El blog de Max Römer: agosto 2012

domingo, 19 de agosto de 2012

Con mis hijos no te metas

Para no olvidar (parte 3)
En 2001, con apenas dos años en el poder, Chávez se metió con lo más sagrado de toda familia, los niños. Todo empezó con su propuesta de alterar el rumbo de la historia reciente venezolana al cambiar los libros de texto y reducir la vida política democrática posterior a Marcos Pérez Jiménez, nada menos que cuarenta años, a un párrafo de oscura recordación y lamentable manipulación. Un acto que lo definía a todas luces como un dictador.
Ahora, para camuflar los intereses reales de toda esa maquinaria de manipulación de la historia, inventó y decretó bajo el número 1011 en octubre de 2000, a unos supervisores itinerantes del sistema educativo, personas que debían ser nombradas por el ministro de educación y que, por supuesto, debían ser considerados moralmente solventes por el régimen. Estos supervisores debían velar por los intereses del gobierno, no de la educación ni de los intereses de las familias en materia educativa.
La contraria la emprendió la Asamblea de Educación, que era un organismo de personalidades probas en el ámbito educativo, que levantó una protesta en enero del 2001, oponiéndose al Decreto 1011. Bajo el lema “con mis hijos no te metas” la Plaza Brión de Chacaíto en Caracas se llenó de padres, padrinos, tíos y educadores que sumados a aquel clamor convertido en manifestaciones, frenaron por breve tiempo las intenciones del presidente.
Chávez, con su estilo ya definido en Aló presidente, dio largas explicaciones del terror de lo que significaron aquellos años de supuesto oprobio de los partidos políticos que le había precedido. Mientras el pueblo chavista asentía con la cabeza todas las palabras del presidente, el pueblo opositor se levantaba con la bandera en alto buscando reivindicaciones y ajustes en la política del comandante.
Esta sensación de desprotección del patrimonio familiar básico, los hijos, fue llenando de protestas y de manifestaciones las calles de Venezuela. Cada paso que el presidente daba en contra de lo que la oposición consideraba dañino para sus intereses y, Chávez consideraba fundamental para su proyecto revolucionario, generó en el inicio del siglo XXI una sensación de desasosiego, un marcado distanciamiento entre el poder y parte del pueblo, mientras la otra parte, contenta con recibir las dádivas que le daban las misiones, asentía respaldaba al teniente coronel enfundados en sus camisetas rojas.
Tal fue el espíritu de ese año, tal fue la batalla de contrastes que el grupo musical “Gran Coquivacoa” le dedicó una gaita que tituló “Aló presidente”. Son esos detalles para no olvidar... 

domingo, 5 de agosto de 2012

L'État, c'est moi

Para no olvidar (parte 2)

El 27 de agosto de 2000, en plena efervescencia de la soberbia presidencial, Chávez en su programa “Aló presidente” tuvo el atrevimiento de expresarse de manera inadecuada a la intención de la asociación Queremos Elegir por hacer un llamado a la desobediencia civil, que por cierto, está amparada en el artículo 350 de la Constitución que había sido aprobada en diciembre de 1999. Con palabras altisonantes, como lo han sido todas las del comandante Chávez desde que tomó el poder, vejó a  Elías Santana y a la asociación Queremos Elegir fungiendo ese rol que tanto le gusta: ser locutor de televisión (nos negamos a llamarlo comunicador por respeto a la profesión que ejercen tantos periodistas).

El caso es que Santana, en su firme creencia de las libertades y en defensa de la democracia y el buen hacer ciudadano se dirigió al Tribunal Superior de Justicia pidiendo que el presidente rectificara sus palabras, máxime cuando el código deontológico de los periodistas y de quienes ejercen la locución de programas de TV y radio, establece que el derecho de réplica es un deber a la vez por parte de quienes emiten una información inexacta.

Como Chávez ha manipulado las conciencias de tantos y, sobre todo del Tribunal Superior de Justicia, el fallo –conocido como la sentencia 1013– no podía ser menos ilustrativo de lo que pasaría en Venezuela en materia de libertad de expresión, información, prensa y opinión: Chávez no tiene porqué rectificar sus palabras. Una patente de corso para decir y hacer con los micrófonos lo que le diera su perreta gana.

En 2001, y como respaldo a lo que se vendría encima, escribí lo siguiente: “Esto plantea en inicio, una serie de inquietudes y la oportunidad de comparar la sentencia en un contexto global que tiene principios elementales expresados en códigos, tratados y pactos internacionales suscritos por Venezuela.

Las acciones a emprender tienen que rechazar cualquier intento de establecer limitaciones al derecho a la libertad de expresión como prinicipio fundamental de la democracia; rechazar la pretensión de un equilibrio ideológico dentro de cada medio de comunicación; rechazar cualquier intento de limitar el derecho de constituirse en empresa comunicacional; y por supuesto, respaldar toda acción que se haga en pro de corregir los errores cometidos en la sentencia 1013.

Tal vez el reflejo más importante de esta sentencia es que no todos los venezolanos comprendemos los cinco poderes que constituyen al Estado venezolano. La tarea es más comleja que intentar defender la libertad de expresión. Tal vez lo que nos espera es más allá de la libertad que nos brinda la noticia, usar a los medios de comunicación como garantes de la democracia y volcarlos a un proceso educativo que nos permita ver, comprender y amar al país”.

La invitación es a leer la sentencia[1] y, si el lector lo considera interesante, leer también el resto del artículo que en su día publicamos en la revista SIC del Centro Gumilla[2].

Otro tema para no olvidar y para recordar que la satrapía gobierna a Venezuela desde 1999.


[1] CABRERA, J.: (2001) Sentencia 1013 del Tribunal Superior de Justicia. [En línea] http://www.tsj.gov.ve/decisiones/scon/Junio/1013-120601-00-2760%20.htm Consultado el 5 de agosto de 2012.
[2] RÖMER, M.: (2001) 1013 la sentencia que sentencia la expresión. En Revista SIC. [En línea]