El blog de Max Römer: Expropiados de la tinta y el papel

domingo, 17 de marzo de 2013

Expropiados de la tinta y el papel



A los escritores y poetas venezolanos
Chávez se ocupó de llevar al garete a Venezuela. No sólo desde el punto de vista económico, social y político, sino moral y cultural. Le tenía tanto miedo a la cultura que la mejor fórmula que encontró de manejarla fue la castrista, no dejar que floreciera sino la cultura que fuera afecta al régimen.
En un artículo escrito por Gustavo Guerrero[1] para El País de España[2], se puede leer:
A la pregunta ¿qué literatura después de Chávez?, la respuesta, en la coyuntura actual, es, pues, una que busque afanosamente las palabras, las narrativas y los símbolos que nos devuelvan a todos el respeto, la sensatez, la tolerancia y el espíritu crítico; una que cree las condiciones mínimas para restablecer los vínculos comunitarios en una nación hecha pedazos.
Y lleva toda la razón. Basta con recorrer las librerías que otrora se ocupaban de llevar un surtido más o menos interesante de lo publicado en varias lenguas para que, después de tanta presión ni las librerías, ni las editoriales tuvieran mayor cosa que vender salvo lo que la revolución quería se leyese. Si bien se amplió la base de alfabetización y se ufanaba el mandatario de haberlo logrado, su propósito estaba muy claro: divulgar el pensamiento que solo a él le interesaba llevar al pueblo.
No hay perdón en esto. No hay posibilidad de dar a entender otra cosa que no fuera oprobio y odio hacia todo aquello que no fuese propio de la disciplina colorada. Así se gestó a toda una generación de personas, de ciudadanos desvinculados de la lectura múltiple, plural. Esa lectura que engrandece que hace noble a la gente.
Los propios escritores –si se expresaban opuestos a las ideas del presidente colorado– quedaron excluidos de los concursos literarios y, para no seguir quedando fuera, se autoexcluyeron para no sentir la vergüenza de saberse expropiados de la tinta y el papel.
Desolación e inoculación de un mensaje unívoco, equívoco al dejar la pluralidad fuera y, por si fuera poco, retrasado en una tierra que, por su diversidad también tenía que decir mucho y dejó de hacerlo. Un lector llevado a propósito al pensamiento revolucionario, alejado de las tendencias, sin posibilidades de contraste.
Anaqueles vacíos en las librerías, igual que en los supermercados. Una forma de gobernar que sí, dignificó al pueblo por tomarlo en cuenta pero lo dejó sumido en la miseria atroz de la ignorancia. Una miseria que para repararla requerirá de una reestructuración de la base cultural, el llamado a reconducir los criterios de las editoriales, la convocatoria a los escritores sentirse libres de expresarse. Dejó Chávez un hondo nudo en el pecho de quienes sabiéndose libres frente a las páginas en blanco, tenían la certeza de no poder llegar a las manos del lector.
Si se puede decir que Chávez dejó un legado cultural fue ese, la sustitución de las plumas por la suya. Solo la suya.




[1] Gustavo Guerrero es Consejero Editorial para Hispanoamérica en la editorial Gallimard de París.
[2] Guerrero, G. (13 de marzo de 2013) ¿Qué literatura después de Chávez? El País Digital. [En línea]  http://cultura.elpais.com/cultura/2013/03/08/actualidad/1362767093_120316.html, Consultado el día 16/03/2013.

No hay comentarios: