le va a costar mucho ese zarandeo, ese sacudón porque lo que tiene entre manos, sobre la mesa del Palacio de Miraflores es una enorme torre de papales sin resolver. ¡Cómo le gustaría que aquellos industriales expropiados pudieran poner en marcha sus empresas! ¡Cómo le gustaría que se generara empleo, exportaciones, producción suficiente para autoabastecerse aunque fuera de papel toilette! No puede, tiene a los hermanos Castro resoplándole en las orejas de esas consignas vetustas de revolución y pobreza.
En el país de Maduro –Madurolandia– ya no queda ninguna oportunidad de emprender. Los sueños de los habitantes de ese país de fantasía son como los de los hombres de Neanderthal, seguir vivos al día siguiente, comer algo antes de dormir y, si se puede, ayudar a cazar para contribuir con el clan. Atrás quedan las posibilidades de imaginar futuro, de pensar en llenar la nevera con alimentos de buena calidad, en acudir al médico y después ir a una farmacia a comprar los remedios para los males diagnosticados.
Madurolandia es un despojo de lo que en un pasado fue la Gran Venezuela, aquel país petrolero que enviaba a sus jóvenes a formarse para que regresasen a hacer nación. Hoy, como por arte de magia, los hijos de esos jóvenes, hoy hombres y mujeres que fundaron sus familias al regazo de un país en el qué creer, huyen por el aeropuerto. Salen en desbandada con su Skype instalado para mantenerse conectados con su gente porque saben que si vuelven, si apenas lo piensan, pierden.

lunes, 11 de agosto de 2014

Esa sensación de ahogo

A mis amigos del whatsapp

Cuando se lee la prensa, la poca que queda en Venezuela, cuando se leen los whatsapp de los amigos periodistas que están haciendo lo imposible por dar información sobre lo que pasa dentro del territorio venezolano, siempre queda una sensación de ahogo.
Es una tristeza así, como quien se queda desamparado, en pleno diluvio universal, sin más protección que la desnudez de espíritu y la esperanza de que algún día aquella lluvia torrencial acabará. No hay un solo resquicio que no se moje. Nada que pueda guarecer de esa pequeñez humana en la que se ha convertido el venezolano. Un ser desprovisto de toda honorabilidad, de todo respeto. Alejado de las instituciones porque estas han dejado de servirle y se han volcado a ser serviles a los mandantes. Alejado de sus propios derechos, porque como dice el propio Tulio Hernández, “Si no quiere que lo ayudemos, entonces jódase”. Porque no hay ayuda, porque no hay piedad ni justicia, porque la clemencia en el único lugar que tiene espacio es dentro de las casas cuando se pide al cielo delante del retrato de los deudos y una vela prendida porque se fue la luz otra vez.
Esa sensación de ahogo es cada vez peor. Son manos sobre la garganta que se aprietan para tratar de salvar el cuello de las balas de las pistolas. O cuando se van las mismas manos a la cabeza porque la inflación es tan alta que el dinero no rinde para comer. O a los bolsillos para demostrar que no hay más monedas para cubrir la factura de las medicinas.
El ahogo se siente también cuando las cuentas de los días llegan a semanas, meses y años sin justicia para los opositores prisioneros del régimen. Primero de Chávez, ahora del que se dice seguirle los pasos. Oprobio cuando se sabe que el dinero fluye a raudales entre los secuaces y seguidores y cuando se sabe que si un automóvil entra a un taller, saldrá desvalijado por el propio mecánico que luego cobra fortunas por las piezas que sacó del carro.
Una sensación de desolación, de ya no tener ni palo dónde ahorcarte, porque la propia oposición, desarticulada y desprovista de norte, descubre que tiene que dialogar, así, de la noche a la mañana, cuando su anterior liderazgo tuvo que tomar su sombrero y salir por la puerta harto de no ser escuchado y de no ser atendidos sus ruegos por conversaciones que llegaran a algún puerto.
Venezuela y su gente sufren de los embates de la política populista del socialismo del siglo XXI. Una política populista como la que quieren instaurar otros partidos políticos de reciente creación en otras fronteras como España con ‘Podemos’. Cantos de sirenas, espejismos de bienestar y de reparto equitativo de riquezas que no son tales. Lo que está detrás de todo el socialismo del siglo XXI es desolación, desmantelamiento de instituciones y empresas, inseguridad jurídica. Bajo el manto de reformas a la constitución construye una verborrea vacía, escudada en el doble uso del género en el lenguaje con el pretexto de sumar a todos y todas, de que los hombres y las mujeres, los alumnos y las alumnas y así, un interminable doble uso del género para hacer creer que sí, que se está con todos, que todos son parte de la nación. ¡Paparruchas! Aparentes simplezas del léxico que esconden perversión y propósitos oscuros.
Así, como si de una protagonista de una telenovela se tratara, Venezuela está ciega y en silla de ruedas, buscando con la punta de los dedos, sobre una mesa cubierta por un mantel de hule, alguna cosa que llevarse a la boca, algún mendrugo de pan que sacie su hambre, al menos por algunas horas, mientras se apresura el final del capítulo con la canción de moda, con promesas de más tristezas para el próximo episodio. 

