Así como en la realidad política venezolana de la última
década del siglo XX caló en discurso político de Chávez, ese discurso en su
origen aparentemente fresco y directo, cercano al ciudadano y alejado del
partidismo dominante de entonces, hoy, ya en plena segunda década del siglo
XXI, veinte años después de su famoso “por ahora” es tiempo de que la pregunta
de su majestad el Rey Don Juan Carlos I opere en el panorama político
venezolano e internacional, ¿por qué no te callas?
No se callará en tanto en cuanto todavía tiene el fuelle
necesario para mantenerse al habla. Un ejemplo sencillo es la demostración de
bravuconería, pedantería y machismo dado en la Asamblea Nacional hace pocos
días frente a la diputada María Corina Machado, como también lo ha sido con
toda aquella persona que le haya roncado en la cueva, en esa cueva creada sobre
la base de la discusión y la negación de lo existente, para vender un país de
fantasía, alejado de la realidad.
No se callará hasta que un aluvión de votos lo saque de la
silla de Miraflores porque si es por él se quedaría hasta el infinito y más
allá. Chávez, como caricatura es comparable con el capitán del barco “Costa
Concordia”. Pues, si nos sorprende la actitud del capitán Schettino con su
incapacidad de reconocerse responsable y culpable, nos debiese sorprender por
igual la actitud del comandante Chávez al hacer que naufrague un país.
Sorprendernos también de que los mapas
erróneos que usa se los entregue al resto de los presidentes
latinoamericanos y es más, que sus amigos del planeta sean los enemigos del
mundo.
¿Qué le toca al candidato de la oposición en materia de
discurso para callar a Chávez? Así como Chávez fundó su discurso sobre la base
de la violencia, la militarización y el odio para poder obtener la popularidad
necesaria gracias a la tergiversación de la historia a su favor, quien pretenda
ser el nuevo líder venezolano deberá desmontar todo el aparato discursivo con
todo lo contrario: paz, desarme, concordia, ciudadanía y buenas maneras. Poner
la mirada en el presente y orientar la vista hacia el futuro, dejar atrás la
historia y proponer nación, fundación, construcción sobre los valores que se
sabe tienen los venezolanos a decir de la sociedad venezolana de psicología
positiva: cariño, solidaridad, buen humor, valentía.
Construir a ese país de igualdades –si antes de Chávez era
un desiderátum- luego de él es casi imposible salvo que la capacidad de
resiliencia, otra de las fortalezas del venezolano, enfoque el rumbo del país a
tomar las riendas de ese presente desolador y desalmado y lo trastoque en un
hoy con la mirada fresca de saber que siempre, a pesar de Chávez, hay un
mañana.
Los líderes de la oposición han de prepararse para un debate
en que su discurso se convertirá en ideología, en dialéctica entre la
desolación chavista y la construcción de la oposición, entre la angustia creada
y la esperanza de generar un cambio que sume. No se trata de desarticular, sino
de amalgamar y hacer eso implica tomar todos los elementos de la sociología
venezolana, volcarlos en un crisol y, a la manera de los alquimistas, producir
una sustancia que sea producto de ese hoy que tanto duele y que a la vez se
llena de posibilidades.
Ese día en que se logre callar al presidente Chávez,
tendremos la certeza de saber que la oposición gobernará Venezuela con el tino
necesario para empujarla a ese sitial que debió alcanzar en la última década
del siglo XX y que se quedó truncada por la corrupción de Carlos Andrés Pérez,
el golpe de Estado de Chávez y la debilidad de las instituciones venezolanas de
ese entonces.
Que la historia sirva de ejemplo para no cometer errores y
no como bastión a enarbolar cuando no sabemos proyectar futuro. Esa es la forma
de callar a Chávez.
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