El blog de Max Römer: marzo 2013

domingo, 24 de marzo de 2013

Venezuela colonizada


Ya se sabe la calaña de persona que es Nicolás Maduro para gobernar. Una ristra de defectos lleva en los más de 100 días como presidente interino. Algunas muestras de eficiencia revolucionaria son suficientes para pensarse el voto a favor del exministro de Chávez. Por ejemplo, en el acto en que graduó a 6.000 médicos integrales comunitarios se entonó el himno cubano. Lleva el chavismo 14 años en el poder diciendo que el imperio no perpetrará la patria, que la colonización terminó gracias a Bolívar y viene el chofer de autobuses a entregar  Venezuela a Cuba. Una neocolonización. Venezuela está colonizada por dos ancianos cubanos y el entusiasmo pueril de Maduro lo permite. Una actitud que clama cualquier sentido responsable de llevar un gobierno. ¡Hay que barrer para dentro! ¡Nada de luz en la calle y oscuridad en la casa! ¿Qué es eso?
Maduro tiene desde el 10 de diciembre de 2012 encargado de la presidencia. Lleva más de 100 días en el poder y hay que ver lo que significa este individuo como presidente en campaña. Hagamos un recuento. Los actos de manejo de la muerte de Chávez: nadie sabe exactamente cuándo murió el presidente, de qué. No se ha visto un certificado de defunción. Se dijo que lo iba a embalsamar, luego que no. Finalmente no se sabe si está disecado, si está refrigerado, si lo van a enterrar en Barinas con su abuela. Nada salvo que está en el museo militar.
Después, los actos faraónicos del funeral de Chávez. Una manipulación del sentimiento de los venezolanos por la muerte de su líder que si sumamos a la manipulación por la muerte, ya sabemos quién lleva la campaña: el propio cadáver de Chávez.
Antes de que muriera Chávez (o lo mataran finalmente para efectos de la campaña) devalúa al bolívar fuerte. Una muestra de que la economía hace aguas y que hay que parcharla a toda prisa pero no se sabe cómo hacerlo sin que se note demasiado… por eso un funeral tan largo.
Cuando saltaron los 22.000 asesinatos que sumó el gobierno del difunto en 2012, hace la oferta engañosa de desarmar a la población para controlar el hampa… una respuesta que se intentó ofreciendo comida a cambio de pistolas y no sirvió porque es más fácil obtener la comida a punta de pistola.
Maduro también ha vendido los oídos de los venezolanos para que escuchen en su tierra el himno cubano, ha usado la espada de Bolívar como que si fuera él el heredero de un proceso democrático de votos con un permiso no se sabe de quién de dirigirse a la oposición con formas alteradas. Formas que eran de Chávez pero que en él lucen a frases hechas y dejan que se vea a un dirigente sin personalidad, sin carácter. Un clon malo.
Si seguimos sumando éxitos a este cantante de rock, no se puede olvidar que ha manipulado la constitución para ser él quien ocupe el interinato, en lugar del presidente de la Asamblea Nacional y hacer la campaña electoral ejerciendo el poder ejecutivo. Una muestra del talante autocrático de Maduro. Lejos está de ser un demócrata porque la democracia es la suma de las voluntades del pueblo en materia electoral y la independencia de los poderes del Estado para que haya sindéresis en el ejercicio de la gestión de un país.
En suma, si vemos estos más de 100 días de interinato tenemos que Maduro hará: menos democracia al no separar los poderes, un plan económico que dejará a los pobres sumidos en más pobreza, una caricatura del gobierno de Chávez, un genuflexo modo de entender las relaciones con Cuba, una manejo de los símbolos patrios a conveniencia, una lectura de la constitución a su medida, demagogia con las muertes por hampa. ¡Maduro es una ‘joya’!

