El blog de Max Römer: febrero 2013

domingo, 24 de febrero de 2013

No aparece, no jura


El poder político en Venezuela está mal. Muy mal. El presidente Chávez aparentemente llegó a su país, le guardaron bajo siete llaves en el Hospital Militar y de allí, no se sabe nada más que lo que dice Maduro: trabajó cinco horas y está enérgico. Por otro lado, el ministro de comunicaciones afirma que la debilidad respiratoria del mandatario no mejora.
Total, dos meses y medio sin saber con certeza del presidente Chávez. ¿Por qué tanto mutismo? ¿Por qué tanta desinformación? ¿No es acaso Chávez un showman al que le encantaría estar en cadena nacional para que vieran cómo es capaz de subir y bajar el respaldar de la cama clínica con un botón? ¿No sería capaz de anunciar una misión sálvese-quien-pueda para apoyar a los necesitados -que vistan de rojo- con gotas de agua de babandí?
La situación está muy extraña, fea por decir lo que la gente apunta en las panaderías y cafés. La jura del presidente se dilata y la falta absoluta no se decreta. Magistrados de la vieja guardia están capciosos, los de ahora esperan instrucciones mansamente, la oposición clama por saber cuál es la situación que amenaza a la “democracia” venezolana.
Mientras tanto, entre mimos y atenciones especiales, el presidente sigue apretando el cuello de su preso político por excelencia: Iván Simonovis. Enfermo como el propio presidente, está prisionero por los desmanes colectivos de abril de 2002. Desmanes en el que todos –léase bien- todos los venezolanos tratamos de defender un punto de vista. Unos marchando hacia Miraflores pidiendo la renuncia de Chávez y otros, defendiendo al rojo como único color válido de la bandera. El comisario de policía Simonovis está preso como lo están Forero y Vivas por la matanza de Puente Llaguno… un momento sin solución, que la propia mesa de negociaciones que encabezó Jimmy Carter no fue capaz de dilucidar y que dejó treinta años presos a estos tres funcionarios de la policía sin la clemencia que tuvo en su día Chávez por violentar el hilo constitucional en 1992.
Chávez vs. Simonovis ha sido la consigna del oprobio del régimen. La forma de controlar y tratar de aplacar a aquellos que tengan la osadía de levantarse contra el dictador o sus secuaces.
Ya los tiempos del ocultamiento dejaron de existir. Las noticias no van en buques, ni a caballo, viajan por twitter en 140 caracteres. Hace pensar mucho esta ausencia, esta falta de información fidedigna. No jura, no aparece. Se sabrá más temprano que tarde que el gobierno oculta algo que se les pudre o tienen congelado dentro de un tupperware. Bastará con que alguien descorra una cortina y sepa todo lo que acontece.
Es por decir lo menos, patético que un país con tanto potencial sin desarrollar esté en la mira del interés internacional por los manejos inadecuados de los líderes chavistas. Maduro va demostrando que es una copia mala del dictador. Los discursos son a estilo de Chávez, sin la pasión del líder. Copias malas de gritos y agitar de manos, un poco de populismo por aquí y por allá. Cabello un poco más de lo mismo, eso sí, con la mirada sombría de quien desconfía de todo.
A ver si se cumple aquello que está en la estrofa del himno venezolano “la ley respetando la virtud y honor” porque por lo pronto, ni se respeta la ley, ni se ve gente virtuosa, ni honorable en el panorama político del gobierno venezolano.

domingo, 17 de febrero de 2013

¿Quién engaña a quién?


