El blog de Max Römer: 2014

viernes, 19 de diciembre de 2014

La gallina maduró y se puso vieja

El discurso encendido de patriotismo y latinoamericanismo del chavismo empieza a resonar con el eco de una habitación vacía. Maduro anda en esa gritadera que le caracteriza, imitando muy mal a Chávez y, a la vez, parece que no se da cuenta que se queda solo.
Castro y Obama andan de plácemes. Evo Morales ya pidió reunirse con Obama haciendo el lobby suficiente para asegurarse un futuro promisor lejos de los trasnochados y pasados de moda modales del socialismo del siglo XXI. La realidad palestina ya tampoco es motivo de airadas lecciones desde la costa sur del caribe porque Europa ha reconocido esta causa como válida. Los países islámicos buscan hacer buenas migas con sus consumidores petroleros, por si acaso bajan más los precios del crudo. Los rusos están en una situación parecida a la venezolana y gastan lo que tienen para no perder los ahorros que hayan podido hacer. Pero Putin no deja de bajar la guardia frente a su principal comprador: Europa.
Total, el que está bien fastidiado con esto, es Maduro. Con un precio del petróleo 40% más bajo que cuando tomó el poder, con una deuda externa que se eternizará hasta su propia desaparición física de este planeta, con una desmoralización del pueblo que no haya qué hacer para sobrevivir, con carencias de todo tipo, Maduro está como aquel llanero del caballo Silver: SOLITARIO.
Como no tiene habilidades políticas, como no ha sabido ir acomodando su discurso político a los tiempos que corren, se ha quedado como una caricatura mala. Baila en cualquier sarao con la primera dama, vocifera todos los días, se viste de patria con la bandera que la atraviesa pecho y espalda.  Ya nadie le cree y, lo que es peor, el pueblo le abandona a toda prisa, sus secuaces del PSUV se lo piensan y cambian sus rojas vestes por otras menos llamativas. Total, todos le dan la espalda y él, sin darse cuenta (¡habiendo sido canciller!) de que le crecen los enanos del circo, se va desmantelando ese espíritu revolucionario entre tanta corrupción y falta de dinero que malbarataron como si la gallina de los huevos de oro no fuese a envejecer.
Además, lo señalan desde las Naciones Unidas, las negadas formas de la justicia contra los presos políticos (bautizados conveniente de formas revolucionarias), además de las injusticias que se cometen a diario en manos del hampa desatada que han mantenido tanto Chávez como él como mecanismo de presión social, de toque de queda permanente, hacen que el panorama de la Venezuela de 2015 sea poco menos que desesperanzador.
Ojalá que el pajarito que le sopla las coplas, le dijera que renunciara al poder, llamara a elecciones y dejara las cosas como están, para que otro gobierno más capaz emprenda las transformaciones necesarias que merece Venezuela. Pero, por lo visto el pajarito se esfumó, o se desplumó, o era un cuento de caminos de este payaso circense que cree que el pueblo vive en una telenovela de esas de nombres compuestos e ingenuos finales.
A Maduro la gallina de los huevos de oro se le puso vieja, los cuentos no se los cree nadie y, las amenazas, bueno las amenazas parecen ladridos de perro viejo. Podredumbre por doquier, señor presidente. Es hora que deje la silla y se entregue a la justicia universal esa por la que clama para otros. 

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Chinazuela

Venezuela no se pertenece. ¿Cómo? Dirá usted. Como lo oye, Venezuela no se pertenece, es decir, está hipotecada. Así como quien cree que es dueño de una casa porque le han dado las llaves y debe los próximos veinte años de su vida para pagarla, así pasa con Venezuela.  El chavismo con sus formas de manejo de la economía ha hipotecado aún más al país en el que manda, porque no se puede decir que gobierne.
La semana pasada por poner un ejemplo del problemón que tiene Maduro sobre la mesa, el dólar llegó a una paridad de 150,760 BsF., es decir, 150 mil bolívares de los de antes. Un dólar de hoy es la misma cantidad de bolívares de lo que costaba un Ford Sierra en 1986. Imagínese usted que hemos pasado de una paridad de 4,30 bolívares en enero de 1983 a 150.760,00 Bs. (de los de antes de la resta de tres ceros) en diciembre de 2014. Un incremento del 35.060%.  ¡Da pena! ¿Verdad?
Considere usted, que además, la deuda de Venezuela es de 47 millardos de dólares, es decir un 47 con 9 ceros a la derecha que si los convierte a bolívares fuertes da la friolera de 7.085.720.000.000 o lo que es lo mismo en bolívares de los de antes 7.085.720.000.000.000. Es decir, si leemos la cifra es así: siete billones ochenta y cinco millardos setecientos veinte millones de bolívares fuertes o siete mil trillones ochenta y cinco mil billones setecientos veinte millardos de bolívares.  Si empeora los cálculos, piense que el petróleo venezolano ha descendido en un 40% su precio en los últimos meses, lo que pone aún más lejos el poder pagar la deuda –que hay que pagarla con petróleo–, es decir, es el único recurso con el que cuenta Venezuela porque lo demás, todo el aparato productivo como le pertenece al Estado venezolano vía expropiaciones y no se ha hecho nada para impulsar su crecimiento, sumado a un paupérrimo criterio de manejo del país que aleja al turismo, pone las cosas mucho más feas de lo que alguna vez estuvieron.
Y, como las deudas de los países se pagan con los recursos de todos los ciudadanos, sean chavistas u opositores, las consecuencias son claras y a la vista. Queda el país desolado, desafectado, desatendido, con escasez y, para colmo, con el maltrato de su gobernante que, además de endeudar a los habitantes de Venezuela, los dejan así, como que si fuesen la peor bazofia de la historia de la humanidad, mendigando haciendo colas enormes para comprar alimentos, medicinas y repuestos automotrices.
A la vez, la deuda que tiene Venezuela con sus acreedores equivale a un 60% del PIB que, si se observa con cuidado, implica que de lo que genera Venezuela, se debe pagar ese porcentaje a los chinos y a otras naciones que han apostado por las riquezas del subsuelo venezolano. Menuda friolera semejante deuda que, a la vez, supera con creces las reservas del Banco Central de Venezuela, razón de más para considerar que la deuda contraída por Maduro hipoteca por completo a la nación que, además de verse sumida en la pobreza con esa medida, está sometida a esos pagos que se traducen a la vez, en importaciones de los productos chinos, así como de disponer de 300 mil barriles de petróleo de la producción diaria.
Esta actitud económica del socialismo del siglo XXI genera muchas dudas que, de ser realmente adecuadas a lo que la Constitución Bolivariana dice en esa materia y, a la vez, se contradice con aquellas promesas libertarias de los imperios del mentor y padre de la revolución heredada por Maduro.
Si se piensa un poco, Venezuela debe cambiar de nombre. Chinazuela, Rusiazuela, Brasilzuela o, simplemente perder de una vez por todas, la identidad nacional y venderse al mejor postor que quiera comprar a esa tierra de desgracias con todo: sus deudas y sus 30 millones de almas. Y sí, podrían decir que la deuda de otros países es mayor, que la de Venezuela es poca en comparación, en fin, paparruchas de esas del discurso trasnochado de los chavistas, pero lo que sí es verdad es que de las riquezas petroleras, de esas, de las que se ha vivido todo el siglo XX y parte del XXI hay países que también producen petróleo y no gastan sus ingresos, sino que los invierten para tiempos peores.
Si bien esta noticia no es nueva como tampoco lo es la angustia de los padres y madres venezolanos para dar de comer a sus familias, bien vale la pena restregarle al gobierno de Maduro sus torpezas, sus genuflexos modos de hacer política internacional y su disposición del erario público como si fuese de su entera propiedad. 

domingo, 23 de noviembre de 2014

¿Podrán?

Desde las elecciones al parlamento europeo del pasado mes de mayo, emergió un grupo político en el panorama español: Podemos. Hoy configurado como partido, con una estructura tradicional que, a decir de algunos, no sorprende, demostró que dentro de sus filas hay ideas de democracia rompedoras eclipsadas por los liderazgos más mediáticos del grupo.
Es sabido del amor platónico de uno de sus líderes por el desaparecido presidente Chávez, así como de la enorme fascinación que ha producido en los medios de comunicación –inclusive los de derechas– el convertir a sus ideólogos en supuesto contrapeso informativo, llevando a que sus clamores de limpieza y buen hacer político sean relativos a una sociedad que empieza a estar cansada de la corrupción, una actitud de la que tampoco escapan los propios miembros del partido Podemos.
El mayor aporte a su curriculum no está en las aulas de las universidades en las que son profesores e investigadores, sino en haber sino partícipes ideológicos del desastre en el que se ha sumido Venezuela. Como asesores del gobierno de Chávez pudieron probar, experimentar y acabar con el país latinoamericano, tal y como proponen hacer con España y lo que sabemos podrían hacer si llegaran a tener cuotas importantes de poder en las elecciones generales de 2015.
Hablan de corrupción como si fuesen paladines de la justicia, como si vistieran de lycra con capas ondeantes al viento y resulta que también tienen su kriptonita: un trabajo no hecho y sí cobrado. Un hándicap que los hace vulnerables, que los pone en evidencia y que les obliga guardar silencio inmediato.
¿Podrá Podemos conquistar los votos desilusionados de la izquierda?  ¿Podrá Podemos conquistar a los corazones de los nuevos votantes con estos cantos de sirena? ¿Podrá Podemos dar con el traste a casi cuarenta años de democracia alternativa española? ¿Podrá Podemos tener los recursos de los países del Socialismo del Siglo XXI para las diferentes campañas que deberá enfrentar? ¿Podrá Podemos tener una sola voz cantante como han decido hacerlo en sus elecciones constitutivas?
Seguramente no podrán. No podrán hacerlo porque las economías fuertes en espacios de intercambio comercial como el europeo dan espacio para los discursos soñadores, pero no dejarán espacio suficiente para que lo construido desaparezca, para que las pensiones estén en juego, o el sistema de salud, o la educación, sin duda revisables y perfectibles. Pero sistemas en funcionamiento.
¿Cambiarán la constitución? ¿La harán a la medida de los mandantes como en Venezuela? ¿Vendrán tiempos de expropiación? ¿De control mediático? ¿De racionamiento alimentario? ¿Volverán los tiempos de la cartilla de racionamiento? ¿Tendrá Podemos la patente de determinar quienes comen y quienes no? ¿Se podrá invertir con seguridad jurídica? ¿Se irán los capitales de España? ¿Tendrán como excusa que la democracia es elegir cada año a algún correligionario?
Parece que Podemos tiene muchas de esas consignas de calle que son muy atractivas, rostros amparados en el anonimato de la máscara de “V for Vendetta”, el revivir las protestas con sus cantos llenos de reclamos y con propuestas que no llenan ollas deben tener rostro, piso, acciones políticas, económicas, relaciones que son supranacionales, que parten de los propios derechos humanos y que, de ser verdaderamente transparentes, dejarían claro qué es lo que quiere Podemos.
Por lo pronto, los partidos que han capitaneado a España se revisan, buscan sacar de sus filas a la corrupción amparados en las actuaciones institucionales de los fiscales del Estado. Se alinean para que los ideales ciertamente europeos de igualdad, fraternidad y libertad sigan siendo las máximas de la ciudadanía. Saben que todo el sistema creado depende de mantener el equilibrio institucional, del buen manejo de los poderes públicos y del concurso del pueblo en la construcción de país, no de los intereses de unos pocos que, sabiendo manejar algunos recursos mediáticos tratan de ser y de convertirse en eso, paladines vestidos de lycra y capas ondeantes al viento como si la vida, la de verdad, fuese un cómic al estilo de Podemos.   

