El blog de Max Römer: Ataques por la banda izquierda

domingo, 6 de mayo de 2012

Ataques por la banda izquierda

Un 16% más de posesión del balón ha tenido la política agresiva de Chávez en contra de la libertad de expresión. Dicho en términos futbolísticos pareciera que el partido está en manos del equipo rojo, y será verdad hasta que el balón salga por la esquina derecha.
La acumulación de posibilidades de cartulinas o tarjetas rojas rojitas en el terreno de juego –no pitadas por el árbitro- han dejado en 2011 denuncias desde el campo y el banquillo en términos como los que siguen: “agresión (25,9%); intimidación (21,9%) y amenaza (17,9%) lo que implica que en 2011 hubo un incremento de hechos violentos contra periodistas con respecto al 2010 en el que las restricciones con mayor reiteración fueron la censura (26,9 %), agresiones (23,8 %) y el hostigamiento judicial (15,5%)”i.
Mientras este desangramiento ocurre en materia de libertad de expresión, persecución a la prensa, vejación a los periodistas y medios de comunicación, el comandante colorado se ha ocupado desde La Habana, usando su teléfono móvil y su red twitter (@chavezcandanga), de anunciarle al ministro de comunicación e información Andrés Izarra -el hegemónico de la comunicación- este texto "¡Epa Izarra! Aprobé ahora mil cien millones de Bs. para el MPP Comunicación para gastos de personal y funcionamiento ¡Pa' lante!”ii.
Como siempre, una vergüenza que en el campo de juego de la democracia la información sea tratada desde el régimen con celo y cariño, largas cadenas de radio y televisión, manipulación mediática para encontrar culpables en todos los rincones del infinito y más allá, mientras a los medios de comunicación en manos de particulares se les priva de todo tipo de oportunidades, inclusive, de entrevistar a ministros, asistir a ruedas de prensa o acceder a las fuentes oficiales. Es como ir por un campo de fútbol minado en que las claves del enterramiento de las minas están en manos del equipo rojo.
Y es que 2011 ha sido el año con más agresiones a la prensa en Venezuela desde el año 2002. Un país que se preciaba de ser abanderado de la libertad, desde el que se usó la imprenta para difundir las ideas libertarias decimonónicas de Bolívar, una nación que se mostró como líder de la democracia es ahora la mofa planetaria en materia de libertad de expresión, esa misma por la que gimoteaba Izarra en 2003 cuando siendo reportero de Radio Caracas Televisión se le impedía informar censurando a los periodistas.
Además, el equipo rojo rojito quiere salirse de la Fifa. Ahora busca todo tipo de pretextos para que las tarjetas rojas que merece Chávez y sus secuaces queden impunes, así como que si los árbitros fuesen despojados de sus ojos. Salirse de la Fifa, es decir, de la Corte Interamericana de loa Derechos Humanos (Cidh) es dejar a Venezuela a la deriva, fuera de control, en una violenta y encarnizada lucha de “sálvese quien pueda” porque ni la constitución será garantía de nada, porque si de violaciones hablamos, la primera ultrajada en masa por la liga colorada ha sido la pobre “bicha”.
Las multas a los equipos son siempre de poca monta –si consideramos lo mucho que ganan- pero las deudas con la justicia por crímenes de lesa humanidad no prescriben y, dentro o fuera de la Cidh, sabe la oncena de los colorados que la vida es larga y las manos de la justicia internacional firmes.  
¿Se trata de venganzas o de construcción de ciudadanía? ¿Se trata de amenazas porque tengo el poder? ¿Se trata de hacer creer que el chavismo es quien detenta la verdad al tener el poder de masacrar a la prensa y a la sociedad?
Por mucho que pretendan esconder con su hegemonía mediática las meteduras de pata en la zona de gol, de las manos para empujar al balón hasta la malla, los balones suelen irse al córner y desde la banderilla de esa esquina del campo por lo general no hay minas. Goles bien metidos se hacen desde esa posición en el terreno de juego que, si no tiene medios de comunicación, habrá algún aficionado en las gradas que lo mande desde su teléfono por twitter. ¡Sépalo señor presidente!
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