El blog de Max Römer: septiembre 2012

domingo, 30 de septiembre de 2012

3 escenarios y 3 fechas

El 7 de octubre avanza a toda velocidad en los calendarios. Los estómagos de todos se aprietan y nos dejan ese susto necesario para la acción cívica. Las encuestas no son claras. Unas dicen que gana Chávez, otras dan oportunidades bastante certeras de triunfo a Capriles.
Una fecha que no es única, que no está desangelada, que tiene sus olas posteriores y que, pase lo que pase el 7 de octubre, no se deben desatender porque definirán la fuerza del poder Ejecutivo venezolano. Quedará pendiente el 16 de diciembre de 2012 y el 14 de abril de 2013. Quedará pendiente ganar la mayor cantidad de gobernaciones en diciembre y en abril, los municipios serán la consigna.
¿Cuáles son los escenarios para el 7 de octubre?
Escenario 1: Gana Chávez con el 47% de los votos y Capriles tiene el favor de un respaldo de más del 35% del electorado. Eso le pone las palabras a Chávez en la boca para agitar las manos desde el balcón del pueblo y plantear que la oposición es majunche[1] y parte del pasado. El país seguirá igual de mal, empobrecido, alejado de la inversión. Eso sí, Venezuela tendrá a los chavistas dispuestos a ganar los espacios perdidos en las elecciones de gobernaciones y alcaldías de 2008, aquella fecha fatídica en la que surgió Capriles como abanderado de la oposición, como gobernador y como líder nacional. Así que la táctica será no perder el ánimo y enfocarse en el 16 de diciembre.
Escenario 2: Gana Chávez con el 3% de diferencia. Capriles tiene la oportunidad de posicionarse como el verdadero abanderado de la mitad del país. Un líder de oposición como nunca ha tenido Chávez y que hará temblar a los cimientos del chavismo. Se gestará una batalla por las dos fechas próximas. Será la única forma que tendrá Chávez de gobernar con sus estrategias hegemónicas. Arreciará las cadenas de televisión y radio así las formas de descalificación como estrategia de campaña para el 16D y el 14A.
Escenario 3: Todo lo contrario al escenario 2. Gana Capriles por un 3% de diferencia. Chávez pierde todo el poder mediático luego de las elecciones de gobernadores. En enero se le acaba la hegemonía de las cadenas y… Capriles tiene que gobernar con prisa la transición para: a) ganar las elecciones del 16D, b) posicionarse gracias a la mayoría obtenida para ganarse el favor del apoyo nacional e internacional; y c) mostrar profundo respeto a su oposición, el chavismo.
En este tercer escenario la única oportunidad de poder gobernar será desde el poder Ejecutivo. Se hace imperioso ganar gobernaciones y alcaldías, es decir, movilizar al pueblo seguidor de Capriles las otras dos fechas vitales en esta transformación hacia el progreso: 16D y el 14D. Hay que recordar que el poder legislativo está en manos del chavismo (tiene la mayoría en la Asamblea Nacional) y que no se podrán hacer cambios en leyes a menos que se convoque a una constituyente, y el poder judicial también está en manos del chavismo. De esa manera, habrá que tener inteligencia y aprovechar la ventaja que ofrece el tener uno de los cinco poderes del Estado venezolano (ejecutivo, legislativo, judicial, moral y electoral).
Para la Mesa de la Unidad Democrática la tarea no cesará el 7 de octubre por la noche. La actividad electoral debe continuar, debe apoyarse en cualquiera de los tres escenarios porque sea el presidente Capriles o sea Chávez, el dibujo democrático depende de la fortaleza, del progreso y la sensatez que se demuestre tal y como se ha hecho desde la gobernación del estado Miranda en los últimos cuatro años.
Hay que saber, como un apunte especial, que las maniobras de Chávez por salirse de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos son la antesala para no ser enjuiciado en La Haya. Atención, que sigue preparando su terreno para salir incólume de todos los desmanes que ha hecho en 14 años. 


