El blog de Max Römer: No hay paz con la miseria

domingo, 11 de diciembre de 2011

No hay paz con la miseria


Al presidente Chávez le encanta ser el centro de la atención. No en balde, para demostrar su mejoría de salud, se organizó una fiestecita con todos sus colegas latinoamericanos para eso, para que le digan que está estupendo. Una fiestecita de lo más interesante, sobre todo bajo la óptica de quienes sabemos que los dirigentes de América Latina van a ver a Chávez con las manos extendidas. Una “party” que movilizó decoraciones especiales, maquillajes a Caracas, en fin, pura fachada.
De lo que no se ocupó el comandante fue de darle un poco de paz a la miseria. Esa miseria que bordea el Palacio de Miraflores, que recibe a los mandatarios en las márgenes de las autopistas. Esa misma miseria que está en la soledad de los anaqueles de los supermercados, o en el llanto sordo de las madres en las puertas de la morgue de Bello Monte.
Para Chávez su invento de la fiesta de la Celac, no tiene otro propósito que darle voz y voto en la región a Cuba y, para poder hacerlo, excluyó entonces, como lo hace la Organización de Estados Americanos, a Estados Unidos y a Canadá.
Nuevamente no hay paz con la miseria. Porque la miseria de la que se trata es la miseria humana, de lo miserable que es el teniente coronel con los pueblos al ser excluyente. Un ejercicio de quítense que viene el más pintado, el más popular, el que sí puede. Eso sí –es el pensamiento y la acción de Chávez- los que creo que no deben venir a mi fiesta, no entran.
Señor Chávez, si se trata de fortalecer regiones, se debe buscar la inclusión, fortalecer la reflexión sobre las diferencias y obviar los errores del pasado, cosa que como sabemos, le gusta poco a los mandatarios de izquierda, Chávez y Castro. Más bien, sobre la base de destacar sus debilidades y sus complejos de inferioridad es que se unen.
Se reunieron también –a manera de cotillón de fiesta- para destacar que Latinoamérica es diferente y que se ocupa de temas ancestrales, es decir, con la mirada puesta en el pasado precolombino, en costumbres anejas. En esa reunión que marcó el nacimiento de la Celac, es interesante destacar que en las conclusiones no se habló de impulso a la investigación, el desarrollo y la innovación. Se habló de exclusión, de que se considera a Latinoamérica un espacio universal venido a menos por una parte, y orgulloso de un crecimiento económico que mantiene sus índices de pobreza prácticamente incólumes. Se dejó fuera, deliberadamente los logros de la Organización de Estados Americanos, por aquello es parte del tufo a azufre que tanto le molesta al comandante.
Para Chávez y sus secuaces venezolanos es fácil hablar desde la exclusión porque ellos mismos son excluyentes. Les es fácil plantarle cara a la pobreza, porque saben vivir políticamente de ella. Les es fácil  eso de poner un saco de dinero y repartirlo con miras a que se siga diciendo que Chávez es lo mejor del hemisferio. Si a ver vamos, tenemos que a Chávez lo que le queda es Latinoamérica. Sus socios ideológicos han ido cayendo en la primavera árabe o están siendo vigilados por el organismo internacional de energía atómica o, fueron eliminados en comandos ad hoc en contra del narcotráfico.
El presidente colorado tiene que aliarse a victoriosos de la región, como Chile que le den un cariz democrático, un tanto de derecha, que lo saque de esa izquierda trasnochada que es su aparato ideológico. Y así lo hizo. Le dio a Piñera el mando de la Celac pro tempore. Una estrategia de lo más hábil en el marco de las necesarias reivindicaciones de la región, toda vez que las materias prioritarias son la coca y la quinua (grano boliviano).  
Y no es que estemos en contra de que las naciones se alíen. Al contrario, de las alianzas inteligentes surgió el euro, que a pesar de las crisis políticas diversas que empañan a la economía de la región, ha dado un espacio de bienestar a un continente que, de tanto haber peleado entre sí, tienen la paz necesaria para construir. Lo que no sabemos es por qué, teniendo al norte del Caribe a un socio comercial de primer orden, sean los mandatarios latinoamericanos tan miopes de no querer fortalecer lo que existía, exigir la presencia de Cuba, darle espacios a todos en el continente, manifestarse como una zona de investigación, desarrollo e innovación en todos los sectores de la economía, proponer posibilidades de inversión panregional, sino que, para que se destaquen las diferencias, tenga que mazo en mano ser Chávez el que de punto final a la discusión de una región que se sabe dependiente del norte y de la otra orilla del Atlántico.

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