El blog de Max Römer: Para callar a Chávez se necesita

domingo, 22 de enero de 2012

Para callar a Chávez se necesita


Así como en la realidad política venezolana de la última década del siglo XX caló en discurso político de Chávez, ese discurso en su origen aparentemente fresco y directo, cercano al ciudadano y alejado del partidismo dominante de entonces, hoy, ya en plena segunda década del siglo XXI, veinte años después de su famoso “por ahora” es tiempo de que la pregunta de su majestad el Rey Don Juan Carlos I opere en el panorama político venezolano e internacional, ¿por qué no te callas?
No se callará en tanto en cuanto todavía tiene el fuelle necesario para mantenerse al habla. Un ejemplo sencillo es la demostración de bravuconería, pedantería y machismo dado en la Asamblea Nacional hace pocos días frente a la diputada María Corina Machado, como también lo ha sido con toda aquella persona que le haya roncado en la cueva, en esa cueva creada sobre la base de la discusión y la negación de lo existente, para vender un país de fantasía, alejado de la realidad.
No se callará hasta que un aluvión de votos lo saque de la silla de Miraflores porque si es por él se quedaría hasta el infinito y más allá. Chávez, como caricatura es comparable con el capitán del barco “Costa Concordia”. Pues, si nos sorprende la actitud del capitán Schettino con su incapacidad de reconocerse responsable y culpable, nos debiese sorprender por igual la actitud del comandante Chávez al hacer que naufrague un país. Sorprendernos también de que los mapas  erróneos que usa se los entregue al resto de los presidentes latinoamericanos y es más, que sus amigos del planeta sean los enemigos del mundo.
¿Qué le toca al candidato de la oposición en materia de discurso para callar a Chávez? Así como Chávez fundó su discurso sobre la base de la violencia, la militarización y el odio para poder obtener la popularidad necesaria gracias a la tergiversación de la historia a su favor, quien pretenda ser el nuevo líder venezolano deberá desmontar todo el aparato discursivo con todo lo contrario: paz, desarme, concordia, ciudadanía y buenas maneras. Poner la mirada en el presente y orientar la vista hacia el futuro, dejar atrás la historia y proponer nación, fundación, construcción sobre los valores que se sabe tienen los venezolanos a decir de la sociedad venezolana de psicología positiva: cariño, solidaridad, buen humor, valentía.
Construir a ese país de igualdades –si antes de Chávez era un desiderátum- luego de él es casi imposible salvo que la capacidad de resiliencia, otra de las fortalezas del venezolano, enfoque el rumbo del país a tomar las riendas de ese presente desolador y desalmado y lo trastoque en un hoy con la mirada fresca de saber que siempre, a pesar de Chávez, hay un mañana.
Los líderes de la oposición han de prepararse para un debate en que su discurso se convertirá en ideología, en dialéctica entre la desolación chavista y la construcción de la oposición, entre la angustia creada y la esperanza de generar un cambio que sume. No se trata de desarticular, sino de amalgamar y hacer eso implica tomar todos los elementos de la sociología venezolana, volcarlos en un crisol y, a la manera de los alquimistas, producir una sustancia que sea producto de ese hoy que tanto duele y que a la vez se llena de posibilidades.
Ese día en que se logre callar al presidente Chávez, tendremos la certeza de saber que la oposición gobernará Venezuela con el tino necesario para empujarla a ese sitial que debió alcanzar en la última década del siglo XX y que se quedó truncada por la corrupción de Carlos Andrés Pérez, el golpe de Estado de Chávez y la debilidad de las instituciones venezolanas de ese entonces.
Que la historia sirva de ejemplo para no cometer errores y no como bastión a enarbolar cuando no sabemos proyectar futuro. Esa es la forma de callar a Chávez.

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