sábado, 15 de noviembre de 2014

¡Basta! o ¿Con qué taparse el rabo?

Las Naciones Unidas han conminado a la justicia venezolana a liberar a Leopoldo López, preso político del gobierno de Maduro.
La noticia, importante por la trascendencia del valor de la justicia universal deja en calzoncillos a las palabrotas del presidente Maduro, a las imputaciones de un gobierno –y el anterior– que pretenden acabar con la dignidad humana sobre la base de la siembra de mentiras y manipulaciones permanentes.
¿Es realmente culpable López? ¿Hizo las barbaridades que se le imputan? Según la ONU no. Según la jueza Susana Barreiros, es un venezolano atroz, un ser digno de desprecio que debe estar en la cárcel.
El problema con las cosas en Venezuela, y decimos cosas porque no se puede hablar de otra forma, es que la institucionalidad que se supone describe la constitución es una fórmula creada por Chávez, sí dictada por Chávez a los constituyentes en su día, para que se acomoden a las necesidades del mandante.
Por ejemplo, ¿se ha paseado usted por las páginas relativas al poder moral? ¿Sabe que este poder debe velar por la transparencia de las actividades de los funcionarios? ¿Y la corrupción que se ha desatado en los últimos 15 años en Venezuela? ¿No es función del poder moral? ¿No fue esa razón que los venezolanos eligieron a Chávez, para que acabase con la corrupción? ¿No tiene Maduro las bases constitucionales para atacar ese flagelo de desangramiento de las arcas como para estar pontificando luego por televisión? ¿No le corresponde a la jueza Susana Barreiros aplicar la justicia con criterio de virtud cardinal y no como se lo dicten desde el poder ejecutivo?
Si bien a López lo van a liberar porque lo dice la ONU, en el sentimiento chavista está en deseo de verlo podrirse en la cárcel. Ojalá que la oposición sepa capitalizar esta situación y no dejen que la cárcel que han sufrido sus dirigentes, en eso sumamos a Capriles, se convierta en anécdotas para los nietos de estos señores. Que la oposición se mantenga unida como un solo hombre, que se enfoquen en el trabajo que se debe realmente hacer, que se imponga el sentido de la coherencia y la correspondencia en la búsqueda de la verdad y que se pueda demostrar a los mismos países que eligieron a Venezuela como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, que la Venezuela de Maduro no está para dar lecciones, que su modelo de Estado, economía y libertad no es exportable, como pretenden los de Podemos en España.
Ha llegado la hora de decir basta. ¡Basta de bravuconadas y de estar llamando embajadores cada vez que le resulta incómodo al mandante! ¡Basta de mentir! ¡Basta de corrupción! ¡Basta de que la oposición sea una atomización de voluntades! ¡Basta de manipular con cifras para maquillar una realidad que se cae a pedazos! ¡Basta de decir que hay democracia porque se vota a cada rato! ¡Basta!
La liberación obligada por la justicia internacional de Leopoldo López va más allá de los esfuerzos de los abogados internacionalistas. Va proporcionalmente relacionada a que se ve que el traje del Emperador está hecho con los hilos de oro que se llevan en las alforjas los chavistas y que el pueblo, como está pendiente de buscar papel toilette saltando entre los mercados, no tiene tiempo de percatarse la desnudez de un gobierno que, por querer tratar de inventar un país de fantasía desde los medios, anda buscando con qué taparse el rabo.

domingo, 9 de noviembre de 2014

El muro de las lecciones

zu meiner Großmutter gewidmet

Una buena lección dejó al mundo entero las dos alemanias. Eran el símbolo del fin de una guerra, el inicio de otra –la fría–, la división moral y política de un pueblo que, por seguir al líder equivocado tuvo que ser castigado por los delitos cometidos así, en dos tajadas, en dos bloques.
Berlín es el ejemplo más aterrador de ese castigo. Un muro se levantó como una cicatriz y dejó a cada lado las ilusiones de ver crecer a los nietos juntos. Los hermanos del Oeste crecían bajo el ala de los aliados. Los del Este bajo el hierro del comunismo soviético. Casi tres décadas de división, casi tres décadas sin verse, sin saberse los unos de los otros. Los cuentos de las amigas, se quedaron truncados, los partidos de fútbol de la cuadra se quedaron pendientes, con los balones desinflados.
La política y la ideología habían triunfado, habían hecho de las suyas, se habían vengado de los hombres y mujeres. Se ocuparon de que darle su merecido a los seguidores y detractores de un demente político.
Afortunadamente, el hormigón de la pared que sirvió para el telón de acero cayó, el pueblo alemán pudo volver a abrazarse, se ocupó el Oeste de darle al Este el lustre necesario para impulsarse como un pueblo unido. El Este supo acomodarse a las demandas crecientes del Oeste y juntos alemanes al fin, decidieron empujar a la locomotora de su patria unida, hacerse parte de Europa.
Muchos países no han sabido leer en las lecciones del horror de las ideologías. Sus nacionales no necesitan muros que los dividan. Los tienen sembrados en el horizonte de sus sentimientos. Se odian entre sí. No hacen falta países que intermedien la arquitectura de una pared para dividir a los hermanos. Ellos mismos se separan. Ellos mismos se han hecho bandos. 

domingo, 26 de octubre de 2014

El gentilicio de La Pepa

A Sara Baras
A mis alumnos, esos que aman la libertad

Mientras los políticos se debaten acerca de las formas de gobierno, de las ideologías que deben regir en un momento social, y el pueblo se debate entre seguirlos o dejarlos que se gasten frente a las pantallas de televisión, Sara Baras taconea briosa.
Un espectáculo que sí, que ya ha estado en cartelera y que de verlo, de repetirse como espectador, se llena el alma, se asume el gentilicio como una lucha, como un bastión de orgullo, haciéndonos partícipes de su hacer, de su familia, de su compañía de baile, del orgullo de ser gaditana, de su también amor por Madrid.
A la manera de los autos sacramentales, en que cada escena es en sí misma una obra de arte flamenco, un trascender que rompe con las fronteras de lo andaluz y se convierte en baile universal, en canto por la libertad, en cómplice manejo del público, en sentido acompañamiento por parte de sus músicos.
La Pepa, la primera constitución española luego de la salida de Napoleón de estas tierras, es un canto intenso a una nación, a una forma de ser, a un Estado de Derecho, a las libertades necesarias en proclama, en blasón, en esa forma de ver que el pueblo, ese el sencillo, se siente protegido por sus leyes, por sus acuerdos, por lo que el constituyente de su tiempo creó.
Ese cante jondo, que sale de las entrañas del cantaor, que inunda el espacio en ese aparente lamento que clama por más libertad, que va narrando una historia de pasiones, de guerra, de ideales elevados convertidos en sueño de país y materializados en Constitución, en baile, en escenario, en los detalles que hacen que sea la gente la artífice de sus vidas, desde las marionetas del carromato que emulan las pasiones de hombre y mujer que se miran en giros sobre sus pies que, emocionados taconean determinados a ser tierra, siembra y siega.
Sara Baras, con esa sonrisa que inunda a los teatros nos lleva a un reconocimiento de su propia esencia, de esas lecciones que seguramente tuvo de sus maestros de escuela sobre ese origen maravilloso de España plasmado en La Pepa. Se le puede imaginar con su uniforme planchado, abstraída en sus propios pensamientos de baile, de faldas, de zapatos de tacón, de guitarras, esos pensamientos que se van dibujando, que se van sintiendo dentro, profundamente. Un dibujo que se fue creando con las palabras de sus mentores, esas que la iban transportando a ese portento de esperanza e ilusión que encierra entre sus páginas esa ley de 1812.
Que el cante y baile de Sara Baras siga llevando ilusión de patria, esa que tantas naciones carecen, esa que a veces los políticos olvidan, esas pasiones que nutren a los pueblos y arman el alma de ese orgullo de país.


