El blog de Max Römer: Cartas violentadas

domingo, 3 de febrero de 2013

Cartas violentadas


La Guardia Nacional de la República Bolivariana de Venezuela es un ente de violación de los derechos humanos, al menos el derecho de recibir correspondencia sin ser violentada. Es un órgano del Estado que no respeta en lo más mínimo los derechos de privacidad, de recibir libremente información sin que sea leída y, lo que es peor, mutilada.
La constitución –la carta magna– está en todo. Los derechos humanos, las garantías fundamentales están en las cosas más pequeñas, en el respeto a las libertades de expresión, información, prensa, opinión, libre circulación de correspondencia, en el derecho a la vida, al trabajo, a la educación, a la salud. El himno venezolano dice con letras orgullosas “la ley respetando la virtud y honor”. Y de honor ni de virtud están las acciones del gobierno de Chávez hacia el respeto de las leyes y mucho menos a la constitución.
Desde que vivo en España hace casi cinco años no es la primera vez que recibo un sobre por courrier (el que sea MRW, DHL, FedEx, UPS) que está abierto en la aduana venezolana y, si fuera nada más que lo abren, vale, así como un consuelo ante tanto desmán… lo nuevo es que se ocupan de darle un cuchillada y mutilar al documento. Lo mutilan quienes se supone son garantes de esas libertades, de esos derechos escritos en la constitución.
¿Qué le importa a un cabo lo que dice un documento? ¿Para qué mutilar los papeles? ¿Qué gana con eso? ¿Condecoraciones? ¿Le dan más medallas para que las luzca en el pecho? De esas que dan risa en el mundo civil pero que le encantan a  los militares.
Odio. Eso es lo que resuman. Resuman odio. El mismo odio sembrado por Chávez a través de la televisión a lo largo de 14 años de cadenas aburridas y en las que se vanagloria de ser el líder de la revolución. Revolución hubiese sido que el servicio de correos venezolano –IPOSTEL– fuese confiable como los demás correos del mundo. Revolución hubiese sido que un remitente supiera que su despacho llegará a destino. Revolución sería no tener que usar servicios de courrier para tener la certeza de una llegada a tiempo y en forma de un documento.
¿Cómo se le explica a un funcionario que no sea venezolano que fue un guardia nacional pervertido y harto de investigar si hay "droga vía sobres" el que te dejó la página de tu papel en dos partes? ¿Por qué tiene uno que estarse lamentando cuando recibe correspondencia por los destrozos a los que se ha visto tu documentación? ¿Ah? ¿Por qué?
Porque Chávez sacó lo peor de los venezolanos. Sembró tormentas y ahora cosechamos tempestades. Sacó, que si una carta debe llegarle a otra persona, lleve el sello de la revolución: un navajazo, así de malandro, así de odio hacia lo que no tienes o, sencillamente de odio por pensar que la carta viaja. Esa violencia  de soldado que engendra más violencia, porque si cada uno de los que recibimos un sobre adulterado, violentado, roto, ultrajado, manoseado guardáramos esa rabia contenida en un frasco y la sumáramos a las de los demás que están en la misma condición, seguramente tendríamos una bomba de muchos megatones capaces de destruir al cuerpo de seguridad del Estado venezolano.
Es el mismo odio con el que abren las maletas en el aeropuerto. Con un punzón tus libros son sometidos a un examen al estilo “agujeréalo que total, a ese tipo no me lo cruzo más”. El mismo odio con el que presencié cómo era vista a trasluz la ropa íntima de una religiosa, o el mismo odio con el que detienen a un ciudadano para quitarle parte de su paga de fin de mes para “redondear” el sueldo de militar.
Es el mismo odio con el que no se actúa, siendo entonces cómplices, cuando los secuestros son la forma de mantener al crimen organizado. Son violaciones permanentes a todo, a todos, a las cartas, a las personas, a los derechos humanos, a las libertades.
Las cartas están echadas, y las pobres, están violadas.

No hay comentarios: