El blog de Max Römer: marzo 2014

sábado, 29 de marzo de 2014

Venezuela en el callejón

La Venezuela de 2014 es, sin lugar a dudas, el producto de 15 años de atropellos,  vejámenes políticos, sociales y económicos. Desde que el chavismo se erigió con el poder, la coyuntura venezolana ha estado marcada por una permanente persecución. Señalamientos, despidos masivos por televisión, cierre de empresas, expropiaciones. Desatención social, manejos políticos de los asuntos internos de las universidades públicas, despropósitos hacia la salud con miras a controlar y tener bajo la supervisión de un Para-Estado a los ciudadanos, en fin, un largo etcétera que el lector más acucioso sabrá completar.
Ahora, ¿qué se vislumbra? Si se hiciera un análisis prospectivo, ¿qué le depara a Venezuela?
Lo que le espera a Venezuela es el estancamiento productivo. Luego de enormes cantidades de expropiaciones con su posterior parálisis industrial, desmantelamiento del empleo, Venezuela se ha convertido en un emporio empresarial fantasmagórico.
Con esa filosofía industrial que sembró el finado Chávez y ha continuado su delfín Maduro, es muy poco probable que se puedan atraer al país caribeño las inversiones necesarias para restaurar al aparato productivo venezolano. Ergo, para generar empleo que no sea directamente vinculado al Estado. No se trata el modelo chavista de un sistema soviético de producción controlado por el Estado. El modelo es de no-producción, de dependencia del erario público en todos los sentidos y en explotar al máximo los recursos de la casi única empresa del país: el petróleo.
Con esos mimbres industriales, le espera a Venezuela tener que sortear un futuro construido sobre la base del populismo con unos recursos cada vez más menguados. Así, el futuro es de un desabastecimiento mayor o, mejor dicho, controlado por el gobierno basado en lealtades político-regionales. Si me sigues y votas, te suministro alimentos. Si no lo haces, te reprimo con escasez.
Sumada a esa condición de mengua-tortura-colectiva, la delincuencia se instaló como forma de obtención de recursos personales o, en el peor de los casos, como manera de mantener un modo de vida vengativo. De esa forma, la sociedad está en permanente toque de queda civil, en guarecerse bajo llave y rejas para tratar de sobrevivir o llegar vivo al día siguiente. Mientras menos se exponga el ciudadano, más posibilidades tendrá de sobrevivir. Un sistema que le ha convenido al gobierno. Las cifras de muertos por causa de la violencia en Venezuela son alarmantes: 17.600 en 2010, 19.336 en 2011, 21.000 en 2012, 25.000 en 2013.
Ese criterio de control permanente, necesita unos niveles sociales de confrontación. Se necesita a un enemigo, alguien a quien culpar de todo  para generar cortinas de humo mediáticas en todo momento. Un enemigo a quien gritarle a través de los medios, alguien a quien odiar. Ese enemigo es la oposición. Un aquel indefinido, un monstruo de mil cabezas que ha sido opresor, feo, corrupto, malintencionado, adinerado, ubicado en un espacio social de antiguos privilegios. Es una especie de cabeza de Medusa gigante sobre la que fundar los miedos de mis seguidores.  Un criterio militar propio del sistema populista que se instauró en Venezuela y que se crece como levadura en la región.
Un control que pasa por un criterio de embrague-acelerador. La subregión latinoamericana permite estas actuaciones durante un tiempo al antojo del régimen chavista y luego, cuando es necesario guardar la compostura democrática de las naciones, se me hace desacelerar, tal y como hizo UNASUR este viernes pasado al decirle que baje la presión sobre la población. Antes, pocos días antes, fue la OEA la que no actuó y ¿por qué no lo hizo? Porque los intereses económico-dadivosos al CARICOM y a algunos países andinos es mayor, se juega mucho cada vez que se meta el embrague. Para la OEA todo es acelerador. Para UNASUR, a veces son de embrague. Las formas de la política internacional del populismo son así. Un día acelerador, otro embrague.
El panorama venezolano no es alentador tampoco a causa de la oposición. Atomizada como esta luego de los esfuerzos de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), se han desdibujado tras ocho años de trabajo tesonero frente a las comunidades de vecinos  los gobiernos regionales, de largas caminatas a todo lo largo y ancho del país por parte de ‘El Flaco’. La aparición urgida de protagonismo de Leopoldo López y de María Corina Machado han dado al traste con la labor de conquista de votos que hizo Capriles, el verdadero abanderado ante las urnas electorales por la oposición. Atrás quedaron las buenas-voluntades de las elecciones primarias y el retratarse juntos. Era necesario para las apetencias de los opositores tener su rato de figuración.
Todo un esfuerzo de años sostenido por quienes sembraban su esperanza en la democracia, se ha ido por el caño. Y con ello no nos referimos a los jóvenes que han puesto su acento en tratar de alcanzar y poner en alto sus reclamos muy justos. Nos referimos a las estrategias fallidas en materia política por parte del liderazgo que no pudo reprimirse más y dejó que sus ansias de poder salieran a la luz.
Eso le espera a Venezuela. Más confrontación, más exclusión, más problemas. No hay espacios para la ilusión. No hay de dónde asirse a menos que, de verdad se llegue al diálogo, a los acuerdos necesarios para desmantelar al chavismo con inteligencia, con las vías que la democracia y las leyes permiten. De lo contrario, Venezuela seguirá en ese callejón oscuro que ha construido el chavismo durante tres lustros de ejercicio del poder.

