El blog de Max Römer: enero 2014

domingo, 26 de enero de 2014

Paradojas venezolanas

¿Recuerda el lector el chiste del infierno alemán y el infierno venezolano? Pues se trata de que muere un venezolano y este va al infierno. Se entera que cada país tiene su propio infierno y que en todos pasa exactamente lo mismo. Los sujetos son sometidos a torturas: una hora de silla eléctrica, otra hora de cama de clavos y una larga insultada por parte del Diablo en un auditorio con sillas de cuchillas. Los muertos de las diferentes nacionalidades felicitan al venezolano quien todavía no ha llegado a su infierno. Llegado al infierno venezolano hay una enorme cola de espera. El nuevo pregunta por qué la cola. Le responden: No tenemos electricidad, se robaron los clavos y las sillas del auditorio y, para rematar, el Diablo dejó un cartel hace un siglo diciendo que vendrá luego.

Pues este es uno de esos momentos en que Venezuela padece, una vez más, su infierno. El gobierno, a través de la morisqueta de generación de operativos de emisión de pasaportes SAIME, anuncia la emisión masiva de pasaportes desde el pasado día 25 de enero. Una obra revolucionaria digna del asco más absoluto a todo lo que se refiera identificación, siendo esta un derecho de todo ciudadano. ¿Por qué asco? Porque llevan años limitando al ciudadano la posibilidad de tener su identificación, porque para tener un pasaporte más de uno ha hecho colas de 12 horas en condiciones infrahumanas, porque para tenerlo en las oficinas consulares hay que pasar hasta dos años para tener esa libreta que te acredite como ciudadano.   

Pero, como en el chiste del infierno, tener el pasaporte no es garantía de salida del país caribeño. Hacen falta divisas para hacerlo, puesto que el bolívar fuerte (recuerde lector que toda cifra la debe multiplicar por 1000), no sirve para nada en el extranjero, tal y como ocurre con el peso cubano. La misma semana, el día 23, el país se entera que el sistema cambiario lo modificaron dejando menos dinero para poder viajar y disfrutar de ese pasaporte que le han dado en un operativo.

Ahora, si usted consigue ganar, sí, ganar porque es como una lotería tener su pasaporte, obtener con todos los mecanismos burocráticos las divisas para su viaje, tendrá que salir volando con sus propios brazos, porque las aerolíneas han anunciado que billetes de avión no venden más. ¿Por qué? Porque la deuda que tiene el Estado venezolano con las aerolíneas es tan grande -por aquello de que no les otorgan divisas al igual que a la prensa- que prefieren dejarlo así, sin vender pasajes de avión para no tener más deuda.

O, por otro lado, volar con alguna de las aerolíneas que todavía hagan alguna salida internacional y desde allí hacer un periplo de enlaces hasta el destino que se quiera. Por ejemplo, tomar un vuelo por Delta hasta Dallas y desde allí con Iberia hasta Madrid.


Mientras tanto, se sigue vociferando la felicidad suprema... una paradoja incomprensible. 

domingo, 19 de enero de 2014

El nuevo modelo cultural de la información

Si hay algo que han tocado de más los gobiernos del difunto Chávez y Maduro es el discurso informativo. Se han enfocado en inventar una moralidad que ellos mismos no han profesado con sus acciones. Gestos altisonantes como cargar armas, apuntarlas sobre objetivos, golpear el puño sobre la palma de la mano, además de una andanada de insultos en las interminables cadenas de radio y televisión.

La televisión

Hoy, luego de que la violencia está desatada como quien abre una caja de truenos, buscan soluciones en la televisión, el espacio mancillado por ellos mismos. Se han ocupado de quitar concesiones, de hacer una ley de contenidos para radio y TV que no ha hecho más que alejar a los realizadores y a los espectadores de la pantalla. Buscan, ahora sí cuando las cosas no tienen recursos ni atisbos de solución, tocar los elementos educativos que la televisión podría proporcionar al ciudadano.

“Construir un nuevo modelo cultural de televisión", en palabras de Delcy Rodríguez no es creíble en manos de un partido político y poder gubernamental que no han sabido administrar los ingentes recursos comunicacionales de los que se han apropiado bien sea a través de las cadenas, de las expropiaciones o de Conatel.

Los antivalores de los que habla Maduro esos “de la violencia que se transmiten en las telenovelas venezolanas", no son precisamente los relativos a los que representaba Mónica Spears, sino los que le propinaron a “Mi querida Ciela”, y no por encarnar a una chica en la pantalla, sino por ese afán de odiar todo lo que no se pinte del tricolor manido y manipulado por el rojo-rojito de la revolución.

La pantalla, espacio para el debate ciudadano, para el descanso del trabajador, no puede llenarse de mentiras como las que se han hecho haciendo creer la llegada de Chávez al cielo, o las manipulaciones de un agro que languidece a ojos vista cuando no hay legumbres que se produzcan en el suelo de la patria de Bolívar.