domingo, 17 de marzo de 2013

Expropiados de la tinta y el papel



A los escritores y poetas venezolanos
Chávez se ocupó de llevar al garete a Venezuela. No sólo desde el punto de vista económico, social y político, sino moral y cultural. Le tenía tanto miedo a la cultura que la mejor fórmula que encontró de manejarla fue la castrista, no dejar que floreciera sino la cultura que fuera afecta al régimen.
En un artículo escrito por Gustavo Guerrero[1] para El País de España[2], se puede leer:
A la pregunta ¿qué literatura después de Chávez?, la respuesta, en la coyuntura actual, es, pues, una que busque afanosamente las palabras, las narrativas y los símbolos que nos devuelvan a todos el respeto, la sensatez, la tolerancia y el espíritu crítico; una que cree las condiciones mínimas para restablecer los vínculos comunitarios en una nación hecha pedazos.
Y lleva toda la razón. Basta con recorrer las librerías que otrora se ocupaban de llevar un surtido más o menos interesante de lo publicado en varias lenguas para que, después de tanta presión ni las librerías, ni las editoriales tuvieran mayor cosa que vender salvo lo que la revolución quería se leyese. Si bien se amplió la base de alfabetización y se ufanaba el mandatario de haberlo logrado, su propósito estaba muy claro: divulgar el pensamiento que solo a él le interesaba llevar al pueblo.
No hay perdón en esto. No hay posibilidad de dar a entender otra cosa que no fuera oprobio y odio hacia todo aquello que no fuese propio de la disciplina colorada. Así se gestó a toda una generación de personas, de ciudadanos desvinculados de la lectura múltiple, plural. Esa lectura que engrandece que hace noble a la gente.
Los propios escritores –si se expresaban opuestos a las ideas del presidente colorado– quedaron excluidos de los concursos literarios y, para no seguir quedando fuera, se autoexcluyeron para no sentir la vergüenza de saberse expropiados de la tinta y el papel.
Desolación e inoculación de un mensaje unívoco, equívoco al dejar la pluralidad fuera y, por si fuera poco, retrasado en una tierra que, por su diversidad también tenía que decir mucho y dejó de hacerlo. Un lector llevado a propósito al pensamiento revolucionario, alejado de las tendencias, sin posibilidades de contraste.
Anaqueles vacíos en las librerías, igual que en los supermercados. Una forma de gobernar que sí, dignificó al pueblo por tomarlo en cuenta pero lo dejó sumido en la miseria atroz de la ignorancia. Una miseria que para repararla requerirá de una reestructuración de la base cultural, el llamado a reconducir los criterios de las editoriales, la convocatoria a los escritores sentirse libres de expresarse. Dejó Chávez un hondo nudo en el pecho de quienes sabiéndose libres frente a las páginas en blanco, tenían la certeza de no poder llegar a las manos del lector.
Si se puede decir que Chávez dejó un legado cultural fue ese, la sustitución de las plumas por la suya. Solo la suya.




[1] Gustavo Guerrero es Consejero Editorial para Hispanoamérica en la editorial Gallimard de París.
[2] Guerrero, G. (13 de marzo de 2013) ¿Qué literatura después de Chávez? El País Digital. [En línea]  http://cultura.elpais.com/cultura/2013/03/08/actualidad/1362767093_120316.html, Consultado el día 16/03/2013.

sábado, 9 de marzo de 2013

Chávez profeta


Ahora con Chávez momificado, ahora que se han mostrado los líderes con los que hizo amistad el “eterno” presidente, vendrán los tiempos de convertirlo en profeta. Las profecías de Chávez serán los modos que tendrá Maduro de gobernar.

El cuadro será así. Los asesores del gobierno de Maduro deben estar haciendo análisis de contenido a las intervenciones de Chávez. Sacarán textos audiovisuales y los catalogarán de acuerdo a las necesidades del nuevo líder de la revolución: “regaños a los correligionarios”, “saludos patrióticos”, “despedidas de trabajadores con silbato”, “insultos a países no cómplices”, “loas a las dictaduras”, “críticas a las democracias”, “cantos y bailes” y un largo etcétera.

Bastará entonces con que Nicolás Maduro les diga a sus asesores de lo que quiere hablar para que un texto audiovisual –sin contexto–  sea esgrimido como consejas del más allá preparadas por los del muy acá. Al pueblo se le mantendrá unido (al menos por ahora) con la magia de la televisión y las proféticas ideas del comandante Chávez.

Así, el gobierno de Maduro será como esos capítulos finales de las telenovelas. Se verán imágenes del recuerdo, momentos en los que se estrenaban los actores en esos besos apasionados sin convencimiento, hasta aquellos planos finales en que la cercanía de los días hacía que los protagonistas se sintieran cómodos en sus propios papeles.