viernes, 28 de marzo de 2014

Origen y evolución del conflicto social en Venezuela

domingo, 23 de marzo de 2014

Maduro rechaza intervención extranjera ¿y él? ¿Qué es?

El presidente es un inconsistente. Maduro dice en los medios de comunicación, a través de sus cadenas, en las últimas entrevistas que ha concedido, que no va a consentir injerencia de otras naciones en las decisiones de su gobierno. ¡Mentira! ¿Y las decisiones que toman por él en Cuba? ¿Y la reacción de algunos países de la OEA esta semana pasada? ¡Esos que han comprado con preferencias económicas por petróleo barato! ¿Esos qué? ¿No son injerencias?
No gobierna usted para una panda de rojos y obedientes ciudadanos. Gobierna para 28 millones de personas que viven en el territorio en el que, según Walter Márquez, usted no nació. ¿Entonces? ¿También ha mentido sobre su verdadera nacionalidad? ¡La constitución le prohíbe ser presidente si tiene doble nacionalidad! ¿No será que usted, al ser colombiano es el que está entrometiendo sobre las decisiones y vidas de los venezolanos?
No se le entiende Sr. Maduro. Lo suyo son incongruencias, malas palabras, altisonancias, disparos contra la población, blandenguerías ante los que le rinden pleitesía, oprobios y secuestro de las libertades. Lo suyo son posiciones militares sin serlo. Ha tratado de clonarse con el comandante –que por cierto nada bueno legó– y lleva adelante el oficio de presidir al país de un modo nada decoroso. Anda prodigando bondad y cristiandad y mientras tanto, manda a disparar contra el pueblo, a golpear a las personas hasta desfigurarlas. Y claro, como esa es la actitud, propia de los violadores de los derechos humanos, usted no quiere que se le entrometan países que hacen todo lo posible por resguardar los derechos de la humanidad.
Porque lo suyo, nuevamente son inconsistencias. Son manejos de la opinión acomodada de acuerdo a las circunstancias. Es decirle a todos que el hambre es causa de los que tiene comercios. Es asumir el rol de Robín Hood y regalar las mercancías de quienes con esfuerzo han montado negocios y daban trabajo para dejarlos en ruina y, en consecuencia, a muchos que vivían del empleo que tenían y no tendrán más.
Le queda grande el cargo. Le queda grande el encarnar sobre sus hombros a los 28 millones de venezolanos. Los presidentes deben velar por su pueblo, acercarse a ellos y sus problemas, oír con delicadeza los asuntos que son importantes, darles salida y, si no tiene los recursos como pasa en tantas naciones, buscar consensos de actuación siendo humilde y sencillo. Nada de gritarle a quienes le oponen, eso no se lleva señor presidente. Lo que está de moda es el diálogo y la concertación, el acercamiento entre todos y darle justo valor a quienes lo tienen por el simple hecho de ser ciudadanos igualmente.
Entonces, si hay interés por parte de naciones extranjeras por lo que pasa en Venezuela es porque la comunidad internacional quiere saber y velar por aquellos a quienes usted está desprotegiendo. Más de un mes de protestas y guerrilla urbana entre ciudadanos y fuerzas del orden no es normal y usted lo sabe porque fue canciller. Lo que no tiene es el coraje de enfrentarse a sí mismo y a los secuaces que lo mantienen en el poder.
Como no pasará que usted sea la persona ecuánime que podría ser, por eso es que no quiere que se le entrometan en sus asuntos que, por lo que parece, tienen más de un embrollo que ocultar como una partida de nacimiento en suelo bogotano. ¿No será por eso y por los compromisos que Chávez firmó con tantos países que ahora está atado de pies y manos y por eso vocifera? ¿No será que en su fuero interno usted es más sensible de lo que quiere aparentar y le aturde que esté Venezuela en ese estado de indefensión? ¿No será?
No, creo que no. Creo que usted es un inconsistente y por ello actúa como lo hace.

