En Venezuela los días se hacen cortos y las noches de larga
espera. Aunque las variaciones de luz en el Trópico son pocas, las noches son
largas esperas desde que cae el sol porque las salidas con la garantía de los
apagones hacen más insegura a la sociedad. En las calles venezolanas se ve cada
vez la gente con más prisa, sin voltear la mirada, sin alzar los ojos. Una
forma preocupada de andar, un deslucir para no tener por final una bala en el
cuerpo.
Se avecinan tiempos difíciles. Esa es una línea que se lee a
lo largo de la historia, pero la de Venezuela es en particular una línea
lapidaria. La educación se ha convertido en una desgracia, que si antes era un
fraude, ahora es eso, una desgracia porque los maestros -a pesar de que los padres de Chávez son maestros- son irrespetados no pagándoles lo que merecen ni cuando les toca de acuerdo a los contratos. Una situación que, para quienes manejamos la comunicación, se convierte en un boomerang en el ámbito de la identidad hacia el proceso de enseñanza. Pero, como el que sabe de comunicar es el presidente...
La salud, va por el mismo camino. Los hospitales no están
dotados, los médicos están vejados y sustituidos por otros médicos que,
graduados mediante la vía “caja de Ace”[i],
no saben atender las vicisitudes que pueda tener un paciente. O, si lo vemos en
retrospectiva, los médicos cubanos han hecho de las suyas en materia de
sanidad.
Los políticos chavistas aplauden como focas amaestradas las
gracias del comandante. Los últimos aplausos fueron por el “yo no fui” sobre el
cáncer que les ha dado a los líderes latinoamericanos supuestamente “sembrado” desde
los Estados Unidos. Como siempre, arma una polvareda y luego, él no fue.
Los políticos de la oposición buscan a como de lugar tener
un espacio cierto de combate al terror sembrado por el oprobio del chavismo, su
salida al ruedo político es valiente, aunque sus discursos sean un poco tibios,
un mucho ilusionados y lleven una propuesta de alternancia en el poder. Los
retos, sobre todo los de reconciliación social, son enormes. Hay que volver a
montar un aparato industrial que está destruido por tantas expropiaciones que,
se dicen rápido, pero que están cargadas de odio, vejaciones y malos tratos a
los industriales que han tenido que coger su sombrero e irse por la puerta de
atrás con lo puesto porque de indemnizaciones… poco ha habido.
Si se trata de infraestructuras, las vías de comunicación
siguen siendo las mismas. No hay adelantos de penetración territorial vía
ferrocarril, ni mejoras en el sistema de transporte público, ni inversiones en
carreteras. Mientras el precio de la gasolina sea de 2 centavos de dólar por lo
que un depósito lleno está cercano a un dólar, adquirir un vehículo es la vía
de transporte más efectiva que puede emprender una familia. Eso sí, como es
fácil llenar de combustible, las calles no son suficientes para albergar a
tanto vehículo.
Si se trata de seguridad, basta con ver cómo son los índices
de violencia, la cantidad de muertes por un par de zapatillas o un teléfono 3G.
El precio de la vida es el costo de una bala. Así que, las noches son de
espera, largas, tenebrosas y a oscuras. Los días son de prisa para ver si se
llena la bolsa de la compra con alguna cosa comestible porque el
desabastecimiento producto de un agro abandonado o mutilado por la expropiación
es pavoroso.
El chavismo se sacó un país de una caja de Ace y no ha sabido agradecer la posibilidad cierta de hacer patria. La que se avecina para la oposición es recoger los trozos de la vajilla de la caja, pegarlos y eso sí, cuidarlos mucho porque no vuelven más esas promociones especiales en las cajas de jabón.
[i] En
Venezuela para promocionar en la década de los 60 y 70 las cajas de jabón Ace
se ncluían en su interior piezas de vajilla. De allí que se dice que la gente
se obtiene cosas en una caja de Ace.
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