sábado, 2 de agosto de 2014

Toda la oposición fuera del bullpen

Si de algo se ocupó Ramón Guillermo Aveledo fue de mostrar una cara única de oposición. Libró la batalla contra Chávez, convocó elecciones primarias, definió junto al pueblo opositor a un candidato de la unidad –Henrique Capriles Radonski- y, a la vez, mostró su probidad como líder político sin apetencias personales. Tanto lo hizo que cuando vio que se resquebrajaba su liderazgo, decidió renunciar a tamaña responsabilidad.
Dentro del saco de gatos que es la oposición, las voces más altisonantes le piden que reconsidere, ¡que las cosas no son para tanto! que hace falta su firmeza y determinación de beisbolero. La mente de Aveledo debe ir a toda prisa. Buscando posibilidades entre la segunda y la tercera base, ese batazo que dé el triunfo a la oposición a como dé lugar. Pero, debe darle las luces de coach al que le siga y, eso sí, subirse a la tribuna a mirar el partido, que merecido se lo tiene.
Sí, es verdad que las cabras opositoras se salieron del redil de la Mesa de la Unidad Democrática. Que los propios que decidieron que había que tener un sólo liderazgo se han puesto de parte de unos u otros. Que las circunstancias no salieron como las habían dibujado. Que Maduro resultó ser un oponente con más bates de los que se esperaban y un pitcheo de puro strike.
La oposición está al desnudo. Con uno de sus líderes presos. Con su lideresa planteando epitafios, con otro que de haber cruzado todas las leguas del camino parece haber decepcionado a más de uno. Por otro lado, el brazo derecho de Aveledo salió de gracioso a poner en entredicho lo que ha hecho Leopoldo López por la oposición. Total, razones varias tiene Ramón Guillermo para tomar su sombrero y salir por esa puerta.
Hay dos temas lamentables en toda esta ecuación que no entendieron muchos de los opositores y que siempre tuvieron muy claros dos: uno, el poder chavista y otro, Ramón Guillermo. Esos factores son primero, que la oposición no es ideológicamente una. Y segundo, que los apetitos de los líderes de la oposición son muchos y los intereses que representan otro tanto por ciento de lo mismo.
Ramón Guillermo, con su voz tranquilizadora, fue llevando a esos liderazgos a un solo equipo, ganaron la liga dos veces. Pero, porque siempre tiene que haber uno, de ver que las sirenas con sus cantos son más fuertes que los argumentos de firmeza y estoicismo que desde la Mesa de la Unidad Democrática proponía.
El campo del vecino siempre es más verde. Las líneas del home se ven más blancas. Las gradas parecen más llenas. La taquilla más enriquecedora. ¡Paparruchas! Ahora, cuando las decisiones están tomadas es tarde para pedir rectificaciones. ¿Oíste Ramos Allup? ¿Te das cuenta María Corina? ¿No es de sabios callar Ramón José Medina? El tiempo de la política es perfecto, no de los oportunistas, ni de los chistecitos. Hay que saber cuándo toca salir al bate, al micrófono o a la calle. Hay que dominar las leyes, los gentilicios, las pasiones, los espacios públicos, saber de institucionalidad y diplomacia. Para ganar el partido hay que ser bateador, no un bate quebrao.
Todo al garete. Una vez más, al garete por esta gente que no termina de entender que para ser opositores de un gobierno populista, comunista, que tiene alianzas con los gobernantes de los países más complejos, que es capaz de endeudarse para mantener su política de dádivas con hambre y, para ñapa regido por un dictador, hace falta mucha inteligencia desde el bullpen