[1] adj. coloq. Ven. De calidad inferior, deslucido, mediocre.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Sin velos que lo cubran


España amaneció el sábado con una mirada más clara de quien es el comandante presidente de los venezolanos. Si a algún español le quedaban velos por descubrir, lo que quedó a la vista es aterrador. La revelación por parte del diario español ABC (22/09/2012)[1] de la existencia de milicias armadas chavistas para desconocer de manera violenta la victoria electoral de Capriles Radonski el próximo 7 de octubre, es una muestra más de que el chavismo no es un régimen democrático, que está amparado en las fuerzas más cruentas y que no vela por el interés de los venezolanos sino de la permanencia en el poder del Hugo Chávez.
Chávez pierde el poder a toda velocidad. Se le va de las manos por su mala gestión. Por estar prometiendo durante 14 años por televisión una transmisión más y no actuar en proyectos y programas. Su desesperación pasa por la creación y tenencia de esas milicias armadas con fusiles de asalto con la única intención de matar, excluir, herir y hacer de un acto democrático una sanguinaria experiencia.
El dictador de sabe derrotado, sabe que no tiene el favor del pueblo a su lado, sabe que no tiene aglutinado a su partido –su “cáncer” se lo reveló cuando pudo constatar que no tiene un partido político unido (PSUV) ni unos líderes capaces de seguir su impronta–, sabe que el desempleo y el hambre del pueblo han podido más que todas los regalos que ha pasado entregando a la gente que, como novia, sabe que las flores no son sino peticiones de “perdóname que hice mal” que seguro lo vuelvo a hacer.
El chavismo no se erradicará de Venezuela hasta que todos los que de alguna manera respaldan al régimen salten la talanquera con convicción democrática, den un paso hacia el futuro y el progreso, se enjuicien a todos aquellos que han corrompido al poder hasta atentar con las armas contra el pueblo (recordar abril de 2002), se asuma que el poder no se obtiene por la vía militar ni los golpes de estado, que gobernar no es ser gracioso por TV, sino enfrentar junto a los empresarios la construcción de empleos y oportunidades de producción de bienes y servicios, fortalecer la institucionalidad del Estado y llevar salud, seguridad y educación a los ciudadanos, es creer en la libertad de expresión desde su propio ejercicio y no imponer un discurso único y unívoco, es garantizar que la educación tenga una historia balanceada y no acomodaticia a los intereses de quien se ha creído un superdotado de poderes.
Chávez y sus secuaces han demostrado que su discurso no solo es incendiario en las palabras, sino que va hasta las formas más violentas de actuación: con las armas. Para eso fueron las inversiones en armas y las reuniones con Putin y Ahmadinejad. Nada de combatir a los infiltrados de la guerrilla en territorio venezolano con las armas compradas al extranjero. Nada de pensar en el resguardo de civiles. La idea es preservar a Chávez en la silla de terciopelo por siempre. Cada día que pasa las palabras de la campaña chavista demuestran que no hay corazón como dice su lema. Lo que hay son afrentas, diferencias y ganas de seguir dividiendo a Venezuela y su gente.
La pataleta de Chávez cuando pierda las elecciones será de antología. De cuidarse como ciudadanos, de saber que una vez depositado el voto contra la dictadura, aquellos que han jurado lealtad al teniente serán capaces de asesinar. Será momento para cuidar la espalda porque la victoria de la oposición traerá una violenta reacción del chavismo.
Estas muestras de presión, de odio son modos de querer perpetuarse en el poder y, si esas son sus formas, no merece ser presidente. De eso nada. La democracia por encima de todo. Ya en los criterios democráticos del mundo ésta noticia de sus milicias armadas ha sembrado una alerta más.
Chávez ha puesto una piedra más del muro que rodeará su prisión una vez que sea sometido a la justicia por el Tribunal de La Haya.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Una nube de polvo y el grito