sábado, 11 de octubre de 2014

Malala Nobel de la Paz

Si hay algo que me inspira y me regocija como ser humano es admirar a las personas valiosas y valerosas. Me gusta imaginar que les invito a dialogar, más bien, que me cuenten qué les mueve a ser gente entregada por los demás, qué les aproxima a ser líderes, qué les dirían a mis estudiantes que les saque del letargo de las redes sociales plagadas de fama y alejadas del éxito verdadero.
Hace un año invité -gracias a la entrevista que hizo Rosa Montero- a Malala a mi aula. Llegué con la revista El País Semanal a clase. Como si fuese un mago, dije a mis estudiantes que teníamos ese día a una persona especial. Del maletín saqué la revista, la coloqué a la altura de la chica que hoy nos enorgullece como premiada por la paz y leí la entrevista.
Los ojos de mis alumnos se fueron llenando. Se abrían con admiración, la misma que siento yo por esta chica paquistaní. Fuimos imaginando su lucha por un lápiz y un cuaderno, su osada determinación por denunciar a los talibán, sus escritos en su blog, su afán por saber y porque las niñas y mujeres tengan el mismo derecho a educarse que los chicos y hombres.
Pienso, igualmente, en un maestro que conocí hace 30 años en las orillas del río Arauca, de sus clases a los niños que, barrigones por los parásitos, le buscaban afanosamente para seguir con sus dedos la magia de las letras. O pienso en los muchos médicos que sin recursos, pero llenos de pura vocación, atienden a los enfermos de los muchos males que todavía nos aquejan.
Imagino que Florence Nightingale, remontando el tiempo, nos brinda su precisa forma de actuar, nos plena de ese amor que se esconde tras una buena cura. O que el mismo Mahatma Gandhi nos acompaña en su pensamiento decidido a transformar la realidad de la India en la primera mitad del siglo pasado. O a los muchos voluntarios que en silencio dan lo que no reciben de los demás.
Lo más interesante de saber admirar a las personas, es poder volcar el conocimiento que nos dejan en las aulas de clase. Se convierten en sedimento esencial para el futuro, en palabras que se accionan en el presente, en referentes del pasado. Tienen el valor de poder ser iconos de intercambio, así como que si de cromos se tratara, porque van dejando lecciones de vida, de buen hacer, de reflexiones que no están lejanas de las de todos, pero que encarnadas en ellos, en esas personas que no dejan sus labores de lado, adoptan poderosas razones para ser inspiración diaria.
Malala tiene la cualidad de ir creciendo, de convertirse en poderosa luminaria para aquellos alumnos que quieren transformar el mundo en el que viven. Esta joven es una muestra de lo que se puede alcanzar con convicciones más allá del espacio en el que se viva. Hoy, cuando celebramos el reconocimiento del premio Nobel a esta chica menuda y valiente, algunos mensajes de mis alumnos del año pasado me demuestran que sí, que vale la pena admirar e invitar al aula a esas personas que nos cuentan historias diferentes, sus defensas por los derechos humanos, por la igualdad de todos.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Modelo económico a la CCC+

Cuando se escucha hablar a los parlamentarios venezolanos afines al gobierno de Maduro, da pena ajena. Claudio Farías dijo que “el modelo económico desarrollado por el Gobierno es perfecto para el pueblo”. Lo que uno no sabe es a qué pueblo se refiere. Debe ser al pueblo colorado, rojo-rojito, el corrupto que se vive al Estado desde el gobierno, porque al pueblo-pueblo, el que recorre las farmacias con un récipe en la mano buscando los medicamentos más sencillos, para ese no existe “modelo económico”, existe “modelo desabastecimiento”.
Las palabras de este diputado suenan a aquellos automóviles que se llamaban regulados. Eran aquellos que, por no tener platinas, ni tapacubos (tazas), ni dirección hidráulica, tenían un precio fijado por los gobiernos de la Cuarta República por debajo de los precios de los coches que sí estaban dotados de todos los adminículos. Era un “modelo económico” frente a un “modelo-modelo”. Pero, había carros, para todos, aunque se apuntaran los venezolanos en una lista. Había repuestos, talleres, remedios, comida, en fin había. Había economía porque se invertía en industrias y empresas. Había confianza en la inversión porque estaba clasificada por encima de la B, el modelo económico venezolano, no esa triple “C” que más parece las siglas de un centro comercial del Este de Caracas.
Diputado Farías, hay que ser un bastante ingenuo para pensar que con peroratas de comunicación se puede hacer creer que el modelo económico del chavismo es bueno. Hay que seguir a la gente, la sencilla, la que le duele la cabeza y no consigue Ibuprofeno, la que busca pañales y papel toilette, la que quiere tomar leche en el desayuno, o que busca poder ahorrar de verdad para su jubilación, a esa para preguntarle si el “modelo económico” les gusta o, si por el contrario, preferirían el “modelo-modelo”.
Se oyen las voces. Si afinamos el oído ¡nos tranzamos por las platinas! ¡Las tazas cromadas! ¡La dirección asistida! Todos queremos que haya pan, medicinas, buenas escuelas, queremos el “modelo-modelo” no ese “modelo-regulado-estrujado-mal-pintado-del-bolivarianismo-revolucionario-trasnochado”, el "modelo-desabastecimiento" que nos venden en cómodos plazos que nos han ido encaminado a la pobreza.
Atrás se queda el discursito ese de que la oposición esto o aquello. Son 15 años en el poder. Tres lustros, tres gobiernos de la cuarta. Quince años jodiendo a la economía, destrozándola, haciéndola añicos, expropiando, vejando a los industriales. Ya no pueden tapar la realidad de la CCC+ que le colocó Standar &Poor’s. No se trata de ir a hablar por la televisión, se trata de la economía de verdad, de la grande, de la que preocupa y ocupa el sueño de los inversores. Con esa nota de deuda, Venezuela pasa directamente a la papelera de cualquiera que tenga dos dedos de frente para invertir.
Diputado Farías, vaya a hacer su trabajo y guarde silencio para cuando verdaderamente tenga algo qué decir para el pueblo-pueblo, para los que quieren el “modelo-modelo”, uno en el que las notas de deuda no sean “raspado” (suspenso), sino “eximido” (sobresaliente).  Un modelo que sea compartido por todos, no por los rojo-rojitos, sino por todos los hijos de vecino que habitan en ese país tropical bañado de petróleo, buenas temperaturas, mar, Andes y gente dispuesta a vivir en paz.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Chávez nuestro… sin pan

El chavismo ha caído en las garras de su propia ridiculez e insólita forma de ver las cosas desde los ojos de la veneración irracional del mentor y creador. El nuevo padre nuestro del chavismo hace loas al extinto comandante con la misma rítmica del padre nuestro de los cristianos con una omisión muy interesante: no hay pan en la oración chavista.
¿Por qué será que no hay pan? ¿Por qué será que lo quitan deliberadamente de la canasta de recuerdos, cariños y sentidos homenajes al comandante? Sencillamente porque si en la ecuación chavista del madurismo se pusiera la economía en la oración al padre de la revolución, caería estrepitosamente el discurso rojo-rojito.
Con una inflación hasta mayo de más de 60% anualizada, lea bien, no se fue un cero de más en la cifra anterior, es del 60% y no se sabe a cuánto ascendió en los meses estivales de junio, julio y agosto, aunque se estima que podría estar cercana al 76% (en cifras anualizadas), puesto que el Banco Central de Venezuela tiene un retraso en la publicación de las cifras de más de 50 días. Por cierto, nada extraño en materia de información en Venezuela.
El caso es que sí, que los venezolanos para poder acceder a la comida, al pan de la oración cristiana, deben encomendarse a las pistoladas y pendejadas del chavismo, esas de rezarle a la memoria del líder, a las malacrianzas de los gestores de la revolución y sí, por qué no decirlo, a todos los santos que tengan en la cartera para tratar de tener un poco de seguridad personal, puesto que jurídica, tampoco hay.
Ser chavista, de acuerdo a su oración, es ser delegado, una especie de apostolado de sacrificios por la revolución, de trasmisores del conocimiento del líder, evangelizadores de ese pensamiento del socialismo del siglo XXI que lo único que ha traído es destrucción del aparato productivo y, en consecuencia pobreza. Se alejan del capitalismo como un mal que se debe evitar a toda cosa, una especie de peste que podría convertirlos en personajes malignos (aunque los viajes al paraíso de Walt Disney sea un desiderátum de los vestidos de colorado). Buscan la luz en los altares de Chávez porque en el fluido eléctrico no está y, por último, asumen que la oposición, a la que llaman directamente oligarquía, es la que gestiona el contrabando. ¡Tamaña desfachatez y semejante tontería!
La paz, como dice su rezo, tampoco es propiedad del pueblo chavista. ¿Cómo pueden tener paz en la conciencia si saben que tantos venezolanos sufren calamidades que son irresolutas, cuando las instituciones del Estado han sido confiscadas por Cuba, cuando las empresas y puestos de trabajo se han convertido en caricaturas de lo que fueron, o lo que es peor, cascarones abandonados sin uso, sin criterio. ¿Recuerda al Hato Piñero? ¿La hacienda La Carolina? ¿Hipermercados Éxito? ¿El edificio La Francia y los orfebres que allí trabajaban? ¿Qué ha sido de eso? Ha pasado el barbarazo del chavismo, el que acaba con todo.
Trabaje señor Maduro. Haga lo suyo. Deje de hacer campaña de comunicaciones sobre el vacío. Mire que todos saben, por su perímetro abdominal, que pan en Miraflores sí hay, que luz siempre tiene por los generadores eléctricos que tiene el Palacio y que seguridad, gracias a  los diferentes círculos de blindaje que tiene, esos que le rodean, no le permiten ver más allá del brillo de su calzado.
El circo del chavismo saca ahora este panfleto revolucionario de una oración por el comandante, una forma de hacer que el pueblo rece por los ideales de una revolución que, lamentablemente, no tiene ni tendrá pan. 

lunes, 18 de agosto de 2014

‘Madurolandia’