domingo, 16 de marzo de 2014

El excanciller parece ignorar la justicia universal

El presidente de la República Bolivariana de Venezuela es el representante del Estado y del Gobierno. De eso no hay duda, ninguna. Y como no hay duda, al ser responsable es, a la vez de detentor de derechos, de muchas obligaciones que tienen que ver directamente con las garantías que poseen los ciudadanos según reza el texto constitucional aprobado por el pueblo en referéndum en 1999.
Como desde hace un poco más de un mes Venezuela no deja de ser noticia por las protestas pacíficas y cómo éstas son desmanteladas con violentas respuestas por parte de la Guardia Nacional y los grupos paramilitares y parapoliciales. Hemos visto un despliegue poco usual de vehículos blindados y armados, de personal uniformado y también armado, así como del uso de armas de fuego contra civiles que, con banderas y consignas, son reprimidos, en muchas ocasiones heridos, con un saldo de un poco más de dos decenas de muertos, así como más de un millar de detenidos. Nada que dignifique a un país.
Pero, el tema no es relatar lo que se puede leer en la prensa. El asunto que ocupa hoy es recordar al excanciller (quien representó los intereses de Venezuela internacionalmente durante la gestión de Chávez) que el Estado venezolano puede ser denunciado en instancias internacionales para que repare los graves hechos de violación a los derechos humanos. Estos crímenes, sí crímenes señor presidente Maduro, no prescriben y, las víctimas de esta violencia, así como los familiares de los fallecidos, pueden invocar a la justicia internacional, es decir, ante el tribunal de La Haya.
Señor Maduro, con proclamas y cantaletas por TV no puede tapar las acciones que bajo su mandato se comenten dentro del territorio de Venezuela porque, quiéralo o no, usted es el máximo representante del Estado y, como al parecer la Guardia Nacional –que es uno de los componentes de la Fuerza Armada venezolana– es también responsable de estos crímenes, queda el Estado comprometido por la actuación de cualquiera de los sus órganos o poderes públicos.
Queda también en entredicho la actuación de la Fiscalía General de la República, puesto que como abogado del Estado, es decir de todos los venezolanos, debe velar y garantizar el equilibrio de la administración de justicia. Otro detalle digno de revisión.
La justicia deberá actuar no contra el Estado, sino contra quienes detentan los cargos de responsabilidad, es decir, aquellos que son autores intelectuales, materiales y cómplices de los hechos que nos ocupan en estas líneas. Al ser delitos que no prescriben, estos personajes –bajo la responsabilidad que se les ha asignado–  pueden ser perseguidos por la justicia venezolana (si fuera realmente ciega) y, si no es suficientemente competente para ello, pueden conocer el caso los tribunales internacionales, en este caso la Corte Penal Internacional, ante la cual no existen inmunidades de ningún tipo, incluyendo en ello a los jefes de Estado y de gobierno.
Este pequeño relato, breve, tal vez un poco farragoso, deja en evidencia que el excanciller Maduro, hoy presidente constitucional, así como todo su gabinete y miembros de los demás poderes del Estado son responsables ante la justicia –sea la venezolana o la internacional– de los crímenes de lesa humanidad que se han estado cometiendo en Venezuela el último mes, que están siendo bien documentados por los agraviados con fotografías y vídeos que se pueden ver en las redes sociales.

