El blog de Max Römer: Chávez profeta

sábado, 9 de marzo de 2013

Chávez profeta


Ahora con Chávez momificado, ahora que se han mostrado los líderes con los que hizo amistad el “eterno” presidente, vendrán los tiempos de convertirlo en profeta. Las profecías de Chávez serán los modos que tendrá Maduro de gobernar.

El cuadro será así. Los asesores del gobierno de Maduro deben estar haciendo análisis de contenido a las intervenciones de Chávez. Sacarán textos audiovisuales y los catalogarán de acuerdo a las necesidades del nuevo líder de la revolución: “regaños a los correligionarios”, “saludos patrióticos”, “despedidas de trabajadores con silbato”, “insultos a países no cómplices”, “loas a las dictaduras”, “críticas a las democracias”, “cantos y bailes” y un largo etcétera.

Bastará entonces con que Nicolás Maduro les diga a sus asesores de lo que quiere hablar para que un texto audiovisual –sin contexto–  sea esgrimido como consejas del más allá preparadas por los del muy acá. Al pueblo se le mantendrá unido (al menos por ahora) con la magia de la televisión y las proféticas ideas del comandante Chávez.

Así, el gobierno de Maduro será como esos capítulos finales de las telenovelas. Se verán imágenes del recuerdo, momentos en los que se estrenaban los actores en esos besos apasionados sin convencimiento, hasta aquellos planos finales en que la cercanía de los días hacía que los protagonistas se sintieran cómodos en sus propios papeles.

A Maduro se le acercan los primeros cien días de gobierno. Esos en los que se hace balance de la gestión, esas jornadas en las que se ven los flecos. Son 90 días que lleva gobernando manteniendo en vilo a la prensa, a los ciudadanos, a los chavistas y opositores. Son 90 días en los que ha esgrimido al nuevo padre de la patria como bandera y razón, como faro y guía orientador de una gestión que, a todas luces, no dista en nada de su predecesor, pero que ha dejado un cierto tufo a circo sin cirquero.

Maduro, erigido presidente sin las formas constitucionales, jurando frente al cadáver disecado del comandante, empuñando la espada clon de El Libertador, sin todo el hemiciclo reunido para dar testimonio adecuado de tal hazaña heroica que significa violentar el hilo constitucional por capricho, mostrándose sin vergüenza, dando un golpe a la constitución, así se aventura a cerrar sus primeros cien días en el poder.
Vendrá el llamado a elecciones y seguramente el aura mágica del comandante Chávez con el cadáver aún caliente por la cercanía física del pueblo que le idolatra y hace largas colas para verlo vote por Maduro con quien el “pueblo está seguro”.

Serán días después de la elección en que se reconocerá al demócrata, al heredero de la revolución, al hijo bien amado… y vendrán las luchas intestinas de los militares contra los civiles, el hambre del pueblo aflorará, las arcas estarán vacías de tanta dádiva, los líderes que ayer le respaldaban le darán la espalda y le exigirán esos ingresos fantásticos que el profeta les daba.

Serán días en que el líder tras su caja de cristal será la referencia de un amor de patria, de un padre presente y días de un nuevo liderazgo que hará aguas pronto, sin carisma, sin capacidad de convocatoria. Será Maduro el líder de la retransmisión de los capítulos felices de aquella telenovela que un día se llamó la Venezuela de Chávez.

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