El blog de Max Römer: Una nube de polvo y el grito

domingo, 16 de septiembre de 2012

Una nube de polvo y el grito


Se oye la obertura de Guillermo Tell de Rossini. Se ve en blanco y negro (porque así se transmitía por TV) cómo desde unas rocas típicamente del oeste norteamericano emerge un jinete con antifaz y sombrero blanco, tan blanco como el corcel. Un locutor en off dice: una nube de polvo y el grito… ¡Un grito de terror! Eso vamos a escuchar pronto porque dentro de las estrategias del chavismo ha surgido una nueva táctica que sin duda será el bumerán que cortará el cuello de más de uno: desvelar en la Asamblea Nacional cómo es el modus operandi de la corrupción.
Claro, más ingenuo el que recibe el dinero como ha pasado esta semana con el exmiembro del equipo de campaña de Capriles, Juan Carlos Caldera (bien destituido por cierto por el candidato a la presidencia). En este caso han caído en la trampa las dos partes. Por un lado, el cándido Caldera y por la otra, todo un entramado de corruptelas que desde ahora, pone los pelos de punta al más peinado de los chavistas. De esos vídeos debe haber más de uno. Desfilarán por las pantallas aquellos que, como a Caldera, les toque su cuarto de hora de fama de acuerdo a las componendas que se planeen desde la cúpula del poder.
Así como decía la introducción de la serie “El llanero solitario”, una nube de polvo y el grito ya no será para que el caballo “Silver” galope más raudo, sino de aquellos que no teniendo en sus cabales la moral y la ética como normas de proceder, se verán descubiertos por un cheque o maletín de mucha o poca monta que diga y mantenga a lo largo del tiempo lo corrupto que se es. Así pues que cuando los vídeos se muestren en las pantallas planas y videobeams veremos correr a más de uno levantando una polvareda tras suyo.
En el plano de la corrupción Chávez se montó en la campaña de 1998 sobre el caballo de la lucha contra ella y cayó con facilidad –o al menos sus secuaces– en mojar las manos de aquellos que, siendo necesarios para el régimen en un momento determinado y sabiendo “cuanto vale” (va por William Ojeda) se dejaron comprar por un par de balancinazos[1] de cualquier pozo petrolero en cualquiera de las cuencas de crudo venezolanas.
Lo hábil ha sido poder comprender que esos recursos del petróleo, administrados así, con cheques o maletines, han permitido a Chávez ser presidente por casi 14 años y que, de cara a lo que viene, el pueblo no será tan ingenuo de pensar en que las lealtades serán tan fáciles como aceptar una camiseta roja, una botella de ron y un sándwich para el camino hasta las urnas electorales. El pueblo querrá, más allá de las dádivas de las misiones, su cheque. Así, reluciente y entregado por una mano con camisa de doble puño y mancuernas, con traje elegante en el salón de una casa. Se quedó atrás el bochinche de las entregas de dinero en efectivo haciendo fila bajo el sol. Ahora es elegante y si es con güisqui, mejor.
Malbaratar el dinero del Estado es un delito que se llama peculado.  Así como hemos descubierto que el dinero se usa para comprar conciencias, se sabrá pronto y rápido del destino de más dinero, de acciones cometidas contra ciudadanos, de los desmanes del poder chavista porque, si de algo estamos seguros es que la solicitud de salida de Venezuela de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos es una estratagema para evadir, de alguna forma, al Tribunal Internacional de La Haya. 


[1] Balancín es la bomba con la que se extrae de los pozos de petróleo el crudo. De ahí la licencia que nos tomamos de escribir balancinazos.

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