El blog de Max Römer: mayo 2013

sábado, 18 de mayo de 2013

Perseguidos por un torpe

Nicolás Maduro es un verdadero torpe. Tanto lo es que se delata en las acciones más criminales contra la democracia. Hay que ver la que ha montado al decir que sabe quiénes son los 900 mil que no le votaron en abril. Sabe quiénes son los chavistas que no le votaron, ¡hasta con números de cédula de identidad y todo! Ese casi millón de votos eran los que necesitaba para que le inclinaran la balanza un poco más a favor del chofer de autobuses.
¡Hay que ser torpe y bocazas! Se jura demócrata, lo proclama a los cuatro vientos y más tarde, luego de una investigación al CNE que supuestamente es incorruptible, capaz de proteger el secreto del voto, el mejor sistema electoral del mundo va y le dice a los venezolanos a través del canal oficial, oficioso y oficialista que sabe quiénes son esos que no le votaron.
Con Nicolás Maduro va a tener Venezuela una buena dosis de divertimentos de ese tipo. El hombre del mostacho si bien usa estrategias propias de los soviets cubanos, tiene una candidez que no tiene comparación. ¡Cónchale tirano! ¡Para ser dictador hay que ser prudente y actuar a la sombra! ¿No aprendió del comandante? ¿No se acuerda que actuaba rápido, a medianoche y con la complicidad de todos ustedes? ¡Qué torpe es usted!
Resulta que Maduro cree que va a amedrentar a los que no lo votaron. Las personas que, en su sano juicio lo consideran a Nicolás un atraso para Venezuela saben que se juegan el todo por el todo. Saben que al estar en las listas negras del madurismo les va a ir tan mal como cuando Chávez tenía a siete millones anotados, señalados y vejados.
¿Qué les deja sin trabajo? ¡Gran cosa! Si los trabajos igual no dan para mucho porque Maduro abrió el grifo de la inflación y anda la chica de lo más campante por esas calles. ¿Qué los va a perseguir? ¡Gran cosa! Si entre los malandros que no dan paz ni con la miseria se vive tan mal que Caracas tiene el récord de asesinatos en el 2012 y va por el mismo camino con todo y que están lanzando a toda la fuerza armada a las calles por donde habita la inflación.
Si en un mes oficial de gobierno –que son cuatro los que lleva– no ha hecho nada. No logra hacer nada porque no sabe cómo se gobierna. Sólo sabía corear aquellas consignas que le gustaban al líder: ¡así, así, así es que se gobierna! Y resulta que no se llevó el cuaderno para apunta cómo se hacía (aunque sí tenía la pluma de oro en el bolsillo de la camisa roja).
La democracia venezolana se tambaleó hace mucho. Dejó de existir cuando en el hemiciclo de la asamblea nacional dejaron pasar a ciudadanos cubanos a formar parte de la cámara de diputados, o cuando esos mismos diputados podían portar armamento consigo para debatir con los puños enfundados en manoplas sobre las narices de los opositores.
No existe la democracia venezolana tampoco cuando los poderes del Estado están plegado a lo que diga el presidente. Primero el de la verruga, ahora el del bigote. Muchas elecciones amañadas, esta es una más cuando se puede saber quién vota por quien. Desvelado el misterio no es de extrañar que sean los votos obtenidos por Maduro un error de las máquinas, es decir, que le dieron mal a una tecla y no salieron las cuentas como querían… porque los votos, muchos más de los que preveían, son de Capriles. Por eso es que no aceptan las auditorías. Las papeletas no corresponden, los votos no son. ¡Lo que son es una manga de ladrones! ¡Se robaron la voluntad del pueblo! ¡Timaron a todo un país y encima lo dicen!
Sin perdón posible. Sin alardes de democracia ya el planeta les dará la espalda, tal y como están empezando a hacer a aquellos países a los que, mal acostumbrados como los tuvo Chávez, les van a cobrar el petróleo al precio que es y no a ese de gallina flaca que tenían. Maduro, se te acabó tu cuarto de hora. Fin de la historia.

