El blog de Max Römer: julio 2013

sábado, 27 de julio de 2013

¿100 días? ¡Más de 200!

Este gobierno de Maduro, de la celebración o conmemoración faraónica del cumpleaños del Chávez mezclado –como siempre quiso e hizo– con el natalicio de Simón Bolívar, así, como si se tratara de tiempos napoleónicos, Nicolás Maduro arriba a más de 200 días mandando. Unos le llevan la cuenta desde las elecciones de abril y así suma 100, otros se la llevamos desde el día que Chávez lo dejó en la silla presidencial.
¿Ha hecho alguna cosa buena? Ninguna. En más de 200 días ha escindido más a los venezolanos, ha descalificado a nacionales e internacionales, ha demostrado fehacientemente la relación estrecha del gobierno chavista con los hermanos Castro, no ha mejorado la economía en un ápice, al contrario va a dejar por 12 horas al país sin posibilidades de divisas, no bajan los índices de delincuencia, ni se ha mejorado el sistema asistencial o educativo. Nada, solo más de lo mismo, del mismo deterioro rampante. De eso si hay.
Hay una crisis de suministros de todo tipo hasta convertir a Venezuela en un hazmerreir por la ausencia de papel higiénico, uno de los pocos ámbitos de intimidad de los venezolanos quedó reducido a una exposición colectiva de carestías. Maduro ha demostrado una incompetencia aún mayor que la que tenía Chávez. Ha dividido a su partido y juegan a la hermandad frente al cadáver al que le llevan cuentas de ausencia y mantienen veneración extrema, mientras entre ellos mismos, se apuñalan por la espalda tratando de obtener tajadas de poder y favores de los Castro, de Cilia o Nicolás.
Hace campañas para demostrar su propia soledad en el poder sin percatarse de que ese discurso le aleja del pueblo y le pone como referente de un espacio de tristeza y luto por la partida del comandante en lugar de brillar con luz propia.
Si vemos la historia desde las relaciones internacionales, su único logro –que no es más que un acto de adulación- ha sido el tener la presidencia in pectore del Mercosur y eso gracias a que Paraguay tiene conflictos que le han alejado del mercado del subcontinente latinoamericano. De resto, más comedia y posibilidades de que los medios internacionales observen con horror y estupor cómo aquella Venezuela de las telenovelas y los petrodólares se convierte en referente geográficamente marcado.
Maduro no hace ni ha hecho nada en 213 días en el poder. Si la virulencia con la que maneja su discurso es la que mantendrá los próximos 5 años y 265 días que le restan, habrá que hacer oídos sordos y la ciudadanía tomar las riendas de su futuro en las municipalidades en las próximas elecciones de 8 de diciembre. Tocará gobernar desde la base y no desde la cúspide. Hacer caso omiso a lo que se replica en los medios de comunicación chavistas, ya casi todos ellos y eso, tomar la vida por las barbas, hamaquearla hasta que despierte y emprender ese país de futuro que alguna vez fue Venezuela.
Los líderes políticos de la oposición, todos como un solo hombre, deben dar esas luces al pueblo que se siente opositor al oprobio y dar la lección que una vez dieron los libertadores tal y como reza el himno nacional “seguid el ejemplo que Caracas dio”... porque Maduro hará lo que sea por mantener cortinas de humo para que el pueblo que le queda, siga creyendo en el mandato de Chávez, ese momento en que lo ungió como su hijo político.

     

