El blog de Max Römer: Matar al mensajero o ¿dónde está el volante?

domingo, 6 de octubre de 2013

Matar al mensajero o ¿dónde está el volante?

La escasez en Venezuela es comidilla que alimenta, al menos, las conversaciones. Como no hay montones de rubros, la gente pues, habla de lo que hay, dónde lo consigue, si la próxima vez me avisas y vamos juntas a comprar así, a lo mejor ¡mijita! podemos tener las dos algo que llevar a la casa. Como se trata de un mundo así, como me decían un par de cubanos hace 20 años, que el día que hay dentífrico no hay con qué ensuciarse la boca, los medios de comunicación se hacen eco de ese estado de indefensión.
Visto lo visto, viene el todopoderoso Maduro y le dice a los medios de comunicación que si siguen armando guachafita sobre el tema de la escasez, los cierra y punto. Matar al mensajero, pues. Una medida harto democrática, de esas a las que está acostumbrado el pueblo venezolano. Para seguir en democracia, esa del siglo veintiuno, Maduro hace acciones que dejan impresionado a cualquiera que no sea del área tropical: les subió el sueldo a los militares, por si algún lector ha pensado en que un golpe de derecha es una solución. Ya antes les había obsequiado nuevos automóviles, ahora, para que les pongan gasolina, les sube el salario. Así, no podría haber montoneras de esas como las que armó Chávez en el 92 con aquellos secuaces que hoy, muerto el comandante, están gozando del poder.
Para más, sin dejar nada en el tintero, Maduro va este próximo martes 8 de octubre a pedirle a la Asamblea Nacional que le otorguen una ley habilitante, es decir, poderes plenipotenciarios para hacer lo que le dé la gana porque a él, eso de tener que someter a una banda de diputados, dentro de los que están algunos de la oposición, eso le da fastidio, le aburre. Él prefiere las cosas ya, ya. Luchar contra la corrupción con una ley, acabar con el narcotráfico a cañonazos, terminar con el hambre con un cheque. Así, a lo bestia, tal y como le decían al comandante en sus eternos programas “así, así, así es que se gobierna”.
No le bastan las expropiaciones que no han servido más que para incrementar el hueco fiscal del gobierno, puesto que no producen nada las empresas arrebatadas de mala forma a quienes daban trabajo y generaban bienestar; no le basta con que las relaciones con las FARC y sus vínculos con el narcotráfico están de lo más comprobadas y hasta televisadas en aquel rescate a Clara Rojas. Ahora, en ese efectismo que les encanta a los chavistas cuando están delante de un micrófono, apuesta por una moral alta, por valores éticos y ofrece derribar aviones, multar, en fin, el muchacho bueno de la partida, el paladín de la justicia, el abanderado de la verdad, el que abrirá nuevas oportunidades en ese estilo bárbaro que tiene de gobernar.
Un manual de institucionalidad, un marco jurídico respetable, la depuración de los aparatos de seguridad del Estado, la inversión en la formación de maestros junto a la adecuación de la infraestructura educativa, la revisión de las condiciones de la infraestructura de salud, la descentralización bien ejecutada de la administración pública, la adecuada inversión en el agro, la inversión en la modernización del aparato productivo, en eso es que tiene que trabajar Maduro. Dejarse de inventar fuegos artificiales y de aparecer en los medios de comunicación por mantenerse en campaña.
Con Chávez muerto, la mejor forma de honrar su memoria, si es que honra merece, es construir ese socialismo vigésimo primero desde lo que dice el texto de la constitución que el propio comandante mandó a escribir. Si se empieza por ahí, por la comprensión de ese texto, por la separación de los cinco poderes –léase bien cinco– ejecutivo, legislativo, judicial, moral y electoral, Venezuela podría ser un modelo de gestión y democracia. Pero… tiene a un chofer de autobús que no sabe dónde está el volante del país.

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