Nicolás Maduro se ha definido por fin. Usa el lenguaje mecánico que sabe y dice que va a “forzar la máquina política”. Una expresión que se le antoja al presidente, si se quiere, feliz, de esas que ayudan a construir su mundo mágico, en el que se manejan los discursos a su antojo, en el solo tratamiento de ‘forzar’ busca eso, que su propio aparato político empiece a darle resultados... Algunos, aunque sea.
 Sigue, dentro de su agobio, ofreciendo lo que lleva manifestando desde hace días, un sacudón de las bases corruptas de su gobierno, de todas, inclusive las relativas a la toma de decisiones. Busca, a como dé lugar, rescatar el sentido originario del chavismo, de esa ‘revolución bonita’ que el comandante sembró.
Busca hacer la “revolución dentro de la revolución” para dar paso a un nuevo Estado. Una especie de ‘constituyente’ dentro de su propio marasmo de luchas intestinas por el liderazgo de las filas rojo-rojitas. Busca ser eficiente, luego de demostrar su enorme incapacidad para gobernar, para tomar los asuntos de Estado y gobierno como toca, con determinación, son criterios de autodeterminación de pueblo, con sentido soberano, sin dejarse amilanar por las voces que provienen de Cuba.
Le explotan los resultados de su inacción en la cara. Tiene la popularidad cercana al 30%, debe tomar decisiones en materia de precios de los combustibles y le tiembla el pulso, ha endeudado al país una vez más, tiene los índices de inflación más altos de toda América Latina. En fin, una lista enorme de falencias y deudas con la moralidad del voto confiado por el pueblo chavista que le legó el comandante.
No hay capacidad de asombro. El país de los industriales de éxito de la década de los setenta se desmoronó bajo la envidiosa mano del finado Hugo Rafael, que con su dedo televisivo fue señalando todo lo que le incordiaba con el grito de ¡exprópiese! El país de Maduro no se queda atrás.
Le va a costar mucho ese zarandeo, ese sacudón porque lo que tiene entre manos, sobre la mesa del Palacio de Miraflores es una enorme torre de papales sin resolver. ¡Cómo le gustaría que aquellos industriales expropiados pudieran poner en marcha sus empresas! ¡Cómo le gustaría que se generara empleo, exportaciones, producción suficiente para autoabastecerse aunque fuera de papel toilette! No puede, tiene a los hermanos Castro resoplándole en las orejas de esas consignas vetustas de revolución y pobreza.
En el país de Maduro –Madurolandia– ya no queda ninguna oportunidad de emprender. Los sueños de los habitantes de ese país de fantasía son como los de los hombres de Neanderthal, seguir vivos al día siguiente, comer algo antes de dormir y, si se puede, ayudar a cazar para contribuir con el clan. Atrás quedan las posibilidades de imaginar futuro, de pensar en llenar la nevera con alimentos de buena calidad, en acudir al médico y después ir a una farmacia a comprar los remedios para los males diagnosticados.
Madurolandia es un despojo de lo que en un pasado fue la Gran Venezuela, aquel país petrolero que enviaba a sus jóvenes a formarse para que regresasen a hacer nación. Hoy, como por arte de magia, los hijos de esos jóvenes, hoy hombres y mujeres que fundaron sus familias al regazo de un país en el qué creer, huyen por el aeropuerto. Salen en desbandada con su Skype instalado para mantenerse conectados con su gente porque saben que si vuelven, si apenas lo piensan, pierden.

lunes, 11 de agosto de 2014

Esa sensación de ahogo

A mis amigos del whatsapp

Cuando se lee la prensa, la poca que queda en Venezuela, cuando se leen los whatsapp de los amigos periodistas que están haciendo lo imposible por dar información sobre lo que pasa dentro del territorio venezolano, siempre queda una sensación de ahogo.
Es una tristeza así, como quien se queda desamparado, en pleno diluvio universal, sin más protección que la desnudez de espíritu y la esperanza de que algún día aquella lluvia torrencial acabará. No hay un solo resquicio que no se moje. Nada que pueda guarecer de esa pequeñez humana en la que se ha convertido el venezolano. Un ser desprovisto de toda honorabilidad, de todo respeto. Alejado de las instituciones porque estas han dejado de servirle y se han volcado a ser serviles a los mandantes. Alejado de sus propios derechos, porque como dice el propio Tulio Hernández, “Si no quiere que lo ayudemos, entonces jódase”. Porque no hay ayuda, porque no hay piedad ni justicia, porque la clemencia en el único lugar que tiene espacio es dentro de las casas cuando se pide al cielo delante del retrato de los deudos y una vela prendida porque se fue la luz otra vez.
Esa sensación de ahogo es cada vez peor. Son manos sobre la garganta que se aprietan para tratar de salvar el cuello de las balas de las pistolas. O cuando se van las mismas manos a la cabeza porque la inflación es tan alta que el dinero no rinde para comer. O a los bolsillos para demostrar que no hay más monedas para cubrir la factura de las medicinas.
El ahogo se siente también cuando las cuentas de los días llegan a semanas, meses y años sin justicia para los opositores prisioneros del régimen. Primero de Chávez, ahora del que se dice seguirle los pasos. Oprobio cuando se sabe que el dinero fluye a raudales entre los secuaces y seguidores y cuando se sabe que si un automóvil entra a un taller, saldrá desvalijado por el propio mecánico que luego cobra fortunas por las piezas que sacó del carro.
Una sensación de desolación, de ya no tener ni palo dónde ahorcarte, porque la propia oposición, desarticulada y desprovista de norte, descubre que tiene que dialogar, así, de la noche a la mañana, cuando su anterior liderazgo tuvo que tomar su sombrero y salir por la puerta harto de no ser escuchado y de no ser atendidos sus ruegos por conversaciones que llegaran a algún puerto.
Venezuela y su gente sufren de los embates de la política populista del socialismo del siglo XXI. Una política populista como la que quieren instaurar otros partidos políticos de reciente creación en otras fronteras como España con ‘Podemos’. Cantos de sirenas, espejismos de bienestar y de reparto equitativo de riquezas que no son tales. Lo que está detrás de todo el socialismo del siglo XXI es desolación, desmantelamiento de instituciones y empresas, inseguridad jurídica. Bajo el manto de reformas a la constitución construye una verborrea vacía, escudada en el doble uso del género en el lenguaje con el pretexto de sumar a todos y todas, de que los hombres y las mujeres, los alumnos y las alumnas y así, un interminable doble uso del género para hacer creer que sí, que se está con todos, que todos son parte de la nación. ¡Paparruchas! Aparentes simplezas del léxico que esconden perversión y propósitos oscuros.
Así, como si de una protagonista de una telenovela se tratara, Venezuela está ciega y en silla de ruedas, buscando con la punta de los dedos, sobre una mesa cubierta por un mantel de hule, alguna cosa que llevarse a la boca, algún mendrugo de pan que sacie su hambre, al menos por algunas horas, mientras se apresura el final del capítulo con la canción de moda, con promesas de más tristezas para el próximo episodio. 

sábado, 2 de agosto de 2014

Toda la oposición fuera del bullpen

Si de algo se ocupó Ramón Guillermo Aveledo fue de mostrar una cara única de oposición. Libró la batalla contra Chávez, convocó elecciones primarias, definió junto al pueblo opositor a un candidato de la unidad –Henrique Capriles Radonski- y, a la vez, mostró su probidad como líder político sin apetencias personales. Tanto lo hizo que cuando vio que se resquebrajaba su liderazgo, decidió renunciar a tamaña responsabilidad.
Dentro del saco de gatos que es la oposición, las voces más altisonantes le piden que reconsidere, ¡que las cosas no son para tanto! que hace falta su firmeza y determinación de beisbolero. La mente de Aveledo debe ir a toda prisa. Buscando posibilidades entre la segunda y la tercera base, ese batazo que dé el triunfo a la oposición a como dé lugar. Pero, debe darle las luces de coach al que le siga y, eso sí, subirse a la tribuna a mirar el partido, que merecido se lo tiene.
Sí, es verdad que las cabras opositoras se salieron del redil de la Mesa de la Unidad Democrática. Que los propios que decidieron que había que tener un sólo liderazgo se han puesto de parte de unos u otros. Que las circunstancias no salieron como las habían dibujado. Que Maduro resultó ser un oponente con más bates de los que se esperaban y un pitcheo de puro strike.
La oposición está al desnudo. Con uno de sus líderes presos. Con su lideresa planteando epitafios, con otro que de haber cruzado todas las leguas del camino parece haber decepcionado a más de uno. Por otro lado, el brazo derecho de Aveledo salió de gracioso a poner en entredicho lo que ha hecho Leopoldo López por la oposición. Total, razones varias tiene Ramón Guillermo para tomar su sombrero y salir por esa puerta.
Hay dos temas lamentables en toda esta ecuación que no entendieron muchos de los opositores y que siempre tuvieron muy claros dos: uno, el poder chavista y otro, Ramón Guillermo. Esos factores son primero, que la oposición no es ideológicamente una. Y segundo, que los apetitos de los líderes de la oposición son muchos y los intereses que representan otro tanto por ciento de lo mismo.
Ramón Guillermo, con su voz tranquilizadora, fue llevando a esos liderazgos a un solo equipo, ganaron la liga dos veces. Pero, porque siempre tiene que haber uno, de ver que las sirenas con sus cantos son más fuertes que los argumentos de firmeza y estoicismo que desde la Mesa de la Unidad Democrática proponía.
El campo del vecino siempre es más verde. Las líneas del home se ven más blancas. Las gradas parecen más llenas. La taquilla más enriquecedora. ¡Paparruchas! Ahora, cuando las decisiones están tomadas es tarde para pedir rectificaciones. ¿Oíste Ramos Allup? ¿Te das cuenta María Corina? ¿No es de sabios callar Ramón José Medina? El tiempo de la política es perfecto, no de los oportunistas, ni de los chistecitos. Hay que saber cuándo toca salir al bate, al micrófono o a la calle. Hay que dominar las leyes, los gentilicios, las pasiones, los espacios públicos, saber de institucionalidad y diplomacia. Para ganar el partido hay que ser bateador, no un bate quebrao.
Todo al garete. Una vez más, al garete por esta gente que no termina de entender que para ser opositores de un gobierno populista, comunista, que tiene alianzas con los gobernantes de los países más complejos, que es capaz de endeudarse para mantener su política de dádivas con hambre y, para ñapa regido por un dictador, hace falta mucha inteligencia desde el bullpen

