El blog de Max Römer: No ver más la grupa desde el camino

domingo, 9 de septiembre de 2012

No ver más la grupa desde el camino


Hay que ver cómo la campaña de Chávez se apuntala en sus argumentos de siempre: odio y exclusión. Sabe que no tiene todo el favor del electorado tal y como lo tuvo en el pasado, que sumar le vendría mejor que dividir y que llamar la atención de los indecisos le conviene, aunque sus formas sean al estilo del “tirabesitos”.
Por su parte Capriles hace lo que debe. Llama a los indecisos, busca trabajar desde el diálogo y la concertación, procura que su discurso se llene de oportunidades para todos. Atrás se quedan los amagos de reivindicaciones por la conquista y colonización, lejos se ven los nubarrones del mestizaje, ha pasado página en esa historia que ha revuelto el comandante hasta hacerla una cantinela propia de un jingle de un producto para lavar conciencias.
La campaña desvela más chavismo. Más odios, más rencores. Muestra que el aparato productivo será a la medida del comandante mientras más desmontado, mejor. Mientras más depauperado, mejor porque así el pueblo dependerá del revolucionario mayor, así como han hecho los Castro en Cuba, que el pueblo dependa moral, espiritual y políticamente de ellos… aquello de “con hambre y sin empleo”.
Capriles tiene un plan de gobierno que pasa por revisar las estructuras desmanteladas del Estado; por revisar la economía y, por supuesto, por darle la inyección de recursos al país para que sobre la base de la creación de oportunidades, acabar con todas las impunidades que el chavismo ha gestado en 14 años en el poder: la inseguridad, el desempleo, la falta de inserción en el sistema educativo. Todo pasa por un saneamiento de la economía, por reactivar al aparato económico, por devolver a los industriales y empresarios la razón por la que invertir: dar empleo, producir para el país y su gente, para exportar y generar divisas.
El chavismo se basa en una estructura de economía de Estado en la que el Estado es el propio mandatario -L’etat c’est moi-, en que la hegemonía mediática dibuja las condiciones propagandísticas de ese país que sueña el comandante con los ojos vidriosos a la usanza de los actores mexicanos de la década del cincuenta. Una esperanza fundada en la espera sin calendario, sin citas a futuro, contando con la mansedumbre del pueblo que se contenta con su mendrugo y su camiseta roja aunque en la olla no haya mayor cosa que poner porque como escribió Andrés Eloy Blanco, “los otros tres se le fueron tras un hombre a caballo”, porque así sigue siendo, se van tras el hombre del caballo, el de las ideas alocadas, el que no ofrece nada más que la grupa de la bestia vista desde el camino (en el caso de Chávez un camión desde el que lanza besitos), nada de ir sobre las ancas, nada de placeres de viaje, las ancas vistas desde atrás acompasadas del polvo del camino.
Capriles no va a caballo, va con la gente, tiene a la gente como plan. Un plan que se puede resumir así: la gente tiene hambre, hay que hacer pan. La gente tiene ganas de comer, hay que darles trabajo para que compren el pan. La gente tiene miedo de que la maten por tener pan, hay que proteger a quienes ya tienen pan y sumar a los que no lo tienen al aparato productivo. La economía necesita gente para producir para que todos tengan pan. Si estamos ocupados haciendo pan no hay tiempo para delinquir y si queremos hacer distintos panes, hay que formarse para saber hacer masas diversas y, si queremos que la gente no falte al trabajo para que no nos quedemos sin pan, hay que hacer que la gente esté sana. Ese es el plan de gobierno de Capriles. Nada de "ven a verme pasar con mi caballo que yo te dejo que me veas y se te llenen los ojos de ilusiones".
Inclusión contra exclusión, esa es la diferencia entre Capriles y Chávez.
    

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