Esta fe de vida al estilo de los secuestrados con el Granma entre las manos y sonrisas de anuncio de dentífrico son la comidilla de los últimos días. A los correos electrónicos de muchos han llegado también montajes en photoshop del presidente Chávez con “El Universal” y así. Una imagen que en estos tipos del retoque son creíbles o mejor, verosímiles en la medida en las que el emisor lo sea. ¿Lo será?
Se trata de ver quien engaña a quien. ¿Es el gobierno de Maduro que llevaba 68 días sin dar muestras palpables de la salud del comandante colorado? ¿Es el pueblo chavista –hambriento y embutido en la ignorancia que ha propuesto el comandante– que aferrado a un retrato salvará al comandante? ¿Fue el propio Chávez quien en un acto de soberbia sin límites mantuvo la mentira de su mejoría para ganar las elecciones y tener tiempo para manipular su sucesión?
Es el engaño del engaño. Un triángulo de amor-odio entre Chávez-sus secuaces-el pueblo chavista. Es a la vez una relación de necesaria dialéctica entre la oposición y el chavismo para construir el poder en Venezuela. Una estructura que se mantiene si y solo si el comandante está por ahí, omnipresente como un hálito espiritual de negatividad que hace que todo sea perverso. Su enfermedad, las elecciones, las relaciones del pueblo con los poderosos.
De esta caricatura se saldrá o no. Se saldrá si un buen encaminado proceso de transformaciones se pone en marcha de cara a las elecciones municipales del 14 de julio y desde las bases del poder se hacen las revisiones y acciones necesarias para emprender país. Si en esa misma fecha se puede votar a un presidente si el pueblo estará sin las vendas en los ojos habiéndose dado cuenta que los sucesores de Chávez son meramente vociferadores, gritones de feria, sin el carisma del líder ni sin los ideales bien plantados, aunque permisivos, del moribundo.
La oposición, no es cansino decirlo, tiene una oportunidad enorme de hacer, proponer, actuar, aglutinar. Aprender de los estudiantes y de su verticalidad moral. De esas angustias convertidas en protesta, en movilizaciones de calle, en proclamas. Seguir la enseña de las manos blancas y el grito “estudiantes”. Enarbolar la bandera como cobija, no como blasón político, sino como cobija en la que caben todos.
Ese país de ensueño, ese país dibujado en las aulas, que está en los cuadernos y en la mente de los maestros, que está en el corazón de los deportistas cuando ven izar el tricolor en un podio de premiación, ese nudo en la garganta que deja el “Gloria al bravo pueblo”, de eso debe estar hecho el amor patrio y no de las complicidades y marramuncias que hemos presenciado empacadas en Hummer, Porsche, Mercedes Benz. De esas que van en maletines y compran conciencias que valen lo que el mejor postor ponga en un sobre.
Hace falta que el país de oportunidades que vieron los europeos que migraron orgullosos al territorio venezolano a finales de la década de los cuarenta y toda la de los cincuenta se acrisole de una vez por todas y sea espacio de libertad, sin engaños ni mentiras, sin corruptelas ni falsos compromisos.
Basta ya de engañarse. Basta de ser parte de una comedia o tragedia. Las telenovelas son para la recreación, no para ser parte activa de ellas.

domingo, 10 de febrero de 2013

En cenizas a partir del miércoles

Sin ser blasfemo
Maduro, en esa cobardía que caracteriza al chavismo cuando tiene que tomar medidas, anuncia al país -a través del canal de todos los venezolanos que ha incautado el gobierno- las medidas de devaluación del bolívar fuerte (BsF).
Son medidas como las demás que han tomado y timado al venezolano desde que Chávez asumió el poder. Medidas para el empobrecimiento del pueblo y para mantener el control de las voluntades de todos. Medidas “maduras” que convertirán después del puente de carnaval en cenizas al salario el día miércoles.
Maduro, al no ser Chávez, al no tener la autoridad moral del líder, se refugia en la televisión del Estado (nada de cadenas) para no enfrentarse a una cacerolada, para que quienes estaban tomando el autobús para visitar a sus familias no se detuvieran y le mentaran la madre como lo harán el miércoles con la cesta de la compra en el brazo.
Como siempre que puede, acusa al proceso económico de criminal que va contra el pueblo, que proviene del imperio, en fin, una sarta de tonterías que pasan por no reconocer que el chavismo no ha dado oportunidad a la libre empresa porque, sencillamente, la ha expropiado. Acusa y levanta el dedo inclusive contra quienes hacen sus trámites para obtener las divisas para un viaje, para estudiar fuera o para importar lo que hace falta para los venezolanos. “Hay que atacar duro los procesos administrativos de divisas con controles sumamente exigentes”, acusó Maduro a los “agentes económicos” de lanzar “ataques criminales” contra la economía de Venezuela. Más que economía, lenguaje bélico aprendido cerca del poder militar de este sindicalista del transporte público venido a mucho por su lealtad al padre fundador de la revolución.
El caso es que si una persona piensa que con esta devaluación su salario mejorará, con recordar lo que le pasado las cinco veces anteriores en los últimos diez años tendrá un retrato de su futuro inmediato. Le vendrán tiempos de mayor inflación, que no es poca y que ronda el 20% desde 1999. Que si la comida no alcanzaba porque no había, menos habrá con esta devaluación porque no habrá dinero suficiente para importarla. Tampoco habrá comida producida dentro del territorio nacional, porque el aparato productivo del agro está desmantelado al mejor estilo de Chávez: ¡Exprópiese!
Y así las cosas. Vienen elecciones el 14 de julio[1] a ver si le dan tiempo a Chávez de que vuelva de Cuba y deje –eso sí en cadena nacional si es que le queda voz– su legado de amor, explique su herencia política para que sean estos sucesores, encarnados de su amor de patria, los que lleven al paraíso terrenal su mensaje eterno de fraternidad enrojecida, de aquel amor profundo por el dinero del Estado y por gobernar con esa forma tan adecuada para impulsar al bienestar: la apropiación de todo. Llegarán los padres y madres de familia hasta los portales de los chavistas, con buen sentido de dar a los suyos algo qué comer. Se acercarán a ellos, a los colorados, y pedirán con aquel fervor que pedía el pueblo francés a su rey antes de la revolución francesa, un mendrugo de pan y con ese trozo de pan, tendrán el apoyo permanente del hambre saciada. Una historia que se repite desde aquellos tiempos de las montoneras del siglo XIX, tiempos que ha copiado la revolución y que no se diferencian en nada del pasado. 
El pueblo venezolano disfrutará con salsa y merengue este carnaval como lo hace siempre. Sol, playas y disfraces. Despertará el miércoles de ceniza en tiempo de cuaresma. En la frente recibirá cenizas de ese pan, cenizas de ese amor, cenizas de una revolución que ha acabado con todo.