sábado, 19 de julio de 2014

La revolución militar de Maduro

La nueva del gobierno revolucionario, bolivariano y socialista del siglo XXI es su nueva ley de alistamiento militar. Una ley que, a todas luces, parece salida de los más retorcidos mundos de la circunscripción aquella en la que los jóvenes de hace más de tres décadas, si no se avispaban, terminaban con la cabeza rapada y eso, prestando servicio militar.
Lo más curioso de esta ley es que exige que todos los venezolanos, inclusive los que escogieron esa nacionalidad como propia, deben inscribirse y portar una documentación que diga que sí, que son militares al servicio de la patria. Curioso dato. ¿Por qué?  Porque si ni siquiera se puede obtener una cédula de identidad (DNI) en forma –y nos referimos a que no sea al estilo operativo tercermundista– o, si no se puede obtener un pasaporte sino es con interminables esperas de meses.
Así, si los tiempos de espera por los documentos elementales de todo individuo –su identidad– no se pueden obtener en Venezuela o a través de sus consulados, ¿cómo es que ahora sí el gobierno puede emitir cartillas militares a todos los venezolanos mayores de 18 años? ¡Increíble! Es impresionante cómo funciona el aparato del Estado y las instituciones venezolano-cubanas a favor de la revolución. Estamos hablando de más de 17 millones de personas (según los datos del censo 2011 del INE venezolano) que tendrán, así de la noche a la mañana, un carnet que los acredita como militares. Muy lejos del concepto de ciudadanos en la lógica bolivariana revolucionaria, por cierto.
Según se despende de la Gaceta Oficial 40.440, que contiene la Ley de Registro y Alistamiento para la Defensa Integral de la Nación, algunos de los elementos curiosos de este texto jurídico es que las empresas también son objeto de alistamiento militar, es decir, habrá un inventario empresarial pre-bélico. Recursos, materia prima manejada para la producción, información del personal que trabaja en ella y cruce de información entre la cartilla militar personal con la empresarial, extrañas operaciones de dádivas o no de divisas por causas militares, en fin, un largo etcétera que cualquier mente suficientemente hábil podría suponer.
De esa manera, la gente pasará, de la noche al día, a conformarse como ejército a las órdenes del Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Bolivariana de Venezuela, el Sr. Nicolás Maduro. Reservistas todos. Dispuestos a la defensa de una patria que es para unos y, para los otros, desagravios y malos tratos.
Habrá de pronto eso sí, carnets para todos. Pero lo que es comida, igualdad ante la justicia, derecho a la salud, educación adecuada, seguridad ciudadana, de eso, nada. Fusiles en caso de tener que combatir con el enemigo creado durante tres lustros, el enemigo mundial ‘mesmo’, ese que fue el fantasma que no dejaba dormir a Chávez y que le quita el sueño a Maduro.
Hoy, cuando la mayoría de los países ha ido transformando al mundo militar en una profesión y volcando a la población civil al aparato productivo, Maduro pide a su Asamblea Nacional que le redacte, y así lo aprueban, una ley para que todos los venezolanos sean parte del conscripto, de la Fuerza Armada Bolivariana Revolucionaria Venezolana. Un cuartel de 882.050 kilómetros cuadrados. 
Total, una entelequia más, una cortina de acero que traerá como consecuencia que aquel que no se apunte y no lleve su carnet, sea considerado, como reza el artículo 31, en situación de renuencia, o no pueda tener opciones de viajar, o no se le conceda un crédito, no se le deje trabajar, o parir, o estudiar.

domingo, 13 de julio de 2014

El país de la Suprema Felicidad

Érase una vez un país con un mandatario tras un bigote negro muy cuidado. Un país con garzas, paisajes bonitos, con riquezas naturales y… gente harta, obstinada de estar pisoteada por el socialismo del siglo XXI. Era este un país que había dejado de sonreír. Un país sin papel toilette ¡Sin papel higiénico! ¡Sin papel de baño! Un país sin comida. Un país endeudado por más de tres generaciones por venir. Un país sin desodorante, ni jabón.
El mandatario, dando vueltas en su palacio, pensando en un sortilegio ante tanto mal, se fue a la ducha. Ideó en sus tres minutos bajo el agua, los únicos que le correspondían como ciudadano, un plan. Crearía un ministerio, un ente público que obligara a ser feliz. ¡Un ministerio para la suprema felicidad social!
La idea le pareció genial. ¿Cómo no se le había ocurrido antes? ¿Por qué su anterior homólogo no lo había pensado? ¿Cómo no PODEMOS pensar en conjunto ideas tan geniales? Sin duda alguna, se dijo frente al espejo, soy un ser superior, ungido de la verdad por el comandante supremo de la revolución.
Se apuró a peinar el bigote. Se fue hasta la sala donde le esperaban sus ministros y acólitos (ya les había entrenado para aplaudir todas sus ideas). Sin pensarlo, sin que se les pasara una idea contraria entre las cejas, le dijeron al dictador que lo debía someter al pueblo, es decir, a la Asamblea Nacional. El pueblo, enloquecido con la idea del hombre del mostacho le aprobó una ley que creó su ministerio. Doradas purpurinas (escarchas) cayeron sobre los hombros del presidente. Un frescor mentolado, como de anuncio de televisión, le llenó los ojos. Una especie de revelación de cuento de hadas iluminó sus pupilas. Era el gobernante de un país feliz. Él, y sólo él, había decretado la suprema felicidad social.
El país de ese dirigente se cae a pedazos, pero es feliz. La economía tiene un 60% de inflación interanual, pero la gente es feliz. Los estómagos de muchos no se sienten satisfechos desde hace tiempo, pero los rostros de quienes los portan son felices. Asesinan a 48 personas por día, pero en lugar de llorar las muertes, la gente está feliz. No hay nada en los anaqueles que comprar para alimentar a las familias, pero son felices los habitantes del país de la Suprema Felicidad Social. ¡Total! ¿Quién necesita otra cosa que no sea felicidad?
La historia no acaba todavía. Siga leyendo esta historia de desvelos.
La carroza del mandatario del bozo, siempre llevada en hombros por los tesoreros de palacio, de pronto, se vio casi en el suelo. Uno de ellos, el elfo de la barba blanca, dejó parte de su parihuela y salió a dar voces, revelando una carta, dando explicaciones que nadie le había pedido.
Más allá, el mandatario, se apeó de su silla, desplegó su enorme cuerpo y señaló a algunos, los dejó en la calle o les dio otras funciones con nombres diversos a los que tenían. Así, como para que la felicidad no se enturbiara. Ordenó que los medios dijeran cosas felices, que la gente sintiera que todo estaba bajo el control de los bufones, de los payasos y saltimbanquis. Nada. Nada podría con la felicidad del país de la Suprema Felicidad Social.
Los opositores, que no eran precisamente felices, terminaron unos presos y otros, como San Pedro, negando su origen. Sus llantos y quejas no podían traspasar los muros del país feliz. Era impensable que alguien dijera que no era feliz. Era imposible que alguien hablara de hambre ni de necesidades fisiológicas. Nadie podía contradecir al hombre del bigote que todo lo daba por la felicidad.
Y así. Así va este cuento del país de la Suprema Felicidad Social. El país de Nicolás Maduro, el dictador que creyó un día de 2013 que decretando la felicidad haría a un país feliz.

sábado, 28 de junio de 2014

Venezuela en caos

A TPT
Las consultas sobre cómo está Venezuela se suceden diariamente. ¿Qué pasa por allá? ¿Qué se dice de la situación? ¿Cómo que se cayó el servicio eléctrico otra vez? En fin, miles de preguntas sobre una coyuntura que, sin lugar a dudas, deja qué desear, plantea inquietudes, ha generado migraciones multitudinarias y muestra que, como el propio presidente Maduro plantea, una necesaria revisión a fondo del gobierno en una quincena que se inicia el 1 de julio, con el consabido sentido amenazante que instauró el finado comandante Chávez.
Venezuela es la definición de caos. No desde el punto de vista popular de la palabra -¡esto es un caos!- sino desde el más puro sentido caótico que la teoría pueda proponer. Es decir, todos los elementos que pudieran aglutinar a una estructura molecular, es decir, hacer que sea algo coherente, están dispersos, como si se le hubiese disparado a la 'molécula país' una partícula subatómica para desordenarla.
Lorenz plantea que el caos tiene un final abierto, indefinido. Pero, para salir del caos se requiere de un atractor para conformar en torno a un espacio una nueva molécula. Voy a explicar. Todos conocemos la fórmula química del agua -H2O- y que si le agregamos una molécula de oxigeno tenemos H2O2, es decir agua oxigenada. Sabemos que el agua oxigenada es un elemento inestable y que está esperando que se abra el frasco que la contiene para liberar su oxígeno. Bueno, el frasco es el atractor, la estructura que aglutina a esa nueva molécula. Venezuela necesita un atractor, un frasco que le permita unirse.
¿Cómo podría unirse Venezuela? Muy difícil pregunta. La respuesta obvia y primera es con voluntad política, sentido cívico y criterio de país. El chavismo llegó dividiendo, con esa máxima de ‘divide y vencerás’. Pero los pueblos no son enemigos a vencer. Son seres humanos conglomerados en un espacio, un terreno para construir. En consecuencia, lo primero que se debe hacer desde el poder es desarmar su discurso divisionista. ¿Están dispuestos? No, por supuesto que no.
El chavismo de Maduro hace aguas, van siete dirigentes que se le van del gobierno. Se le fue Giordani, que no es ningún manso cordero, ni si quiera alguien a quien seguir; se desprende del chavismo también la periodista Vanessa Davies que dijo sus improperios a través de la televisión del Estado y ahora busca abrazarse a la oposición; los medios de comunicación comprados por el chavismo despiden a sus periodistas y estos honrosos profesionales ganan premios de objetividad y manejo de la información;  la inflación da cuenta de que las cosas no se soportan; y, encima se cae el fluido eléctrico en buena parte del país.
Del otro lado está la oposición. Como dicen en España, tres cuartos de lo mismo. No hay liderazgos claros. No hay sentido de búsqueda de acercamiento hacia el pueblo chavista. Bueno, razones hay porque lo que ha recibido la oposición del chavismo es agua caliente, malos modos y cárceles. Así que, pedirles paz y reconciliación es absurdo.
Por otro lado están los militares. Han vivido como reyes con el chavismo y, algunos de los disidentes uniformados mostraron de qué temple estaban hechos en 2002 cuando se escudaron tras las faldas de las señoras en la Plaza Altamira. ¿Recuerdan? Enardecidos, molestos con el comandante, se metieron todos en su plaza a que los protegiera el pueblo. Hoy, los nuevos disidentes de las filas se han sumado a otro grupo más de la oposición haciendo más compleja las posibilidades de que la oposición logre articularse, encontrar un atractor. ¿Entonces? Poco qué hacer. O mucho y empezar ya desde el gobierno, con sinceridad y buena disposición. De lo contrario, poco tiempo de popularidad le auguro al presidente Maduro. Muy poco.
La otra solución es la gente, su sentido cívico. Un abrazo sostenido sería un buen atractor. Habrá que esperar a que la gente se abrace, que reconozca que se puede ser un solo pueblo, que lo son desde siempre, que los políticos lo que han hecho es destruir la voluntad de una nación, su espíritu de solidaridad y dejo una vivencia de mediados de los ochenta como ejemplo. En un pueblo de Aragua murió una persona en una casa. El velorio congregó al pueblo en torno al hogar de los familiares acongojados. Como es costumbre, los vecinos abrieron sus puertas para colaborar con la familia en duelo. Sobre el sofá de una de las vecinas se tumbó el ratero del pueblo. La señora de la casa, viendo que dormía, le tendió una manta y cuando le preguntaron, dijo ‘es un muchacho y hace frío’. Así es Venezuela. No la que Chávez creó y Maduro continúa.