A Maduro se le acercan los primeros cien días de gobierno. Esos en los que se hace balance de la gestión, esas jornadas en las que se ven los flecos. Son 90 días que lleva gobernando manteniendo en vilo a la prensa, a los ciudadanos, a los chavistas y opositores. Son 90 días en los que ha esgrimido al nuevo padre de la patria como bandera y razón, como faro y guía orientador de una gestión que, a todas luces, no dista en nada de su predecesor, pero que ha dejado un cierto tufo a circo sin cirquero.

Maduro, erigido presidente sin las formas constitucionales, jurando frente al cadáver disecado del comandante, empuñando la espada clon de El Libertador, sin todo el hemiciclo reunido para dar testimonio adecuado de tal hazaña heroica que significa violentar el hilo constitucional por capricho, mostrándose sin vergüenza, dando un golpe a la constitución, así se aventura a cerrar sus primeros cien días en el poder.
Vendrá el llamado a elecciones y seguramente el aura mágica del comandante Chávez con el cadáver aún caliente por la cercanía física del pueblo que le idolatra y hace largas colas para verlo vote por Maduro con quien el “pueblo está seguro”.

Serán días después de la elección en que se reconocerá al demócrata, al heredero de la revolución, al hijo bien amado… y vendrán las luchas intestinas de los militares contra los civiles, el hambre del pueblo aflorará, las arcas estarán vacías de tanta dádiva, los líderes que ayer le respaldaban le darán la espalda y le exigirán esos ingresos fantásticos que el profeta les daba.

Serán días en que el líder tras su caja de cristal será la referencia de un amor de patria, de un padre presente y días de un nuevo liderazgo que hará aguas pronto, sin carisma, sin capacidad de convocatoria. Será Maduro el líder de la retransmisión de los capítulos felices de aquella telenovela que un día se llamó la Venezuela de Chávez.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Muere Chávez y ¿ahora qué?

Si existe un momento que se ha esperado desde hace mucho desde el punto de vista informativo ha sido el óbito de Chávez. Los medios de comunicación se han volcado a mostrar perfiles del militar venezolano, de su trayectoria como golpista y luego como presidente por la vía democrática. Unos lo han destacado como hacedor de patria y conteniente, otros como un desestabilizador y paternalista. El caso es que hoy 6 de marzo, la prensa entra se vuelca sobre la figura del extinto Chávez.
¿Qué viene ahora? Primero desobediencia a la constitución. Ya Elías Jaua, canciller venezolano, señaló que será Nicolás Maduro quien lleve la presidencia en esta etapa de transición, cuando le corresponde según el texto de la carta magna a Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional. Ya veremos qué clase de componenda le dan a esa decisión que, a todas luces, se ve como una estrategia del ala civil contra la militar en el chavismo.
Viene un despliegue de las fuerzas militares –siempre leales al régimen que no a la patria- por aquello de que es Diosdado quien decide los ascensos militares y, como le gusta tanto al mundo militar eso de lucir galones sobre las hombreras, estarán más atentos de lo que diga el presidente de la Asamblea Nacional que otra cosa. Ergo, vendrán persecuciones como las que ha vivido todo aquel que se haya opuesto al régimen de Chávez, pero esta vez, al estilo de los chavistas sin Chávez, es decir, en una recalcitrante forma de leer lo que el comandante alguna vez quiso decir en alguna de sus interminables cadenas que violaban el derecho a la información.
Viene también un tiempo en que la oposición se debe dejar de pensar quien es su candidato para las elecciones (que deben convocarse en el plazo de un mes de acuerdo a la constitución aunque ya veremos qué hacen los chavistas para crear una escaramuza) y volcarse sobre quien ha garantizado 6 millones de votos hace menos de 6 meses: Henrique Capriles Radosnki. Los demás, son figurantes que lo que lograrán es dispersar y confundir. ¡No se equivoquen!
Viene confusión para el pueblo. Chávez encarnó al padre ausente para millones de venezolanos. Era el padrino, ese tío cercano a la casa que representaba la figura masculina que tanto falta en los hogares y que, a través de la televisión, gobernó para esos corazones hambrientos del cariño no recibido por la irresponsabilidad masculina frente a los hijos. Para el pueblo chavista Chávez era todo, la patria, la comida, el amor, la ilusión y la esperanza. Viene tiempos en que los actores cómicos que dejó Chávez el 11 de diciembre mostrarán cómo es que llevan el guion adelante. Por lo pronto se ven  gritos destemplados haciendo caso omiso a la letra inventado un libreto de telenovela verdaderamente increíble como esa de la inoculación del cáncer. Haciendo llamados a la paz y desplegando armas para mantener el control y, lo que es más patético, mostrándose lacrimógenos ante la falta del líder.
Viene, como manda el protocolo, una larga lista de loas a Chávez, una larga lista de obituarios condoliéndose por la muerte del presidente, una revisión de las relaciones bilaterales entre los distintos países con Venezuela, el llanto de los países que recibían dádivas millonarias de parte de Chávez, los cobros de las facturas impagadas en esas promesas continentales y compromisos en que el rojo comandante metió al país del Caribe en ventas de petróleo a futuro.
Viene sacar cuentas y ver que el chavismo sin Chávez será más de lo mismo, más oprobio, más rencor y, por supuesto, más división.
Viene para la oposición un tiempo de mostrar el camino, de volcar sobre la mesa los restos del país y señalar que con los trozos se puede hacer mucho si todos, absolutamente todos, ponen su mente, su corazón y sus manos a la obra.
 