[1] Fecha aniversario de la Toma de La Bastilla

domingo, 3 de febrero de 2013

Cartas violentadas


La Guardia Nacional de la República Bolivariana de Venezuela es un ente de violación de los derechos humanos, al menos el derecho de recibir correspondencia sin ser violentada. Es un órgano del Estado que no respeta en lo más mínimo los derechos de privacidad, de recibir libremente información sin que sea leída y, lo que es peor, mutilada.
La constitución –la carta magna– está en todo. Los derechos humanos, las garantías fundamentales están en las cosas más pequeñas, en el respeto a las libertades de expresión, información, prensa, opinión, libre circulación de correspondencia, en el derecho a la vida, al trabajo, a la educación, a la salud. El himno venezolano dice con letras orgullosas “la ley respetando la virtud y honor”. Y de honor ni de virtud están las acciones del gobierno de Chávez hacia el respeto de las leyes y mucho menos a la constitución.
Desde que vivo en España hace casi cinco años no es la primera vez que recibo un sobre por courrier (el que sea MRW, DHL, FedEx, UPS) que está abierto en la aduana venezolana y, si fuera nada más que lo abren, vale, así como un consuelo ante tanto desmán… lo nuevo es que se ocupan de darle un cuchillada y mutilar al documento. Lo mutilan quienes se supone son garantes de esas libertades, de esos derechos escritos en la constitución.
¿Qué le importa a un cabo lo que dice un documento? ¿Para qué mutilar los papeles? ¿Qué gana con eso? ¿Condecoraciones? ¿Le dan más medallas para que las luzca en el pecho? De esas que dan risa en el mundo civil pero que le encantan a  los militares.
Odio. Eso es lo que resuman. Resuman odio. El mismo odio sembrado por Chávez a través de la televisión a lo largo de 14 años de cadenas aburridas y en las que se vanagloria de ser el líder de la revolución. Revolución hubiese sido que el servicio de correos venezolano –IPOSTEL– fuese confiable como los demás correos del mundo. Revolución hubiese sido que un remitente supiera que su despacho llegará a destino. Revolución sería no tener que usar servicios de courrier para tener la certeza de una llegada a tiempo y en forma de un documento.
¿Cómo se le explica a un funcionario que no sea venezolano que fue un guardia nacional pervertido y harto de investigar si hay "droga vía sobres" el que te dejó la página de tu papel en dos partes? ¿Por qué tiene uno que estarse lamentando cuando recibe correspondencia por los destrozos a los que se ha visto tu documentación? ¿Ah? ¿Por qué?
Porque Chávez sacó lo peor de los venezolanos. Sembró tormentas y ahora cosechamos tempestades. Sacó, que si una carta debe llegarle a otra persona, lleve el sello de la revolución: un navajazo, así de malandro, así de odio hacia lo que no tienes o, sencillamente de odio por pensar que la carta viaja. Esa violencia  de soldado que engendra más violencia, porque si cada uno de los que recibimos un sobre adulterado, violentado, roto, ultrajado, manoseado guardáramos esa rabia contenida en un frasco y la sumáramos a las de los demás que están en la misma condición, seguramente tendríamos una bomba de muchos megatones capaces de destruir al cuerpo de seguridad del Estado venezolano.
Es el mismo odio con el que abren las maletas en el aeropuerto. Con un punzón tus libros son sometidos a un examen al estilo “agujeréalo que total, a ese tipo no me lo cruzo más”. El mismo odio con el que presencié cómo era vista a trasluz la ropa íntima de una religiosa, o el mismo odio con el que detienen a un ciudadano para quitarle parte de su paga de fin de mes para “redondear” el sueldo de militar.
Es el mismo odio con el que no se actúa, siendo entonces cómplices, cuando los secuestros son la forma de mantener al crimen organizado. Son violaciones permanentes a todo, a todos, a las cartas, a las personas, a los derechos humanos, a las libertades.
Las cartas están echadas, y las pobres, están violadas.