viernes, 20 de junio de 2014

Cabemos todos con el mazo dando

Si un lema se puede encontrar en las palabras de Felipe VI ese es de 'cabemos todos'. Es su 'yes we can' pero en castellano. No hace falta un anglicismo para tener fuerza discursiva. Una expresión digna, un eslogan fácil, un sentimiento de apretujarse, así, como para subir en ascensor. Una forma elegante de decirle a los españoles que todos los cuarterones del escudo que le representa como Rey es un espacio en el que caben todos, que hay espacio para cada uno y que desde esas diferencias es que se construye el gran país que es España.
El nuevo Rey Felipe VI busca una respuesta al alimón del soberano representado en las Cortes y sus autonomías. Escruta -usando a grandes del verbo español- en las miradas de los presidentes autonómicos, de los diputados y senadores, de los tribunales, esa España unida y diversa de la que habló.
Las voces se volcaron a hablar del maratón de saludos, del Rolls Royce, de la escueta forma de entronizarse. No han leído con atención el reclamo de su Rey. Que para ser grandes hay que creérselo. Nada de estar lloriqueando por los goles no metidos en los partidos jugados en el mundial. Se trata de eso, de creerse grandes, poderosos como su generación, preparados como tantos emprendedores que nacieron antes y después de 1968.
Ese espacio de ascensor, en el que cabemos todos con la complicidad de un guiño que dice ¿quepo? Luego, de esa frase rápida, esperamos siempre esa mano presta que toca el botón del mando de las puertas y, que abre, en el último momento, para dejar que entre uno más. Eso buscó Felipe de Borbón ayer. Lo tuvo, muchos lo siguieron. Muchos quedaron encantados con su familia, se vieron reflejados en ese hacer que los hijos crezcan. En el trabajo silente de construir por España. En aquellos que han sabido entender que lo institucional está por encima de las apetencias de cambio urgido de saltarse los procedimientos.
Ya le tocará al Rey seducir con sus acciones para pedir, si las cortes le escuchan, una consulta sobre el Estado que se quiere en esta España que se inició el jueves 19 de junio. Ya habrá tiempo para que los republicanos digan, para hacer las transformaciones necesarias, para impulsar al país necesario. Por lo pronto, obedece la Constitución, la jura, la quiere como listón moral para sí mismo. Ese texto que votó en su día el 78 por ciento de los españoles que hoy son los padres y abuelos en esa tierra.
España es un ejemplo de cambio, de transformaciones que, en cuatro décadas han sabido salir de su atraso, montar un aparato de Estado, sumarse al tren de Europa, crear riqueza y si, es verdad que tiene sus problemas económicos y de desempleo, pero tiene al menos, la voluntad de la corona de querer transformar. Ojalá que algunas naciones que otrora fueron colonias de España siguieran el ejemplo del lema de Felipe VI, 'cabemos todos'. Ojalá que lejos de darse golpes de pecho buscando el respaldo divino -de ruegos a Dios y a la Virgen- esos presidentes electos, pudieran invocar como eslogan para sus patrias, ese 'cabemos todos' laico.

domingo, 15 de junio de 2014

La memoria frágil

Es curioso cómo la memoria es frágil para quienes están en el poder. Es más curioso aún cómo son capaces de juzgar quienes tienen las manos manchadas de pólvora. Si algo tienen los gobiernos chavistas es que han empuñado las armas, tanto los militares golpistas de 1992, como el chofer de autobús en 2002. Ellos encarnan imágenes de la venezolanidad más cruenta que, por arte de magia de los medios de comunicación en manos del poder rojo, son heroicas ilustraciones de momentos bélicos en contra del oprobio imperial que representa a la oposición golpista, terrorista y sexy.
Estos fabulosos héroes de la patria bonita tuvieron como contrapartida a una justicia que en aquella década del final del siglo por lo visto, sí era para todos. Los indultos recibidos en 1994 sólo fueron patentes de corso para que se cometieran fechorías dignas de una serie de televisión en la que los ensombrerados de negro se convierten, de la noche a la mañana, en bondadosos dandis.
Hoy, la lista de injusticias en materia de juicios y tribunales la encabeza en este año 2014 Leopoldo López, pero tras sí están Somonivis, Forero y Vivas, así como un largo etcétera de los que también estuvieron en los sucesos de Puente Llaguno, el mismo desde el que Maduro disparó a la población que se dirigía al Palacio de Miraflores a pedir la renuncia a Chávez. Claro, Simonovis y los demás, por no estar en los medios chavistas todos los días, pasan al olvido, así como lo han hecho los muchos muertos en las protestas.
Y eso quiere el gobierno. Que la fragilidad de la memoria opere en nuestros corazones, que se olvide que ellos empuñaron armas, que hoy empuñan la espada de la justicia, que la venda que cubre los ojos de la dama ciega es colorada y que el manejo de los medios de comunicación y de la noticia vienen aprendidos en lecciones enseñadas desde Cuba y algunos asesores que  forman parte del nuevo Podemos español.
Se busca a como dé lugar un manejo de la información, de que lo que se diga, sea lo que sea, tenga una contra discursiva de importantes dimensiones, ridiculizando, amenazando, declarando non-gratos a quienes disienten, porque en la ecuación del discurso chavista-madurista, ese que Monedero conoce muy bien, está el acabar con todo, así como el barbarazo, ¡que acabó con to!
Se sabe que se mantiene el toque de queda civil. Es una forma de control que mantiene las bocas cerradas, porque los que se salen de casa, de la prisión construida con el esfuerzo particular de poner rejas y cerraduras blindadas, es para abrir sus bocas y llenarlas, en vez de comida, de moscas.
Así, en Venezuela, quien tiene acceso al alimento, se siente privilegiado. Quien tiene a todos sus seres queridos esa noche en casa, reza y agradece al cielo por haberles protegido. Quien tiene una oferta de trabajo en el extranjero, siente que se ganó la lotería. Nada que ver con esa Venezuela del pleno empleo y del progreso que se vivió en la década del 70 del siglo pasado. Época también destacable por los altos índices de corrupción, pero épocas felices en la que todas tenían su pan y su papel toilette.
Chávez emergió contra esa corrupción de la Venezuela petrolera. El pueblo cansado de ver cómo el erario público se desvanecía, le votó con fervor. Pero si la corrupción adeca era mala, la roja se ha endeudado con China y con Rusia. Ha hipotecado el futuro de un país cuyo dinero está en manos de acreedores. Impresionante el manejo de Maduro de las finanzas, siempre bien asistido por secuaces y asesores que parecen salidos de las películas de Batman.
No hay modos, no hay salidas. Esta semana, uno de los aguerridos locutores de radio anunció que escuchará ofertas del extranjero. Todos los días la migración crece, aunque la han parado las aerolíneas en protesta y retirada de sus servicios aéreos porque el gobierno de Maduro les debe millones de dólares, quedando pocas vías de escape de ese país caribeño.
¿Qué más? ¿Qué falta para dejar al otrora país de la fantasía en la inopia? Falta que se decrete la expropiación universal de la propiedad privada. El nirvana de los comunistas y así sí, todo será de Maduro y de sus cómplices. Un país hipotecado, un pueblo vejado y el control de todo. La fórmula de Cerebro el amigo de Pinky, conquistar al mundo.
Un horror, mi amor, como diría el difunto Antonio Cova.

sábado, 31 de mayo de 2014

Magnicidio + Maduro

Señor lector, ponga usted las palabras Magnicidio + Maduro en Google (a fecha de 31/05/2014 a las 20:39 GMT) y encontrará 671.000 resultados. ¿Por qué será? Porque cada mes que pasa, así como para desviar la atención de los venezolanos y del resto de los habitantes del planeta, a Nicolás Maduro, presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, se le ocurre que atentan contra su vida.
Hace todo un despliegue de fuerzas mediáticas. Usa a todo su aparato institucional, comunicacional y hasta a los personajes del gobierno para denunciar, así a voz en cuello, que quieren matarlo, que su vida corre peligro en manos de la oposición, esa que es apátrida, escuálida, chimba, ridícula, sifrina y cualquier otro calificativo que se le ocurra esa mañana, tarde o noche para designar a la oposición.
Lo que quiere el pueblo es que haya vida en Venezuela. Que a los presos –mejor dicho detenidos políticos– se les administre justicia con certeza de que esa justicia sea verdaderamente ciega. Que en las calles la gente pueda circular y no estar pendiente de que la puedan matar. Que en los supermercados haya leche y no se tenga que sortear media ciudad para conseguir leche en polvo por cucharadas, sí por cucharadas, para dar de beber a los niños el preciado producto lácteo.
Inventar un magnicidio es la estrategia perfecta para darle golpes a la mesa y tumbar el tablero del juego para que no se hable de diálogo entre oposición y gobierno, para que UNASUR y el Nuncio Apostólico no se reúnan a ver cómo se puede hacer con la situación gravísima de indefensión que se vive en ese país.
Nicolás Maduro se busca excusas, siembra vientos a cada rato –“así, así, así es que se gobierna” – al mejor estilo del populismo que va traspasando fronteras, manejando a la masa para que le sigan queriendo. – ¡Por favor! ¡Que no nos maten a nuestro presidente! Es lo que quiere oír Maduro desde al Balcón del Pueblo, así como hacía Hugo Rafael Chávez. Una siembra de pueblo a su vera, con velas y todo, en una nocturna vigilia, rezando por una larga vida del régimen… al mejor estilo de Corin Tellado.
¡Por favor! ¡Ocúpese! Ocúpese de lo que se tiene que ocupar. De ordenar a su poder judicial, sí su poder, que se haga la justicia que se pide desde todos los espacios nacionales e internacionales. Ocúpese de que su ministerio del poder popular para la alimentación distribuya alimentos adecuadamente e investigue esas ventas de leche por cucharadas. ¡Mayor indignidad y pobreza de espíritu no puede haber!
Ocúpese de producir, de poner en marcha a todo ese aparato industrial que han expropiado a todos estos años y que está como le gusta al chavismo: arruinado. Ocúpese de hacer lo que los votos de los venezolanos le mandan: gobernar para todos.
Cuando lo haga, si le quedan fuerzas para pensar en otras cosas, revise a las escuelas, a los hospitales, a la policía, a la Fuerza Armada. Cuando lo haya hecho, paséese por las necesidades de la gente, la humilde. Pregúnteles cuántos hijos y familiares han perdido a manos del hampa común. Revise con calma lo que come la gente. Con lo que se viste. Con lo que sueña. Luego, si le queda tiempo, vuelva a empezar con su agenda de trabajo y, una vez que todo quede satisfecho, verá que no se le ocurre más nunca pensar en que lo quieren matar.