domingo, 14 de julio de 2013

Más para la agenda setting de Maduro

              En la república de Maduro, esa morisqueta del chavismo, los logros se miden por los desaciertos de otros. Un ejemplo es el ingreso de Venezuela al Mercosur por la ausencia de Paraguay que siempre se negó a que Chávez perteneciera con su chorro de petrodólares a la unión de países del Cono Sur. Sus razones tienen los paraguayos. Depender de una potencia en ingresos y una vergüenza en manejo de los dineros es un problema, máxime cuando de economía se trata. No sería Venezuela una locomotora impulsora del desarrollo de los pueblos de América Latina, sino una especie de yunque de izquierdas trasnochadas, fanfarronerías convertidas en regalos y lastre hiperinflacionario.
Pero, como de todo hay en las viñas de América Latina, van los países y le hacen gracias a Maduro, le danzan alrededor, le ponen una bufanda tricolor al presidente pro tempore y… ¡zas!  Petrodólares para todos.
Va sumando Maduro cosas para su agenda. Tiene la cortina de Snowden -que le ha durado muy poco porque el norteamericano sabe que sumarse a esa comparsa no le compensa-, tiene ahora al Mercosur, tiene a Nelson Bocaranda con la brida corta por el simpe ejercicio de la información veraz, tiene los vídeos con la voz de Chávez y su autobús vacío, tiene una ministra de defensa que se retrata con Raúl Castro rapidito para que se le vea el hueso revolucionario y no el compromiso con salvaguardar a la nación que debe resguardar, en fin, va tapando huecos informativos con distractores variopintos.
Mientras tanto, así como en los cuentos de hadas, los elementos que debe atender de verdad, duermen en las gavetas (cajones) de su escritorio (despacho) para el día que se le ocurra trabajar, tal y como acampan en las mazmorras los benefactores de las princesas.
La agenda de Maduro se va llenando de tapaderas, de cortinas de humo especializadas en ocultar la verdad, así como hizo Chávez. Cada vez que se le enredaba el papagayo (cometa) se inventaba una cadena de radio y TV para despotricar del imperio, echarle la culpa a la democracia –aunque él mismo superara los diez años en el poder-, prometía villas y castillas a quienes le siguieran con fervor, lanzaba lemas de hambre y lealtad, en fin, puro chavismo a la medida de la corrupción que le acompañó.
Lo de Maduro es una agenda llena de humo. Una muestra de los desastres de su gobierno, de los disparates que se le ocurren y dice con certeza de ignorante. Por detrás van ganando terreno los opositores. María Corina Machado hizo un tour de éxitos por España y Estados Unidos. Henrique Capriles le ronca en la cueva con su programa de TV y con el desmontaje de la agenda. Leopoldo López va desenmascarando realidades aunque le cueste estar perseguido (como están todos los venezolanos que no se enfunden una camiseta roja).
El país que está al sur del Caribe y al norte de América del Sur colapsa. Solo insuflará su pecho orgulloso cuando los facinerosos y sátrapas descubran que la democracia no son votos, sino respeto, honorabilidad y construcción de ciudadanía. Cuando esos sujetos se entreguen a la justicia, devuelvan lo sustraído de las arcas de los erarios públicos y, avergonzados, pidan perdón y cumplan condena. El día que eso ocurra Venezuela será un país de verdad y así, podrá sumar y sumarse al Mercosur, debatirse entre iguales con la Unión Europea y ponderar sus posibilidades. Solo entonces…

martes, 9 de julio de 2013

Maduro y su cortina de Snowden

En estos días se ha visto cómo el caso de Edward Snowden se ha convertido para Nicolás Maduro es su perfecta cortina de humo o de snow. A falta de todos los elementos básicos para la alimentación, a falta de seguridad personal y con los cambios de militares propios de la temporada prevacacional, el ex agente de la CIA se convierte en paladín de la justicia, en abanderado de la verdad y, por sobre todo, el mejor elemento para enfrentarse al imperio “mesmo”. Una estratagema que parece dictada desde el inframundo por el diablo colorado de Chávez. Más o menos el mismo guion que con Assange, con la ventaja de que por twitter el gringo parece que aceptó la invitación de recibimiento heroico que le va a dar Maduro a Snowden.  
No cabe más en la pantalla que hacer preguntas. ¿Y el papel higiénico? ¿Y los muertos por la inseguridad ciudadana? ¿Y la productividad en mínimos? ¿Y las faltas a la integridad institucional? ¿Y la gente que anda por la calle luciendo camisetas rojas que llevan escrito que se hizo fraude en abril con su cara muy lavada?
El caso de Snowden da para mucho. Si bien algunos países lo consideran como la revelación necesaria para desconfiar del gobierno de Obama, otros por el contrario consideran que su falta de integridad en el trabajo es digno ejemplo de cómo deben ser los contratos laborales. Los más consideran que se afecta el derecho a la intimidad, otros a la seguridad de los estados y, los más acérrimos seguidores de los derechos a la información lo ponen en el altar de los defensores de ese derecho.
Una vez más el oportunismo de Maduro sale a florecer. Flota sobre todo lo podrido para lucir su bigote renegrecido y convertir al socialismo del siglo XXI en la plataforma de transformación “legítima” que llevará a la humanidad a ser gobernada por gente de bien, que solo cree en la bondad y la belleza de las formas. ¡Pamplinas y paparruchas!
¿No ha perseguido el gobierno de Chávez y de Maduro a todos aquellos que se atrevan a disentir? ¿No tiene presos políticos que se pudren en las cárceles después de puente Llaguno donde el propio Maduro era uno de los pistoleros? ¿No siguen los venezolanos clasificados entre los afectos/pueblo y los opositores/escuálidos? ¡Más pamplinas! ¡Más paparruchas!
Maduro, si es que twitter no le está jugando una mala pasada, está preparando las bases para una supuesta reivindicación de la vida civil de los pueblos oprimidos (parte de la estrategia bolivariana) sobre el malévolo sistema imperial encabezado hoy día por los Estados Unidos a los que representa como al tío Sam (en su campañita de recuerdos a Chávez) y prendiendo el ventilador para que salpique en otras naciones que en el pasado hicieron la política territorial de sus tiempos, no los que cursan.
Con Chávez muerto y con la popularidad en caída libre, Maduro necesita a toda costa sumar a sus secuaces de América Latina, llamar la atención del mundo periodístico, estar en las primeras planas al lado de Snowden y hacer ver al pueblo chavista que él, el hijo bien amado, tiene tomado por las barbas al poder de Chávez, Bolívar y toda esa historia patria acomodada y acomodaticia que tanto les gusta a Evo Morales, Cristina Kirchner, Daniel Ortega, a los hermanos Castro, Rafael Correa y el largo etcétera de líderes africanos y árabes y asiáticos.
La cortina de Snowden de Maduro enfriará algunos ánimos y terminará derritiéndose como tantas otras esperanzas en el país del chavismo.

