El blog de Max Römer: La universalidad del conocimiento no es chavista

lunes, 1 de julio de 2013

La universalidad del conocimiento no es chavista

El chavismo es digno de estudio. No por sus logros, sino por sus manipulaciones. No es que sea un ejemplo mundial de eficiencia, sino de poder convertir, a la manera del toque de Midas, todo lo que no reluce en oro revolucionario. Ejemplos hay a diario. Chávez los hacía en sus cadenas y Maduro trata a como dé lugar, de hacer lo mismo.
Estos días de revoluciones (sugerimos leer el artículo de la revista The Economist titulado ‘The march of protest’ June 29th – July 5th 2013), en que cualquiera de nosotros es capaz de enarbolar movimientos sociales tan impresionantes como la revolución del proletariado o la caída de la URSS, el chavismo podría tener sus días contados si no se percata de que esas manipulaciones permanentes no son sino pan para hoy y hambre para mañana. De esos ejemplos tomemos las universidades. Los universitarios están furiosos y con razón. Son años de estudio y preparación, montones de horas invertidas en investigación, difusión de lo investigado, docencia ¿para qué? Para ser maltratados por el régimen con salarios de risa o tal vez por la risa que dan los manejos económicos es que han quedado reducidos a una mueca de terror. Tienen razón de protestar, de ponerse en la calle, de no dar clases, de sumar a los estudiantes a las manifestaciones. Pero, como todo el chavismo es así, contrario a los intereses del grupo opuesto a ellos, van y hacen una contramanifestación apoyando a la universidad que se tiene, esa de los recortes, esa de las carencias porque la creó el padre de la universalidad: Hugo Rafael I.
¡Qué maneras de manipular! Si se observan el índice de la universidad creadas por el chavismo (poner hipervínculo), aparece en los últimos lugares de competitividad internacional y, si vemos los de las universidades en paro, observamos que están mejor situadas que las inventadas por el comandante. ¿Por qué? Porque para hacer universidad se necesita voluntad de transformación de lo existente, no favorecer al profesorado por usar una camiseta roja. Estudiar y enseñar es un  proceso de esfuerzos, de intercambio, de observación del conocimiento universal, desde todos los puntos de vista, no sólo desde los postulados de Mao o de Marx y más recientemente Fidel o Chávez. Hay que entender que el mundo es también de Adam Smith y de los literatos de la vanguardia latinoamericana, tanto como los clásicos del siglo de oro español, o que el pensamiento matemático es evolutivo y necesita el manejo de los números que los árabes legaron a occidente o que la física y la biología son parte de la esencia del ser humano.
Para el chavismo la universidad es declarar universal al pensamiento de Chávez y poco más. Es como si mirar los vídeos de sus proclamas sea suficiente para entender que vida, universalidad y revolución son una misma cosa. ¡Craso error! ¡Ha perdido su tiempo señor estudiante! ¡No se crea esas mentiras señor profesor!
La formación universitaria requiere de intercambio, de que profesores y alumnos se paseen y detengan su mirada por el mundo de la academia, de la disertación, el diálogo, de la lectura sosegada y contrastada y, una vez hecho eso, hacerse las muchas preguntas necesarias para observar que no se tiene la razón, sino sólo una parte de ella.
Así pues, que una vez más, desde esta tribuna virtual, nos sumamos a las protestas de los profesores universitarios venezolanos, a las preocupaciones de los alumnos por la universalidad del conocimiento, por una clara exposición de motivos que no termine como siempre en Simón Bolívar, el árbol de las tres raíces o la abuela de Chávez como hija de Maisanta. ¡Basta! La falta de respeto y de consideración hacia quienes forman y hacen patria no puede ser tachada desde la tarima presidencial como si ese escalón fuese el que diera pie a la comprensión y designación del discurso patrio. ¿Qué cosa es esa? ¿Quién dijo que los mandatarios colorados o de cualquier otro color son los que determinan qué es gentilicio y qué no lo es?
La venezolanidad pasa por la de comprensión de universalidad. De esa cosmogonía propia de la mezcla de razas producto del mestizaje posterior a la llegada de los españoles a tierras americanas y, con ellos, los negros del África que junto a los indígenas hicieron a esa tierra multicolor, tanto como lo son las definiciones de los colores del café -16 en total- en su amalgama con la leche, ni más, ni menos que eso, mezcla de culturas y saberes, ni mejores, ni peores, saberes.

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