Nada más. Dejamos estas líneas con el firme propósito de llevar hasta la balanza de la justicia este caso que, más que clamar al cielo, llama a la reflexión y a la acción.

sábado, 1 de marzo de 2014

La ¿paz? de Maduro

Que en Venezuela están las cosas mal, muy mal, no es novedad. Ya los medios de comunicación se ocupan desde hace mucho de destacar la hiperinflación, la delincuencia desatacada, la desatención sanitaria, las protestas estudiantiles y ciudadanas, el desabastecimiento. La novedad, lo que es verdaderamente nuevo, es cómo entiende Nicolás Maduro a la paz.

Un concepto de paz al estilo del montaje en paralelo (cross cutting) de David Griffith. Por un lado, lo que ocurre en Miraflores -una conferencia por la paz-, y por otro, los disparos de los cuerpos de seguridad contra los estudiantes, las protestas de las mujeres vestidas de blanco, los velorios por los caídos. Una fórmula comunicativa manipulada y unívoca que luce, de pronto, como que el presidente tiene el control de la situación. Un espacio preparado para la televisión, para que, desde el propio palacio de gobierno, se dicten con el concurso de los actores principales del acontecer venezolano, las pautas de lo que podría ser una estrategia para el desarme, el abastecimiento, en fin, la paz, donde sin duda es digno mencionar la intervención de Lorenzo Mendoza, presidente de empresas Polar.

La televisión mostraba a los mandatarios sin chándal, con corbatas y trajes, mientras los órganos de represión el Estado atacaban con armas de fuego a las pedradas de los estudiantes. Ellos, los jóvenes que se estrenan en su ciudadanía, que ejercen el derecho de protesta, se encuentran con la primera gran sorpresa de la realidad chavista: la constitución es papel mojado y sólo se seca y usa cuando al presidente se le antoja usarla. De resto, pura palabra envuelta en un libro pequeño, de bolsillo, como si fuese un trompo (peonza) o un puñado de metras (canicas). 

Dice entonces Nicolás, con ese sentido histrión mal aprendido del comandante fallecido, que si las protestas no cesan, tendrá que seguir adelante con su plan de pacificación: que significa más armas en la calle, más represión policial, más luto en los miles de hogares que, desde hace mucho, llevan flores a sus muertos por la delincuencia, para sumar ahora a los muertos por ejercer la democracia.

Maduro, en ese rol dictatorial que ha decidido ejercer, busca afanosamente que haya paz, no sabe cómo hacerlo, no sabe que dentro de las claves para hacerlo, más allá de llamarla, debe empezar él mismo por deponer las armas -tal y como debe hacer la oposición- dejar atrás los encumbramientos de clase tan marcados en los últimos quince años, dejar de lado las diferencias estéticas y éticas para poner lo moral, la moral colectiva, sobre la misma mesa.

Por eso se destacan tan subrayadamente esta semana las palabras de Lorenzo Mendoza. Él, como empresario, sabe que dentro de sus muros no valen para nada las consignas. Sabe y ejerce que para el buen hacer que significa alimentar (de eso se ocupan sus empresas), quedan de lado las diferencias ideológicas. Sabe que en la pirámide de necesidades de Maslow, primero va la alimentación y el trabajo antes que la ideología. Lo sabe porque lo ejerce, porque desde sus empresas se da de comer al pueblo, a todo la gente, sin distinciones. Lo sabe porque han ido invirtiendo lo ganado en mejoras para producir más, lo que redunda en más empleos, en más comida para el pueblo.

La paz de Maduro se parece a la paz que buscan todos los factores en Venezuela. Una paz desde la victoria, desde la derrota del otro, de hacer una historia acomodada, al estilo de Chávez, al desconocer a 40 años de alternancia en el poder. Maduro tiene la gran oportunidad de deslastrarse del padre fundador del chavismo, llamar a la oposición a formar un solo frente común por la patria, desde el sentido del padre, de la madre que no abandonan a sus hijos aunque sean unos maulas sociales.

Habrá que ver qué pasa con esta Venezuela dividida entre una ética para cada tolete, una estética para cada parte, una  moral acomodaticia de acuerdo al color de tu ideología, una vida apartada del resto, una vida tras una guarimba roja, azul o tricolor porque si hay algo a lo que no está dispuesta ninguna de las partes, es a administrar muertos. Nadie lo quiere. Nadie lo apoya. ¿Entonces?