El blog de Max Römer: La ¿paz? de Maduro

sábado, 1 de marzo de 2014

La ¿paz? de Maduro

Que en Venezuela están las cosas mal, muy mal, no es novedad. Ya los medios de comunicación se ocupan desde hace mucho de destacar la hiperinflación, la delincuencia desatacada, la desatención sanitaria, las protestas estudiantiles y ciudadanas, el desabastecimiento. La novedad, lo que es verdaderamente nuevo, es cómo entiende Nicolás Maduro a la paz.

Un concepto de paz al estilo del montaje en paralelo (cross cutting) de David Griffith. Por un lado, lo que ocurre en Miraflores -una conferencia por la paz-, y por otro, los disparos de los cuerpos de seguridad contra los estudiantes, las protestas de las mujeres vestidas de blanco, los velorios por los caídos. Una fórmula comunicativa manipulada y unívoca que luce, de pronto, como que el presidente tiene el control de la situación. Un espacio preparado para la televisión, para que, desde el propio palacio de gobierno, se dicten con el concurso de los actores principales del acontecer venezolano, las pautas de lo que podría ser una estrategia para el desarme, el abastecimiento, en fin, la paz, donde sin duda es digno mencionar la intervención de Lorenzo Mendoza, presidente de empresas Polar.

La televisión mostraba a los mandatarios sin chándal, con corbatas y trajes, mientras los órganos de represión el Estado atacaban con armas de fuego a las pedradas de los estudiantes. Ellos, los jóvenes que se estrenan en su ciudadanía, que ejercen el derecho de protesta, se encuentran con la primera gran sorpresa de la realidad chavista: la constitución es papel mojado y sólo se seca y usa cuando al presidente se le antoja usarla. De resto, pura palabra envuelta en un libro pequeño, de bolsillo, como si fuese un trompo (peonza) o un puñado de metras (canicas). 

Dice entonces Nicolás, con ese sentido histrión mal aprendido del comandante fallecido, que si las protestas no cesan, tendrá que seguir adelante con su plan de pacificación: que significa más armas en la calle, más represión policial, más luto en los miles de hogares que, desde hace mucho, llevan flores a sus muertos por la delincuencia, para sumar ahora a los muertos por ejercer la democracia.

Maduro, en ese rol dictatorial que ha decidido ejercer, busca afanosamente que haya paz, no sabe cómo hacerlo, no sabe que dentro de las claves para hacerlo, más allá de llamarla, debe empezar él mismo por deponer las armas -tal y como debe hacer la oposición- dejar atrás los encumbramientos de clase tan marcados en los últimos quince años, dejar de lado las diferencias estéticas y éticas para poner lo moral, la moral colectiva, sobre la misma mesa.

Por eso se destacan tan subrayadamente esta semana las palabras de Lorenzo Mendoza. Él, como empresario, sabe que dentro de sus muros no valen para nada las consignas. Sabe y ejerce que para el buen hacer que significa alimentar (de eso se ocupan sus empresas), quedan de lado las diferencias ideológicas. Sabe que en la pirámide de necesidades de Maslow, primero va la alimentación y el trabajo antes que la ideología. Lo sabe porque lo ejerce, porque desde sus empresas se da de comer al pueblo, a todo la gente, sin distinciones. Lo sabe porque han ido invirtiendo lo ganado en mejoras para producir más, lo que redunda en más empleos, en más comida para el pueblo.

La paz de Maduro se parece a la paz que buscan todos los factores en Venezuela. Una paz desde la victoria, desde la derrota del otro, de hacer una historia acomodada, al estilo de Chávez, al desconocer a 40 años de alternancia en el poder. Maduro tiene la gran oportunidad de deslastrarse del padre fundador del chavismo, llamar a la oposición a formar un solo frente común por la patria, desde el sentido del padre, de la madre que no abandonan a sus hijos aunque sean unos maulas sociales.

Habrá que ver qué pasa con esta Venezuela dividida entre una ética para cada tolete, una estética para cada parte, una  moral acomodaticia de acuerdo al color de tu ideología, una vida apartada del resto, una vida tras una guarimba roja, azul o tricolor porque si hay algo a lo que no está dispuesta ninguna de las partes, es a administrar muertos. Nadie lo quiere. Nadie lo apoya. ¿Entonces?

1 comentario:

Aracelis Tortolero dijo...

Lo comparto en mi facebook, espero que quienes lo lean, observen como tu un pedazo de la realidad que nos aqueja con todas sus aristas. Es que por lo que veo hay posturas tan radicales de ambos lados o como tu le dices de cada tolete (es mas abarcante)que no se otea nada al final.