Se oye la obertura de Guillermo Tell de Rossini. Se ve en blanco y negro (porque así se transmitía por TV) cómo desde unas rocas típicamente del oeste norteamericano emerge un jinete con antifaz y sombrero blanco, tan blanco como el corcel. Un locutor en off dice: una nube de polvo y el grito… ¡Un grito de terror! Eso vamos a escuchar pronto porque dentro de las estrategias del chavismo ha surgido una nueva táctica que sin duda será el bumerán que cortará el cuello de más de uno: desvelar en la Asamblea Nacional cómo es el modus operandi de la corrupción.
Claro, más ingenuo el que recibe el dinero como ha pasado esta semana con el exmiembro del equipo de campaña de Capriles, Juan Carlos Caldera (bien destituido por cierto por el candidato a la presidencia). En este caso han caído en la trampa las dos partes. Por un lado, el cándido Caldera y por la otra, todo un entramado de corruptelas que desde ahora, pone los pelos de punta al más peinado de los chavistas. De esos vídeos debe haber más de uno. Desfilarán por las pantallas aquellos que, como a Caldera, les toque su cuarto de hora de fama de acuerdo a las componendas que se planeen desde la cúpula del poder.
Así como decía la introducción de la serie “El llanero solitario”, una nube de polvo y el grito ya no será para que el caballo “Silver” galope más raudo, sino de aquellos que no teniendo en sus cabales la moral y la ética como normas de proceder, se verán descubiertos por un cheque o maletín de mucha o poca monta que diga y mantenga a lo largo del tiempo lo corrupto que se es. Así pues que cuando los vídeos se muestren en las pantallas planas y videobeams veremos correr a más de uno levantando una polvareda tras suyo.
En el plano de la corrupción Chávez se montó en la campaña de 1998 sobre el caballo de la lucha contra ella y cayó con facilidad –o al menos sus secuaces– en mojar las manos de aquellos que, siendo necesarios para el régimen en un momento determinado y sabiendo “cuanto vale” (va por William Ojeda) se dejaron comprar por un par de balancinazos[1] de cualquier pozo petrolero en cualquiera de las cuencas de crudo venezolanas.
Lo hábil ha sido poder comprender que esos recursos del petróleo, administrados así, con cheques o maletines, han permitido a Chávez ser presidente por casi 14 años y que, de cara a lo que viene, el pueblo no será tan ingenuo de pensar en que las lealtades serán tan fáciles como aceptar una camiseta roja, una botella de ron y un sándwich para el camino hasta las urnas electorales. El pueblo querrá, más allá de las dádivas de las misiones, su cheque. Así, reluciente y entregado por una mano con camisa de doble puño y mancuernas, con traje elegante en el salón de una casa. Se quedó atrás el bochinche de las entregas de dinero en efectivo haciendo fila bajo el sol. Ahora es elegante y si es con güisqui, mejor.
Malbaratar el dinero del Estado es un delito que se llama peculado.  Así como hemos descubierto que el dinero se usa para comprar conciencias, se sabrá pronto y rápido del destino de más dinero, de acciones cometidas contra ciudadanos, de los desmanes del poder chavista porque, si de algo estamos seguros es que la solicitud de salida de Venezuela de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos es una estratagema para evadir, de alguna forma, al Tribunal Internacional de La Haya. 


[1] Balancín es la bomba con la que se extrae de los pozos de petróleo el crudo. De ahí la licencia que nos tomamos de escribir balancinazos.