domingo, 12 de mayo de 2013

Nicolás’ reality show


Al descenso de la popularidad de Maduro
El coronel Cholalisa y la duquesa Sonrisa participantes del reality show de Nicolás Maduro se susurran porque saben que la cámara cenital les está grabando. Se hablan entre paréntesis (tal y como sale en las subtitulaciones de close-caption) para que la audiencia no se entere.
Coronel Cholalisa:
Busca entre tus cosas la ropita que usabas antes de la revolución. No nos conviene que nos identifiquen con el proceso. Nada de rojo.
El coronel busca afanosamente quitarse, gracias a las clases de logopedia, el acento marcadamente marcial que adoptó gracias al comandante.
Duquesa Sonrisa:
No te preocupes mi amor. Ya llamé a mi mamá y me dijo que tiene una maletica negra preparada con el nuevo look postrevolucionario.
La duquesa que se ha transformado por completo la carrocería gracias a las muchas intervenciones de cirugía plástica. Ni ella misma se reconoce en la foto de la primera cédula de identidad que sacó en la entonces República de Venezuela.
Piensan a dúo y en voz alta como en las telenovelas:
Esto de ser de la boliburguesía nos va a traer problemas. Es mejor disfrazarse de opositor o dejar las filas del madurismo antes de que nos confundan con estos arribistas.
Mientras tanto, en las muchas casas que votaron a Maduro en las elecciones, están pegados a la televisión viendo cómo el presidente acaba con la poca dignidad que les había dejado Chávez. Cuentan céntimos para ver cómo hacer frente a la inflación del último mes de abril que llegó al 4,3% y que suma y sigue a la del año 2012… Si antes era “¡Con hambre y desempleo, con Chávez me resteo! ahora la consigna es ¡Con Maduro, todo es más duro!
La cámara muestra al coronel Cholalisa y a la duquesa Sonrisa escapar del estudio de TV desde donde se hace el programa más visto de los últimos tiempos “Nicolas’ reality show”. La cámara los sigue hasta la puerta del canal de televisión. En eso el director desde su consola pone en pantalla la cámara montada en un helicóptero y los persigue. Ellos subidos a una Hummer roja que estuvo aparcada en un callejón, tratan de evadir la mirada atenta de los televidentes, cuando de pronto, Nicolás en persona, los salva con una cadena de televisión. En plena cadena aprovecha y le echa la culpa de los males que viven el coronel y la duquesa a la oposición, al día de la raza, al movimiento planetario.
Atrás, sobre las camas, la ropa colorada de los protagonistas reposa en desorden. Se quedan los bolsos de las marcas más afamadas, todos rojos, así como las blackberries rojas, las laptops rojos y todos los adminículos rojos especialmente fabricados para la boliburguesía.
Los espectadores, atónitos, se preguntan si será una clave, una nueva forma de hacer las cosas del chavismo para distanciarse del madurismo. ¿Será que hay que buscar en las libretas de teléfono (porque nunca se apunta el teléfono de un escuádilo en un Smartphone) y darle un toque a aquel amigo que dejó de serlo por órdenes expresas del comandante en alguna de las cadenas que hizo?
¿Será que la pauta es huir antes de que los de la oposición sean los que tienen la razón y nos hemos pasado los chavistas 14 años y tres meses enloquecidos con este reality show que no es sino eso, un mal programa de TV? ¿Será?

domingo, 5 de mayo de 2013

¿Qué se juega Venezuela?

Nada y todo. La respuesta es nada si se sigue con Maduro. Desde que Nicolás Maduro está en el poder y no nos referimos a este reciente mes de abril, sino como presidente encargado desde diciembre de 2012, la violencia se ha incrementado al paso de tener 7000 en lo que va de año, es decir, una muerte violenta cada 45 minutos.
Una violencia que traspasó los muros de la Asamblea Nacional donde se supone que el pundonor y las buenas formas son la base para el diálogo sobre lo que serán las leyes que regirán a los ciudadanos que viven en Venezuela. Una violencia que no se deja de lado ni para guardar silencio ante la muerte de algún ciudadano, sino que se considera que todos son sospechosos, hasta de votar por el opositor.
No puede esperar nada el venezolano, cuando el incremento de sueldo que le dio Maduro lo que ocultó fue un descenso del salario en más del 25%, o cuando no se pueden saber los resultados de las voluntades de los ciudadanos en las elecciones.
Si Hugo Chávez era de discurso fuerte y determinante al punto de imponer un modelo de país exportable a otros, Nicolás Maduro es un clon malo de la revolución, temeroso de sus cualidades y de quienes le rodean, fuerte solamente en la petición que dejara Chávez a los venezolanos. Un discurso que se agota a toda velocidad cuando la bandera que los cobija está hecha girones y son flecos los que les arropan a los chavistas: un diputado cubano -¿cómo se explica que se pueda ser diputado teniendo otra nacionalidad si la manoseada, vilipendiada y violada constitución dice que debe ser venezolano?- que agrede a otro diputado, una llamadera de embajadores a modo de amenaza a los países con quienes se tiene tratados internacionales, como si esas condiciones hicieran temblar los cimientos de las demás patrias.
No sabe qué hacer. Nicolás Maduro no sabe cómo gobernar, no tiene propuestas, se le vino la economía encima, la criminalidad, el partido, la asamblea nacional, el cne, el tribunal superior de justicia… todo. Está arrinconado por su propia incompetencia, por su principio de Peter, porque lo sacaron del jardín en que sabía mover que era ese donde había que olerle el trasero al comandante, ha demostrado que no sabe qué hacer porque se le descubrió tocándose con la punta de la lengua el diente roto.
Los secuaces, nunca mejor usada la palabra, de aquel Chávez que buscaba en cadenas nacionales su aprobación, hoy saben que han debido hablar en su momento, porque aquella actitud de NS/NC (no sabe/no contesta) les ha traído como consecuencia este desastre de ingobernabilidad.
La respuesta es todo si la oposición logra por las vías democráticas acabar con esta impunidad ante todo. La oposición se puso las pilas y ese es el todo. Un escrito de 155 páginas impugna el fraude electoral, claro estará por verse cuán comprados estén los magistrados del tribunal superior de justicia para que le den curso a la solicitud de impugnación, porque si una cosa tiene Capriles y todo el equipo que le acompaña es fortaleza, convicción y confianza en que lo que tienen entre manos no es un juguete, sino un país y todos sus 28 millones de habitantes, no solamente los más de siete que le votaron en abril.
La oposición se puso las pilas porque quienes están al frente de decisiones –aunque sea mínimas- no van a dejar la trinchera de lucha ni que les golpeen o desfiguren. No se dejan amedrentar, ni intimidar.
Basta de tonterías que el juego por una patria es todo o a la nada.