La prensa

La carta abierta del diario El Nacional en la que claman por la justa distribución de las divisas para la importación de papel de prensa, es la antesala que desveló la estrategia de Maduro en su nueva consigna contra la prensa escrita. El gobierno al negar la entrega de dinero para la importación de papel, coloca a la información en un plano anticonstitucional, condenan a los periódicos a su extinción, al derecho de la información se le pisotea y lo que es peor, dejan al ciudadano sin opciones informativas. 

Corolario

Ya el derecho a la vida en Venezuela tiene un valor igual al del costo de una bala. La democracia venezolana hace tiempo que dejó su cara feliz para darle paso a una morisqueta cargada de votos.

Para construir un modelo cultural e informativo, el primero que debe pensar en lo que quiere es el altisonante gobierno. No puede exigirse que la programación de TV sea de un modo, cuando es el propio poder político el que actúa facinerosamente en materia de discurso. Tampoco se puede exigir sindéresis informativa cuando la prensa está en momentos de angustiosa supervivencia. 

La propuesta no es qué tienen que hacer las televisoras y los periódicos, sino qué va a hacer el presidente con sus palabras y gestos de ahora en adelante para bajar los indicadores violentos de su discurso para propugnar la paz, proporcionar justamente las divisas a quienes de alguna manera reflejan la realidad del país y, lo que no debe olvidarse en esta ecuación, que son los ciudadanos que tienen, de acuerdo a la constitución y las leyes, derecho a la información.

sábado, 11 de enero de 2014

36 asesinatos más

Desde el momento en que escribo estas líneas, hasta que lleguen a su culmen de lectores el día miércoles, habrán muerto en Venezuela de manos del hampa 36 personas. Es decir, habrán pasado desde ahora, que es sábado y son las 11:07 hasta el miércoles a las 23:07, un total de 108 horas, es decir, 36 asesinatos si sigue la tasa que dejó el pasado 2013 la inacción política de Maduro y su combo.
Si el año 2013 lo despedimos con una columna sobre las cifras de la violencia en Venezuela, este lo recibimos con un poco más de lo mismo y no es porque los reyes magos no hayan traído temas, sino que una banda de malhechores consideraron magia eso de emprenderla a tiros contra unas personas accidentadas en una autopista como una gracia. Me los imagino perfectamente reídos a carcajadas luego de su fechoría. En camisetas sin mangas, con las armas relucientes, con las caras felices de haber disparado contra una familia, escupiendo al suelo, corriendo a ocultarse. Degenerados, déspotas, seguramente protegidos por alguien, aunque fuera por su partido político el PSUV.
La muerte reciente, y por cierto muy lamentable de la actriz Mónica Spears y su marido, la bala que sigue en la pierna de su hijita de cinco años, así como las otras 200 mil personas que han dejado de tener la posibilidad de estar con sus familias a causa de las armas y la guapetonería de algunos, deja sin calzoncillos a la revolución.
Fue la oposición, no se olvide señor lector de este gesto, la que ofreció en más de una ocasión sentarse con el poder rojo-rojito a tratar y trabajar este tema tan complejo. Un problema que pasa por educación, apoyo a las familias para el trabajo digno, sentimiento de orgullo y pertenencia por un país y su gente, construcción de valores como el respeto y la solidaridad, así como un largo etcétera que hemos tratado otras veces en este mismo espacio.
Tuvo que pasar lo que ha dejado a “Mi querida Ciela” fuera de las pantallas de TV, para que el gobierno de Maduro se sentara, al menos a hacer la guasa, de que trabaja por la inseguridad. ¡Patético! Quince años sin hacer nada y ahora sí, porque como la cena se acompaña con la telenovela y es la protagonista la que nos deja, ahí sí. ¡Patético!
A Maduro las cosas este año le van a ser muy difíciles. El despertar social que ha dejado la desaparición de Mónica Spears no es un trago que se digiere con camisetas rojas, ni con consignas del aparato comunicacional chavista. No se palian los grandes momentos familiares –tristes momentos– con boberías revolucionarias. Al contrario, se subrayan los conflictos sociales cuando es una Miss la que nos deja. Son ellas las que no tienen color político. Son ellas las que encarnan, para el común de la gente, la belleza y la suavidad de la mujer venezolana y es por todo esto que la gente se cansó y se arrechó con el gobierno. Toda la gente, los de todos los colores, porque ya basta.
Ya basta de que cada familia tenga un cuento que echar sobre la inseguridad. Ya basta de que los cementerios se vayan llenando de personas cuyas vidas son truncadas por matones como los que hemos visto capturados –por cierto a una velocidad pasmosa y nunca antes vista en los anales policiales del chavismo– lo que deja qué pensar y si no serán estos muchachos unos chivos expiatorios más del proceso revolucionario… porque el prontuario de entradas y salidas a la cárcel de uno de ellos dice mucho de la firmeza del sistema carcelario venezolano.
Y como sabe el gobierno que no puede con la vaina de la inseguridad, va y suma a la oposición para que en el momento oportuno, poder echarle la culpa, una vez más, porque lo que le viene a Maduro es dantesco: inflación, incapacidad de pagos, un diferencial enorme entre la divisa oficial y el dólar negro, problemas educativos importantes, de salubridad mucho más importantes, de vialidad, en fin, todo por hacer.