domingo, 9 de septiembre de 2012

No ver más la grupa desde el camino


Hay que ver cómo la campaña de Chávez se apuntala en sus argumentos de siempre: odio y exclusión. Sabe que no tiene todo el favor del electorado tal y como lo tuvo en el pasado, que sumar le vendría mejor que dividir y que llamar la atención de los indecisos le conviene, aunque sus formas sean al estilo del “tirabesitos”.
Por su parte Capriles hace lo que debe. Llama a los indecisos, busca trabajar desde el diálogo y la concertación, procura que su discurso se llene de oportunidades para todos. Atrás se quedan los amagos de reivindicaciones por la conquista y colonización, lejos se ven los nubarrones del mestizaje, ha pasado página en esa historia que ha revuelto el comandante hasta hacerla una cantinela propia de un jingle de un producto para lavar conciencias.
La campaña desvela más chavismo. Más odios, más rencores. Muestra que el aparato productivo será a la medida del comandante mientras más desmontado, mejor. Mientras más depauperado, mejor porque así el pueblo dependerá del revolucionario mayor, así como han hecho los Castro en Cuba, que el pueblo dependa moral, espiritual y políticamente de ellos… aquello de “con hambre y sin empleo”.
Capriles tiene un plan de gobierno que pasa por revisar las estructuras desmanteladas del Estado; por revisar la economía y, por supuesto, por darle la inyección de recursos al país para que sobre la base de la creación de oportunidades, acabar con todas las impunidades que el chavismo ha gestado en 14 años en el poder: la inseguridad, el desempleo, la falta de inserción en el sistema educativo. Todo pasa por un saneamiento de la economía, por reactivar al aparato económico, por devolver a los industriales y empresarios la razón por la que invertir: dar empleo, producir para el país y su gente, para exportar y generar divisas.
El chavismo se basa en una estructura de economía de Estado en la que el Estado es el propio mandatario -L’etat c’est moi-, en que la hegemonía mediática dibuja las condiciones propagandísticas de ese país que sueña el comandante con los ojos vidriosos a la usanza de los actores mexicanos de la década del cincuenta. Una esperanza fundada en la espera sin calendario, sin citas a futuro, contando con la mansedumbre del pueblo que se contenta con su mendrugo y su camiseta roja aunque en la olla no haya mayor cosa que poner porque como escribió Andrés Eloy Blanco, “los otros tres se le fueron tras un hombre a caballo”, porque así sigue siendo, se van tras el hombre del caballo, el de las ideas alocadas, el que no ofrece nada más que la grupa de la bestia vista desde el camino (en el caso de Chávez un camión desde el que lanza besitos), nada de ir sobre las ancas, nada de placeres de viaje, las ancas vistas desde atrás acompasadas del polvo del camino.
Capriles no va a caballo, va con la gente, tiene a la gente como plan. Un plan que se puede resumir así: la gente tiene hambre, hay que hacer pan. La gente tiene ganas de comer, hay que darles trabajo para que compren el pan. La gente tiene miedo de que la maten por tener pan, hay que proteger a quienes ya tienen pan y sumar a los que no lo tienen al aparato productivo. La economía necesita gente para producir para que todos tengan pan. Si estamos ocupados haciendo pan no hay tiempo para delinquir y si queremos hacer distintos panes, hay que formarse para saber hacer masas diversas y, si queremos que la gente no falte al trabajo para que no nos quedemos sin pan, hay que hacer que la gente esté sana. Ese es el plan de gobierno de Capriles. Nada de "ven a verme pasar con mi caballo que yo te dejo que me veas y se te llenen los ojos de ilusiones".
Inclusión contra exclusión, esa es la diferencia entre Capriles y Chávez.
    

domingo, 2 de septiembre de 2012

El progreso contra Chávez

Estimado lector, esta artículo lo escribí para el diario ABC de España
 y fue publicado el día 30 de agosto de 2012 en la pág. 14.

