El blog de Max Römer: En cenizas a partir del miércoles

domingo, 10 de febrero de 2013

En cenizas a partir del miércoles

Sin ser blasfemo
Maduro, en esa cobardía que caracteriza al chavismo cuando tiene que tomar medidas, anuncia al país -a través del canal de todos los venezolanos que ha incautado el gobierno- las medidas de devaluación del bolívar fuerte (BsF).
Son medidas como las demás que han tomado y timado al venezolano desde que Chávez asumió el poder. Medidas para el empobrecimiento del pueblo y para mantener el control de las voluntades de todos. Medidas “maduras” que convertirán después del puente de carnaval en cenizas al salario el día miércoles.
Maduro, al no ser Chávez, al no tener la autoridad moral del líder, se refugia en la televisión del Estado (nada de cadenas) para no enfrentarse a una cacerolada, para que quienes estaban tomando el autobús para visitar a sus familias no se detuvieran y le mentaran la madre como lo harán el miércoles con la cesta de la compra en el brazo.
Como siempre que puede, acusa al proceso económico de criminal que va contra el pueblo, que proviene del imperio, en fin, una sarta de tonterías que pasan por no reconocer que el chavismo no ha dado oportunidad a la libre empresa porque, sencillamente, la ha expropiado. Acusa y levanta el dedo inclusive contra quienes hacen sus trámites para obtener las divisas para un viaje, para estudiar fuera o para importar lo que hace falta para los venezolanos. “Hay que atacar duro los procesos administrativos de divisas con controles sumamente exigentes”, acusó Maduro a los “agentes económicos” de lanzar “ataques criminales” contra la economía de Venezuela. Más que economía, lenguaje bélico aprendido cerca del poder militar de este sindicalista del transporte público venido a mucho por su lealtad al padre fundador de la revolución.
El caso es que si una persona piensa que con esta devaluación su salario mejorará, con recordar lo que le pasado las cinco veces anteriores en los últimos diez años tendrá un retrato de su futuro inmediato. Le vendrán tiempos de mayor inflación, que no es poca y que ronda el 20% desde 1999. Que si la comida no alcanzaba porque no había, menos habrá con esta devaluación porque no habrá dinero suficiente para importarla. Tampoco habrá comida producida dentro del territorio nacional, porque el aparato productivo del agro está desmantelado al mejor estilo de Chávez: ¡Exprópiese!
Y así las cosas. Vienen elecciones el 14 de julio[1] a ver si le dan tiempo a Chávez de que vuelva de Cuba y deje –eso sí en cadena nacional si es que le queda voz– su legado de amor, explique su herencia política para que sean estos sucesores, encarnados de su amor de patria, los que lleven al paraíso terrenal su mensaje eterno de fraternidad enrojecida, de aquel amor profundo por el dinero del Estado y por gobernar con esa forma tan adecuada para impulsar al bienestar: la apropiación de todo. Llegarán los padres y madres de familia hasta los portales de los chavistas, con buen sentido de dar a los suyos algo qué comer. Se acercarán a ellos, a los colorados, y pedirán con aquel fervor que pedía el pueblo francés a su rey antes de la revolución francesa, un mendrugo de pan y con ese trozo de pan, tendrán el apoyo permanente del hambre saciada. Una historia que se repite desde aquellos tiempos de las montoneras del siglo XIX, tiempos que ha copiado la revolución y que no se diferencian en nada del pasado. 
El pueblo venezolano disfrutará con salsa y merengue este carnaval como lo hace siempre. Sol, playas y disfraces. Despertará el miércoles de ceniza en tiempo de cuaresma. En la frente recibirá cenizas de ese pan, cenizas de ese amor, cenizas de una revolución que ha acabado con todo.



[1] Fecha aniversario de la Toma de La Bastilla

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