El blog de Max Römer: noviembre 2012

domingo, 18 de noviembre de 2012

Secuestros en carrito-por-puesto


En Venezuela ha existido una modalidad de transporte público que es el pago por un solo asiento en un automóvil, así como un taxi, pero en el que cada pasajero cubre su propio costo. Provienen de una época en la que los coches americanos tenían dos sofás a manera de asientos, uno delante -con el chofer- y otro atrás. Una forma de sumar a cinco pasajeros. La modalidad se transformó en la década los setenta cuando el “carrito por puesto” se convirtió en “camioneta” (más bien una Van) que surtía el mismo efecto. Es una forma de hacer del transporte público una miniempresa privada que tiene varias décadas funcionando. Una forma que ha traído como consecuencia un caos de transporte y el bien sabido “déjeme donde pueda”, ¡claro si pago por mi puesto en un taxi, que me acerque lo más posible a mi destino!
Bueno, la experiencia se usa ahora como forma de secuestro. Unos malhechores van en un automóvil, secuestran a una persona, pasan frente a otra, también la secuestran y así hasta llenar la capacidad del vehículo. Mientras hacen estas gestiones de transporte de pasajeros secuestrados, piden los consabidos rescates. Las familias se ocupan de buscar el dinero para dárselo a los vándalos y de esa forma se produce el “ruleteo” de estos pobres seres a bordo de su carrito-por-puesto sin parada final y sin destino claro.
Ya no se trata de “déjeme donde pueda” sino déjeme con vida si puede y si mi familia es capaz de recaudar el dinero necesario para mi rescate. La cosa del secuestro express se ha puesto si se quiere, popular. Los secuestros suman cantidades importantes con varios secuestrados a bordo y, de repente, hasta se hacen amistades en el trayecto, se comparten las cuitas y, si se apura la situación, hasta se podría tejer una bufanda de angustias que de esas si hay bastante en la Venezuela de Chávez.
Lo más horripilante de la situación es que pasan los años y el gobierno que llegará a cumplir veinte años –porque ha sido relecto– no hace nada desde hace catorce. Mantiene a la sociedad en vilo, se ocupa de mantener un estado de sitio civil entre los ciudadanos y así es como se tiene algo de control en materia de inseguridad: todos guardaditos y tranquilitos en sus casas a la caída del sol porque si sales, te pueden dar tu secuestro-por-puesto o el solo, ese que te secuestran VIP o te matan por la bujía de una moto.  
¿Qué tal? Son pecados por omisión los del régimen de Chávez.

domingo, 11 de noviembre de 2012

La mañana del 8 de octubre y los días subsiguientes

Estimado lector,
Esta vez te remito a la revista El Molinillo. En su página 8 hay un trabajo de mi autoría que quiero compartir desde este espacio.
Un saludo,
Max Römer Pieretti

domingo, 4 de noviembre de 2012

Tiempo de conquista territorial


Empieza la cuenta regresiva. Los corazones se aceleran. Vale la pena lucir las gorras otra vez, las tricolores, esas que llevaron a volcar seis millones de votos de esperanza. El proceso revolucionario no cesa, así que si de verdad se quiere transformar, si de verdad el uso de las gorras tuvo sentido ético por encima de lo estético, vale la pena el esfuerzo de votar por el candidato regional de la oposición.
Ha llegado el tiempo de la conquista territorial, el momento de decirle basta al chavismo y sus componendas revolucionarias. Ya llegado el momento de la creatividad, esa esgrimida por los gobernadores de la oposición, esa que llevó a Capriles a ser el abanderado de un proceso legítimo de oposición a Chávez.
El miedo no se le pasa a los chavistas. Ellos saben que 6 millones de voluntades son muchas en las regiones. Saben que, aunque tiñeron al país de rojo el pasado mes de octubre, el próximo mes de diciembre la gente elegirá al que sea cercano, al vecino del barrio ese que sabe cómo es la cosa.
Los gobernadores son eso, el hermano mayor de una región. Un señor que debe regir los destinos de todos. Una persona que debe ser cercana, que reciba al pueblo en su despacho y que no se anquilose en la silla, sino que recorra pueblo, que vea lo que pasa a su alrededor, que haga seguimiento de las obras que se encargan, que de sentido a la vida en común, que sepa aglutinar en torno a sí a su equipo a y los alcaldes, que sepa tomar las decisiones certeras luego de las consultas, que sepa llevar a su asamblea legislativa por el recto proceder.
Un gobernador es eso, un ciudadano. De nada le sirven los retratos con el poder o con los poderosos. Con retratos y respaldos no se va a la escuela, ni los policías estarán más prestos a cumplir con su deber de defensa y protección, ni los encargados de la salud tendrán las herramientas y recursos para darle al pueblo el bienestar necesario para la vida.
Los gobernadores no necesitan estar en esa foto que Chávez propone para que ganen en las regiones. El pueblo necesita gerentes, ejecutores y no arribistas y aduladores. Gerentes sociales y políticos que den la cara cuando llueve o cuando la sequía mata a los animales del campo. Gente que sepa colocar en los mercados nacionales e internacionales los productos de las regiones, que impulse el turismo, que mueva a la economía por el pueblo, con el pueblo y para el pueblo.
De nada sirve que el gobernador de un estado se convierta en un “si-oui” del comandante en “Aló Presidente” o que le diga desde su región aquí estoy comandante, para lo que usted quiera. Nada de eso. Un gobernador debe ser un ciudadano ejemplar por no dejarse doblegar ante el poder ejecutivo de Chávez. Un gobernador es un ser vertical, estoico y directo, de mangas arremangadas cuando hace falta emprender la tarea de gobernar, de ejecutar y de proponer soluciones y de corbata cuando debe representar al pueblo.
La oposición tiene la oportunidad de decirle basta a la corrupción en las regiones, de frenar el desaguadero de dinero mal invertido y volcar los recursos hacia el bienestar el pueblo, de los 23 grandes pueblos que son las regiones que decidirán y votarán por la esperanza, por el progreso, la seguridad, la salud, la inyección de esfuerzo para mejorar la economía de todos, por frenar el abandono que han significado las expropiaciones. Llegó el tiempo de la conquista territorial.