lunes, 1 de julio de 2013

La universalidad del conocimiento no es chavista

El chavismo es digno de estudio. No por sus logros, sino por sus manipulaciones. No es que sea un ejemplo mundial de eficiencia, sino de poder convertir, a la manera del toque de Midas, todo lo que no reluce en oro revolucionario. Ejemplos hay a diario. Chávez los hacía en sus cadenas y Maduro trata a como dé lugar, de hacer lo mismo.
Estos días de revoluciones (sugerimos leer el artículo de la revista The Economist titulado ‘The march of protest’ June 29th – July 5th 2013), en que cualquiera de nosotros es capaz de enarbolar movimientos sociales tan impresionantes como la revolución del proletariado o la caída de la URSS, el chavismo podría tener sus días contados si no se percata de que esas manipulaciones permanentes no son sino pan para hoy y hambre para mañana. De esos ejemplos tomemos las universidades. Los universitarios están furiosos y con razón. Son años de estudio y preparación, montones de horas invertidas en investigación, difusión de lo investigado, docencia ¿para qué? Para ser maltratados por el régimen con salarios de risa o tal vez por la risa que dan los manejos económicos es que han quedado reducidos a una mueca de terror. Tienen razón de protestar, de ponerse en la calle, de no dar clases, de sumar a los estudiantes a las manifestaciones. Pero, como todo el chavismo es así, contrario a los intereses del grupo opuesto a ellos, van y hacen una contramanifestación apoyando a la universidad que se tiene, esa de los recortes, esa de las carencias porque la creó el padre de la universalidad: Hugo Rafael I.
¡Qué maneras de manipular! Si se observan el índice de la universidad creadas por el chavismo (poner hipervínculo), aparece en los últimos lugares de competitividad internacional y, si vemos los de las universidades en paro, observamos que están mejor situadas que las inventadas por el comandante. ¿Por qué? Porque para hacer universidad se necesita voluntad de transformación de lo existente, no favorecer al profesorado por usar una camiseta roja. Estudiar y enseñar es un  proceso de esfuerzos, de intercambio, de observación del conocimiento universal, desde todos los puntos de vista, no sólo desde los postulados de Mao o de Marx y más recientemente Fidel o Chávez. Hay que entender que el mundo es también de Adam Smith y de los literatos de la vanguardia latinoamericana, tanto como los clásicos del siglo de oro español, o que el pensamiento matemático es evolutivo y necesita el manejo de los números que los árabes legaron a occidente o que la física y la biología son parte de la esencia del ser humano.
Para el chavismo la universidad es declarar universal al pensamiento de Chávez y poco más. Es como si mirar los vídeos de sus proclamas sea suficiente para entender que vida, universalidad y revolución son una misma cosa. ¡Craso error! ¡Ha perdido su tiempo señor estudiante! ¡No se crea esas mentiras señor profesor!
La formación universitaria requiere de intercambio, de que profesores y alumnos se paseen y detengan su mirada por el mundo de la academia, de la disertación, el diálogo, de la lectura sosegada y contrastada y, una vez hecho eso, hacerse las muchas preguntas necesarias para observar que no se tiene la razón, sino sólo una parte de ella.
Así pues, que una vez más, desde esta tribuna virtual, nos sumamos a las protestas de los profesores universitarios venezolanos, a las preocupaciones de los alumnos por la universalidad del conocimiento, por una clara exposición de motivos que no termine como siempre en Simón Bolívar, el árbol de las tres raíces o la abuela de Chávez como hija de Maisanta. ¡Basta! La falta de respeto y de consideración hacia quienes forman y hacen patria no puede ser tachada desde la tarima presidencial como si ese escalón fuese el que diera pie a la comprensión y designación del discurso patrio. ¿Qué cosa es esa? ¿Quién dijo que los mandatarios colorados o de cualquier otro color son los que determinan qué es gentilicio y qué no lo es?
La venezolanidad pasa por la de comprensión de universalidad. De esa cosmogonía propia de la mezcla de razas producto del mestizaje posterior a la llegada de los españoles a tierras americanas y, con ellos, los negros del África que junto a los indígenas hicieron a esa tierra multicolor, tanto como lo son las definiciones de los colores del café -16 en total- en su amalgama con la leche, ni más, ni menos que eso, mezcla de culturas y saberes, ni mejores, ni peores, saberes.