sábado, 17 de mayo de 2014

Sin voz, con límites

El lema aquel de la empresa telefónica de ‘su voz sin límites’, viene a colación como ejemplo contrario a lo que viven los venezolanos en esta última semana. Hay en el panorama tres grupos que pretenden o detentan el poder: el gobierno, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y la nueva oposición que encabeza el editor Miguel Henrique Otero.
Esta última oposición –la de Otero–surgida de las diferencias morales y éticas de la MUD, plantea una nueva configuración del panorama nacional con el respaldo manifiesto de una lista enorme de militares que van desde generales hasta capitanes y eso, pone los pelos de punta. ¿Por qué? Porque pareciera que los esfuerzos de la MUD han caído en saco roto, la mesa de diálogo ha perdido sus patas y, Nicolás Maduro ha logrado poner en prácticas las enseñanzas de los Castro: dividir para vencer.
El costo de esta situación socio-política es enorme. Por una parte, están los estudiantes descorazonados porque su lucha, aunque ha sido visible, potente y llamativa, ha terminado en detenciones, amenazas y lo que es peor, con una juventud señalada y fichada por los órganos de seguridad de un Estado que, no precisamente, luce por su carácter democrático.
Por otro lado, los intentos de la MUD de establecer un diálogo con el gobierno, han quedado enturbiados por supuestas alianzas corruptas que, señaladas por este nuevo grupo opositor que está más cerca de las posiciones de Ledezma, Machado y López.  Se quedan entonces atrás, por no decir en el olvido, las elecciones primarias de 2012, las dos elecciones en las que se enfrentó Capriles contra los Goliats del chavismo. Atrás se ha quedado el camino soñado por millones, bañado ahora por gases disparados contra las viviendas de tantos que han visto cómo sus hogares se llenan de lágrimas de rabia.
Si a este panorama insólito en que se demuestran ansias de poder sobre los intereses del país que clama justicia, valores y norte, se le suman aquellos elementos que demuestran la pobreza en la que ha caído Venezuela –supresión de servicios de las aerolíneas, alto costo de la vida, en lo que se ha convertido el salario real de los venezolanos, la inseguridad que va campante por las calles–las posibilidades de que se salga adelante son muy lejanas.
Maduro está muy tranquilo. Lo de él, al tener a esta oposición dividida, al saber exactamente qué militares no están con él, lo tiene fácil. Perseguir, apresar y señalar. Le toca apretar y anclarse en su ‘democracia’ electoral y obviar a la democracia institucional que reposa en el ciudadano. El presidente lo hace a diario: al que protesta lo ducha con un camión cisterna, lo rocía con bombas lacrimógenas, le hiere con perdigones, le detiene, le apunta y deja indefenso.
No deja de preguntarse el lector de los medios de comunicación qué pensará un padre o madre que quiera dar de comer a su familia, mantener a sus hijos educados, limpios y sanos. Debe ser pavoroso sentir que los hijos en las puertas de sus planteles educativos pueden ser vejados, detenidos o maltratados por manifestarse. Lo mismo si trata de hacer cundir un salario cada vez más mermado o, que para poder dar de comer se tiene que vivir un calvario de colas y búsquedas.
Pareciera que desde la política se obvia al ciudadano. Se deja de lado a esas inquietudes que están sobre las mesas de los comedores de las casas de los venezolanos, que no son parte de un diálogo estéril, sino que son eso, lo básico, lo necesario, lo justo para vivir y ser ciudadano. 

sábado, 10 de mayo de 2014

Maduro entre la espada de la justicia y la pared del pueblo

Van casi tres meses desde que los estudiantes alzaron su voz contra las inexistentes medidas económicas, la inseguridad, el alto coste de la vida, la autonomía universitaria y, van casi tres meses que el gobierno de Maduro no hace sino reprimir a los manifestantes violando sus derechos fundamentales.
Ahora las cosas están más feas que de costumbre para los chavistas encumbrados y eso debe tener temblando a más de uno de aquellos que tienen negocios con los rojo-rojitos. La historia de estos días es como sigue. El Senador norteamericano Marco Rubio presentó un proyecto de ley para sancionar a una lista de funcionarios que, por sus capacidades de violentar los derechos humanos de los venezolanos se han destacado últimamente. Estos ‘ilustres’ funcionarios, de aprobarse la ley, verán confiscados sus bienes en los Estados Unidos, les serán removidas las visas norteamericanas y se les impedirá seguir haciendo negocios en ese país.
Eso de ser corrupto y violar derechos que desde el punto de vista de todo buen revolucionario bolivariano ni siquiera debiese existir, tiene tan preocupado a Maduro que ya sacó a El Libertador en su defensa expresando que “al pueblo de Bolívar no lo para sanciones de ningún imperio”, y la propia fiscal imputada en la lista, las calificó de insolentes.
Ya la comisión de diputados norteamericanos en la que se presentó el proyecto de ley la aprobó e irá a la cámara en los próximos días, así que lo que debe estar en plena efervescencia de ventas son palanganas para poner las barbas en remojo.
Por otro lado, Human Right Watch afirma que durante las protestas en Venezuela el gobierno de Maduro ha violado los derechos humanos, postura que también ha puesto sobre la mesa las Naciones Unidas, así pues que el gobierno de Maduro está en entredicho. No tiene credibilidad internacional y, lo que es peor, como tampoco tiene recursos económicos para seguir comprando voluntades, está entre la espada de la justicia y la pared de un pueblo que está harto de ser maltratado.
Además, está el tema de las universidades. El acoso que ha estado recibiendo el mundo universitario, sobre todo la Universidad Católica Andrés Bello, inclusive por parte de las comunidades vecinas –a las que la UCAB ha atendido con solícita entrega durante años– clama por decencia. Son estas protestas producto del calentamiento político del grupo de chavistas que, desconociendo lo que las instituciones privadas hacen por el pueblo, les ponen grabaciones de los cantos de sirenas que el gobierno ha estado tocando desde hace tres lustros y con eso bailan los inocentes encamisados de rojo.
Venezuela está hirviendo. Lamentablemente hirviendo. Y ese hervor salpica todo lo que está alrededor. Se escalda a todo el pueblo, se quema el gobierno, se destapa la olla de la corrupción, se ponen en evidencia lo que desde hace tanto tiempo se destaca en los medios de comunicación: la podredumbre de una nación.
Las voces, proclamas y protestas de los estudiantes han levando –una vez más– el velo que cubre los ojos de la comunidad internacional y, por lo visto, las acciones que han hecho los venezolanos en Washington han demostrado que existe, al menos, capacidad de ocuparse de los asuntos de un país que, desde hace mucho, clama por justicia.
Los funcionarios, los secuaces de esos funcionarios, los políticos advenedizos en sus compases finales, deben tener en cuenta que por mucho que se esfuercen en ocultar sus fechorías, están quedando al descubierto, este día que es el menos pensado.

sábado, 3 de mayo de 2014

El chavismo y la libertad de prensa

Van quince largos años en los que el chavismo ha hecho de las suyas con la prensa y sus libertades de expresión, información y opinión. Ha pretendido, matando al mensajero, acabar con el mensaje. Se ha ocupado el chavismo de hacer lo que Goebbels hizo con el pueblo alemán en tiempos del nazismo: hacer propaganda de las victorias del gobierno.
Así, la larga exposición de motivos chavistas no ha dado paso a acciones de gobierno. Sólo una expresión absurda de improperios y vejaciones a los ciudadanos que se atrevan, en su legítimo derecho a opinar, disentir del gobernante y sus acólitos.
El chavismo asumió desde el inicio de sus mandatos en 1999 posiciones contra el derecho a la información, el derecho a réplica y la libertad de creación de los medios de comunicación. Algunos apuntes para las memorias frágiles:
  • La manipulación que hizo Chávez al Tribunal Superior de Justicia –una panda de ‘si-oui’– para que declarase improcedente la solicitud de derecho a réplica exigida por Elías Santana. Un hecho que convirtió a Chávez en un ciudadano especial y diferente al resto de los venezolanos.
  • Los ataques a los distintos medios de comunicación empezando por ‘Así es la Noticia’ al poco tiempo de estar aprobada la Constitución de 1999.
  • La revocación de la concesión de señal a Radio Caracas Televisión como acto de venganza personal contra Marcel Granier por el apoyo que éste dio al paro nacional de 2002-2003.
  • La expropiación y revocación de concesiones a casi 300 radio emisoras.
  • La reciente, y esto es con Maduro, negación a otorgar divisas para la importación de papel que ha llevado a la prensa venezolana a reducir significativamente la tirada de sus periódicos.
  •  Los ataques a las residencias y vehículos de periodistas.
  • Las interminables cadenas de radio y televisión arengando y manipulando al pueblo. 
  • El declarar que lo que dice la prensa de investigación sobre diferentes casos es gestado desde esferas extrañas a las propias venezolanas o, en el peor de los casos señalar, cometiendo de esa forma el delito de calumnia, a periodistas y editores de estar conspirando contra la institucionalidad.