Este siete de octubre (7-O) reviste un especial significado para la democracia. Es la oportunidad de la oposición venezolana de hacerse con la presidencia del país y después, el 16 de diciembre (16-D) generar la necesaria alternancia política en todos los estadios de poder regionales. Ahora, hay que poner el pero necesario porque las cosas, aunque se sientan festivas desde las campañas, tienen frenos institucionales muy bien montados por el comandante Hugo Chávez, lo que implica que el estudio de la coyuntura pase por revisar las diferentes aristas y posibilidades electorales de este próximo octubre.
Una de las facetas de este entramado está conformada desde la Constitución Nacional y contempla a dos de los poderes fundamentales: la Asamblea Nacional y el Tribunal Superior de Justicia. La otra faceta es que el ganador de esta contienda tomará el poder en enero de 2013. Fíjese bien en las fechas porque a continuación se desvela la otra parte del entramado.
La Asamblea está compuesta por un 58,3% de diputados del partido del presidente Chávez (PSUV), lo que impediría cualquier reforma de leyes orgánicas que requieran de dos terceras partes de las manos alzadas del hemiciclo, toda vez que la vigencia de estos diputados es hasta el 15 de diciembre de 2015.
El otro poder es el Tribunal Superior de Justicia. Este órgano del Estado tendrá a 23 de sus 32 magistrados manteniendo sus funciones entre 2016 y 2022. Esa condición hace poco probable a la oposición márgenes de maniobra mediante la vía de la aplicación de justicia.
No se escapa de estas aristas la estrategia de amedrentamiento del chavismo. Un ejemplo, cómo podrán votar los ciudadanos inscritos en Miami (EE.UU.) una vez que la cónsul venezolana armó una zapatiesta contra el gobierno norteamericano, la tuvieron que destituir de sus funciones y cerraron la sede consular, así, sin más.
Más aristas. Los números de las encuestas son variopintos. Unas dan como ganador a Henrique Capriles Radonski, abanderado de la oposición por la Mesa de la Unidad Democrática y las otras a Chávez. Fiarse a estas alturas de las encuestas cuando la campaña tiene mucho que recorrer, sobre todo en visitas, demostraciones de programas de gobierno, apariciones en los medios de comunicación, alianzas, mítines, convencimiento de electores, no es posible. Lo interesante desde el punto de vista político es tratar de vislumbrar el futuro. Las dos campañas tienen que tener fuelle porque la lucha por el favor de los votos está, y eso lo sabe la oposición, en el terreno de Chávez.
Así, varios escenarios políticos son los que operarían en esta campaña. Si el 7-O Capriles gana las elecciones, tendría dos años de desgaste legislativo y de justicia de manos atadas… salvo que de los casi 19 millones de electores inscritos en el registro electoral logre obtener las firmas del 15% de ese padrón, es decir, dos millones setecientas mil voluntades férreas para hacer frente al tinte rojo, con un referéndum para llamar a una asamblea constituyente. De esa forma se ganaría tiempo y credibilidad política para mantenerse en el poder con serenidad.
Lo que sí está claro es que el chavismo sin Chávez a la cabeza es un saco de gatos. Bastó que se fuera a Cuba a su convalecencia para que las apetencias por el poder dejaran al descubierto de qué está hecho el grupo seguidor del presidente.
Ahora, dicen que Chávez está muy enfermo, que no llegaría a la toma de posesión y que esta falta absoluta del poder tendría complicaciones varias. Pues las tiene. Si Chávez gana las elecciones y muere antes de asumir la presidencia, quedaría en el mando Diosdado Cabello, actual presidente de la Asamblea Nacional, con un saldo de tiempo adecuado para formar dentro de las filas del chavismo al delfín, convocar nuevas elecciones y ver qué pasa con el pueblo opositor, ahora desmoralizado por una derrota electoral y evaluando en las cafeterías por qué no ganaron y en qué se equivocaron, buscando articularse para las elecciones de alcaldes y gobernadores del 16-D.
Si el escenario es que Chávez nunca estuvo enfermo, la estrategia amañada de campaña sería que un milagro le ha curado y así, el crédulo pueblo, le adjudicaría poderes místicos al líder, lo que lo convertiría nuevamente en presidente.
La campaña de Capriles acertadamente denuncia los desmanes de la gestión de Chávez, subraya los 180 mil muertos en manos del hampa en los 13 años de gobierno, destaca los errores en su política educativa y sanitaria, desvela corruptelas, señala la inacción en materia de inversión en infraestructuras, constata las divisiones sembradas sobre la base del odio.
Las posibilidades de Capriles siguen en la estrategia emprendida en esta campaña de recorrer al país casa por casa y, por supuesto, en el compromiso ciudadano por la acción cívica de votar. La campaña también es mostrar al mundo que las relaciones diplomáticas del chavismo venden a una Venezuela ficticia, una realidad maquillada que avergüenza a los ciudadanos y que demuestra un plan de apropiación del país.
El 7-O es una cruzada libertaria para elegir entre dos países: el de Chávez y el del progreso.