El blog de Max Römer: Sin voz, con límites

sábado, 17 de mayo de 2014

Sin voz, con límites

El lema aquel de la empresa telefónica de ‘su voz sin límites’, viene a colación como ejemplo contrario a lo que viven los venezolanos en esta última semana. Hay en el panorama tres grupos que pretenden o detentan el poder: el gobierno, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y la nueva oposición que encabeza el editor Miguel Henrique Otero.
Esta última oposición –la de Otero–surgida de las diferencias morales y éticas de la MUD, plantea una nueva configuración del panorama nacional con el respaldo manifiesto de una lista enorme de militares que van desde generales hasta capitanes y eso, pone los pelos de punta. ¿Por qué? Porque pareciera que los esfuerzos de la MUD han caído en saco roto, la mesa de diálogo ha perdido sus patas y, Nicolás Maduro ha logrado poner en prácticas las enseñanzas de los Castro: dividir para vencer.
El costo de esta situación socio-política es enorme. Por una parte, están los estudiantes descorazonados porque su lucha, aunque ha sido visible, potente y llamativa, ha terminado en detenciones, amenazas y lo que es peor, con una juventud señalada y fichada por los órganos de seguridad de un Estado que, no precisamente, luce por su carácter democrático.
Por otro lado, los intentos de la MUD de establecer un diálogo con el gobierno, han quedado enturbiados por supuestas alianzas corruptas que, señaladas por este nuevo grupo opositor que está más cerca de las posiciones de Ledezma, Machado y López.  Se quedan entonces atrás, por no decir en el olvido, las elecciones primarias de 2012, las dos elecciones en las que se enfrentó Capriles contra los Goliats del chavismo. Atrás se ha quedado el camino soñado por millones, bañado ahora por gases disparados contra las viviendas de tantos que han visto cómo sus hogares se llenan de lágrimas de rabia.
Si a este panorama insólito en que se demuestran ansias de poder sobre los intereses del país que clama justicia, valores y norte, se le suman aquellos elementos que demuestran la pobreza en la que ha caído Venezuela –supresión de servicios de las aerolíneas, alto costo de la vida, en lo que se ha convertido el salario real de los venezolanos, la inseguridad que va campante por las calles–las posibilidades de que se salga adelante son muy lejanas.
Maduro está muy tranquilo. Lo de él, al tener a esta oposición dividida, al saber exactamente qué militares no están con él, lo tiene fácil. Perseguir, apresar y señalar. Le toca apretar y anclarse en su ‘democracia’ electoral y obviar a la democracia institucional que reposa en el ciudadano. El presidente lo hace a diario: al que protesta lo ducha con un camión cisterna, lo rocía con bombas lacrimógenas, le hiere con perdigones, le detiene, le apunta y deja indefenso.
No deja de preguntarse el lector de los medios de comunicación qué pensará un padre o madre que quiera dar de comer a su familia, mantener a sus hijos educados, limpios y sanos. Debe ser pavoroso sentir que los hijos en las puertas de sus planteles educativos pueden ser vejados, detenidos o maltratados por manifestarse. Lo mismo si trata de hacer cundir un salario cada vez más mermado o, que para poder dar de comer se tiene que vivir un calvario de colas y búsquedas.
Pareciera que desde la política se obvia al ciudadano. Se deja de lado a esas inquietudes que están sobre las mesas de los comedores de las casas de los venezolanos, que no son parte de un diálogo estéril, sino que son eso, lo básico, lo necesario, lo justo para vivir y ser ciudadano. 

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