Si bien es cierto que la libertad de prensa es el primer foco sobre el que los gobiernos atacan cuando saben que no tienen la razón y no la quieren hacer saber al pueblo, el caso de Venezuela en tres lustros será ejemplo tanto para las clases de periodismo, como de derecho de la información. Porque si algo deben aprender las generaciones que están en formación es que los derechos fundamentales, entendidos como libertades, pasan después del derecho a la vida por la libertad de pensar, de opinar y de expresarse y es el periodismo el primer garante de esas libertades.
Así pues que el chavismo, con su larga tradición de persecuciones y vejaciones al periodismo, se erige como abanderado del silencio, de la manipulación y de la creación de una verdad falseada, caricaturizada y lo que es peor, enceguecida por su propio ego. Un ego que se encarna hoy tras un bigote de supuesta bonhomía, pero que sordo como está, no deja prosperar a un país que se cae a pedazos. 

sábado, 26 de abril de 2014

El acento en lo ciudadano

A la Dra. Luisa Elena Vegas
Escribir de los entuertos del gobierno de Maduro, de sus patanerías y altisonancias ya no tiene sentido. Es un gobierno que está muriendo en su propia inacción, empantanado en una inflación que da grima, con niveles de inseguridad nunca alcanzados y, con una bravuconería gubernamental que clama por un poco, aunque sea un poco, de decencia.
Tampoco escribir de la oposición tiene mucho sentido hasta que no se sientan como una sola, hasta que no asuman que el país o se sienta en la mesa de diálogo y se ajustan cuentas, o se seguirá en una diatriba imposible de comprender, insensible y lo que es peor, arrastrando todo el esfuerzo de años al albañal, porque al garete ya está.
Esta vez, la columna la dedicamos a la Dra. Luisa Elena Vegas y sus sabias enseñas. Maestra, preclara en la educación venezolana y, sobre todo, faro luminoso que guía y sigue con sus más de 90 años batallando por sus educandos como lo ha hecho desde 1945. Dijo en un vídeo hace 6 años: "(...) nos corresponde actuar, movilizar a la opinión y defender nuestros derechos. La lucha es ahora cuando comienza y no se maneja con emociones. La meta son los valores individuales y ciudadanos. El instrumento, la inteligencia”.
Pues sí. El instrumento para esta lucha sin cuartel, para estas muertes insólitas, para esta hambre de ciudadanía, es la inteligencia. Se trata de pensar en el otro, en los otros como un colectivo indispensable para hacer, para ser y para estar en un país.
Venezuela está hambrienta de ciudadanía, de sentido común, de pensar en que la casa es de todos y los recursos son para todos. Las colas para abastecerse de alimentos, de todo lo que  pueda cada casa, no tienen sentido. Ya se sabe, es vox populi, que si llega aceite a un mercado, no es que se busca una botella que satisfará las necesidades por mucho más de una semana. Se coge una caja completa, 12 botellas para almacenarlas, por si acaso el día menos pensado no hay más aceite. Y si mañana se tiene oportunidad de comprar otra caja más, mejor… así a lo bestia, sin pensar que habrá alguno que no llegue a tiempo a la cola de la rebatiña y se quede sin nada.
Defender los derechos pasa, como bien apunta en sus lecciones la Dra. Vegas, por el sentido de lo que nos es común, por el compromiso con todos. No es que yo destaque por mi viveza y tenga alimentos guardados bajo la cama para un año. Se trata de compartir y de pensar con sentido crítico y con sentido de país, de patria, de ciudadano.
Así está Venezuela. Los que están en el poder, los chavistas, se cogen –agarran– todo lo que pueden. Han ido amasando una colección de dinero y propiedades a lo largo de estos quince años porque saben que cuando dejen el poder no tendrán más paz. Van así, como quien busca una caja de aceite, acumulando sin pensar en que las arcas las han ido vaciando por imprudentes en la inversión por una parte, por despilfarradores por la otra y por corruptos por la tercera.
Un modelo que se repite en toda la escala social. Toda. Nadie se queda fuera del modelito de la riqueza distribuida a camionadas, en cajas, en un abuso vergonzoso de lo que es de todos.
En el otro blog que llevamos, escribimos ‘La casa por turnos. Unas líneas que reflejan cómo podría ser el sentir de Venezuela si ese país fuera una casa. Cómo sería la convivencia si los venezolanos tuvieran una sola casa y la habitaran por turnos. Pues bien, así como la Dra. Vegas nos aconseja que los valores son los individuales y ciudadanos, habrá que poner el acento en lo ciudadano, porque en lo individual Venezuela está sobrada, muy sobrada.

sábado, 29 de marzo de 2014

Venezuela en el callejón

La Venezuela de 2014 es, sin lugar a dudas, el producto de 15 años de atropellos,  vejámenes políticos, sociales y económicos. Desde que el chavismo se erigió con el poder, la coyuntura venezolana ha estado marcada por una permanente persecución. Señalamientos, despidos masivos por televisión, cierre de empresas, expropiaciones. Desatención social, manejos políticos de los asuntos internos de las universidades públicas, despropósitos hacia la salud con miras a controlar y tener bajo la supervisión de un Para-Estado a los ciudadanos, en fin, un largo etcétera que el lector más acucioso sabrá completar.
Ahora, ¿qué se vislumbra? Si se hiciera un análisis prospectivo, ¿qué le depara a Venezuela?
Lo que le espera a Venezuela es el estancamiento productivo. Luego de enormes cantidades de expropiaciones con su posterior parálisis industrial, desmantelamiento del empleo, Venezuela se ha convertido en un emporio empresarial fantasmagórico.
Con esa filosofía industrial que sembró el finado Chávez y ha continuado su delfín Maduro, es muy poco probable que se puedan atraer al país caribeño las inversiones necesarias para restaurar al aparato productivo venezolano. Ergo, para generar empleo que no sea directamente vinculado al Estado. No se trata el modelo chavista de un sistema soviético de producción controlado por el Estado. El modelo es de no-producción, de dependencia del erario público en todos los sentidos y en explotar al máximo los recursos de la casi única empresa del país: el petróleo.
Con esos mimbres industriales, le espera a Venezuela tener que sortear un futuro construido sobre la base del populismo con unos recursos cada vez más menguados. Así, el futuro es de un desabastecimiento mayor o, mejor dicho, controlado por el gobierno basado en lealtades político-regionales. Si me sigues y votas, te suministro alimentos. Si no lo haces, te reprimo con escasez.
Sumada a esa condición de mengua-tortura-colectiva, la delincuencia se instaló como forma de obtención de recursos personales o, en el peor de los casos, como manera de mantener un modo de vida vengativo. De esa forma, la sociedad está en permanente toque de queda civil, en guarecerse bajo llave y rejas para tratar de sobrevivir o llegar vivo al día siguiente. Mientras menos se exponga el ciudadano, más posibilidades tendrá de sobrevivir. Un sistema que le ha convenido al gobierno. Las cifras de muertos por causa de la violencia en Venezuela son alarmantes: 17.600 en 2010, 19.336 en 2011, 21.000 en 2012, 25.000 en 2013.
Ese criterio de control permanente, necesita unos niveles sociales de confrontación. Se necesita a un enemigo, alguien a quien culpar de todo  para generar cortinas de humo mediáticas en todo momento. Un enemigo a quien gritarle a través de los medios, alguien a quien odiar. Ese enemigo es la oposición. Un aquel indefinido, un monstruo de mil cabezas que ha sido opresor, feo, corrupto, malintencionado, adinerado, ubicado en un espacio social de antiguos privilegios. Es una especie de cabeza de Medusa gigante sobre la que fundar los miedos de mis seguidores.  Un criterio militar propio del sistema populista que se instauró en Venezuela y que se crece como levadura en la región.
Un control que pasa por un criterio de embrague-acelerador. La subregión latinoamericana permite estas actuaciones durante un tiempo al antojo del régimen chavista y luego, cuando es necesario guardar la compostura democrática de las naciones, se me hace desacelerar, tal y como hizo UNASUR este viernes pasado al decirle que baje la presión sobre la población. Antes, pocos días antes, fue la OEA la que no actuó y ¿por qué no lo hizo? Porque los intereses económico-dadivosos al CARICOM y a algunos países andinos es mayor, se juega mucho cada vez que se meta el embrague. Para la OEA todo es acelerador. Para UNASUR, a veces son de embrague. Las formas de la política internacional del populismo son así. Un día acelerador, otro embrague.
El panorama venezolano no es alentador tampoco a causa de la oposición. Atomizada como esta luego de los esfuerzos de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), se han desdibujado tras ocho años de trabajo tesonero frente a las comunidades de vecinos  los gobiernos regionales, de largas caminatas a todo lo largo y ancho del país por parte de ‘El Flaco’. La aparición urgida de protagonismo de Leopoldo López y de María Corina Machado han dado al traste con la labor de conquista de votos que hizo Capriles, el verdadero abanderado ante las urnas electorales por la oposición. Atrás quedaron las buenas-voluntades de las elecciones primarias y el retratarse juntos. Era necesario para las apetencias de los opositores tener su rato de figuración.
Todo un esfuerzo de años sostenido por quienes sembraban su esperanza en la democracia, se ha ido por el caño. Y con ello no nos referimos a los jóvenes que han puesto su acento en tratar de alcanzar y poner en alto sus reclamos muy justos. Nos referimos a las estrategias fallidas en materia política por parte del liderazgo que no pudo reprimirse más y dejó que sus ansias de poder salieran a la luz.
Eso le espera a Venezuela. Más confrontación, más exclusión, más problemas. No hay espacios para la ilusión. No hay de dónde asirse a menos que, de verdad se llegue al diálogo, a los acuerdos necesarios para desmantelar al chavismo con inteligencia, con las vías que la democracia y las leyes permiten. De lo contrario, Venezuela seguirá en ese callejón oscuro que ha construido el chavismo durante tres lustros de ejercicio del poder.