domingo, 3 de marzo de 2013

Una mentira dicha mil veces

Las mentiras, dichas mil veces según Goebbles[1], se convertían en verdad. Eso era antes en tiempos en de la segunda guerra mundial, en los tiempos del oscurantismo mediático y controlado por todos los flancos, no en tiempos de Twitter y Facebook.
Así como a Nicolás Maduro el día menos pensado le crecerán los enanos del circo que tiene montado y del que se cree abanderado por haber sido ungido por Chávez en el mes de diciembre como su sucesor, así las batallas internas por el poder chavista se empezarán a convertir en escaramuzas, emboscadas y arrinconamientos para enterrar en lo profundo de las entrañas de quienes obran mal, el puñal cercenador.
Los casi noventa días sin escuchar a Chávez, es más, sin verlo, levantan las sospechas más agudas. La creatividad del líder revolucionario para hacerse entender “por escrito y otras muchas formas creativas que tiene para comunicarse” hace pensar en que Maduro salta y brinca alrededor de Chávez como una marioneta y luego, para poder mantener las formas como vicepresidente, va y dice eso, con una sonrisa semioculta por el bigote.
El Tribunal Superior de Justicia ya se empieza a poner nervioso, así como está nerviosa la oposición porque el acelerador de destrucción de partículas del chavismo está empezando a perseguir más de la cuenta al líder de los seis millones de votos: Capriles Radonski.
No se trata de perseguir, manipular, mentir. Se trata de que en Venezuela viven muchas personas que, por convicción y por lealtad a Chávez le votaron en octubre. Otros, por ser opuestos, votaron a Capriles y todos, esperan una veraz información sobre la salud del mandatario sin juramentación, de esa especie de agujero negro del poder en el que está sumida la patria de El Libertador.
Todo parece que está perfectamente tejido entre Maduro, el ministro de comunicaciones, el ministro de ciencia y una de las hijas de Chávez. Los demás personeros del gobierno no saben, no contestan, no aparecen pero si exigen saber qué es lo que pasa, al igual que todos aquellos 27 millones de venezolanos que quieren a un presidente que mande, arregle las cosas y se deje de guabina[2].
Ahora cabe una pregunta, ¿por qué tanto mutismo? ¿Por qué tanta desinformación? Las razones parecieran ser sencillas. A Maduro los días de poder se le están acabando. Es como el famoso cuento de “El diente roto” de Pedro Emilio Coll, aquel en que el niño, convertido en hombre, llega a las alturas del poder porque los demás lo consideran un intelectual, alguien por encima de todos en su capacidad reflexiva, cuando lo que ocurre es que no hace más que acariciarse con la punta de la lengua aquel diente roto[3].
Pues a Maduro se le notará en breve de qué está hecha su capacidad revolucionaria. Nada más.


[1] Joseph Goebbels, además de ministro de propaganda del régimen nazi, fue el creador de los doce principios de la propaganda. Todos ellos fundados en la manipulación y hacer que el pueblo pensara de maneras unidireccionales.
[2] 1. Guabina:  loc. adj. coloq. P. Rico y Ven. Dicho de una persona: Hábil para salir airosa de cualquier situación. DRAE (2013) [En línea] http://lema.rae.es/drae/. Tomado el día 3 de marzo de 2013.
[3] Coll, P.E. (1898) El diente roto. En: El Cojo Ilustrado. Caracas, Año VII, No. 160, 15 de agosto de 1898. p.573