Al presidente Chávez le encanta ser el centro de la
atención. No en balde, para demostrar su mejoría de salud, se organizó una
fiestecita con todos sus colegas latinoamericanos para eso, para que le digan
que está estupendo. Una fiestecita de lo más interesante, sobre todo bajo la
óptica de quienes sabemos que los dirigentes de América Latina van a ver a
Chávez con las manos extendidas. Una “party” que movilizó decoraciones
especiales, maquillajes a Caracas, en fin, pura fachada.
De lo que no se ocupó el comandante fue de darle un poco de
paz a la miseria. Esa miseria que bordea el Palacio de Miraflores, que recibe a
los mandatarios en las márgenes de las autopistas. Esa misma miseria que está
en la soledad de los anaqueles de los supermercados, o en el llanto sordo de
las madres en las puertas de la morgue de Bello Monte.
Para Chávez su invento de la fiesta de la Celac, no tiene
otro propósito que darle voz y voto en la región a Cuba y, para poder hacerlo,
excluyó entonces, como lo hace la Organización de Estados Americanos, a Estados
Unidos y a Canadá.
Nuevamente no hay paz con la miseria. Porque la miseria de
la que se trata es la miseria humana, de lo miserable que es el teniente
coronel con los pueblos al ser excluyente. Un ejercicio de quítense que viene
el más pintado, el más popular, el que sí puede. Eso sí –es el pensamiento y la
acción de Chávez- los que creo que no deben venir a mi fiesta, no entran.
Señor Chávez, si se trata de fortalecer regiones, se debe
buscar la inclusión, fortalecer la reflexión sobre las diferencias y obviar los
errores del pasado, cosa que como sabemos, le gusta poco a los mandatarios de
izquierda, Chávez y Castro. Más bien, sobre la base de destacar sus debilidades
y sus complejos de inferioridad es que se unen.
Se reunieron también –a manera de cotillón de fiesta- para
destacar que Latinoamérica es diferente y que se ocupa de temas ancestrales, es
decir, con la mirada puesta en el pasado precolombino, en costumbres anejas. En
esa reunión que marcó el nacimiento de la Celac, es interesante destacar que en
las conclusiones no se habló de impulso a la investigación, el desarrollo y la
innovación. Se habló de exclusión, de que se considera a Latinoamérica un
espacio universal venido a menos por una parte, y orgulloso de un crecimiento
económico que mantiene sus índices de pobreza prácticamente incólumes. Se dejó
fuera, deliberadamente los logros de la Organización de Estados Americanos, por
aquello es parte del tufo a azufre que tanto le molesta al comandante.
Para Chávez y sus secuaces venezolanos es fácil hablar desde
la exclusión porque ellos mismos son excluyentes. Les es fácil plantarle cara a
la pobreza, porque saben vivir políticamente de ella. Les es fácil eso de poner un saco de dinero y repartirlo
con miras a que se siga diciendo que Chávez es lo mejor del hemisferio. Si a
ver vamos, tenemos que a Chávez lo que le queda es Latinoamérica. Sus socios
ideológicos han ido cayendo en la primavera árabe o están siendo vigilados por el
organismo internacional de energía atómica o, fueron eliminados en comandos ad hoc en contra del narcotráfico.
El presidente colorado tiene que aliarse a victoriosos de la
región, como Chile que le den un cariz democrático, un tanto de derecha, que lo
saque de esa izquierda trasnochada que es su aparato ideológico. Y así lo hizo.
Le dio a Piñera el mando de la Celac pro
tempore. Una estrategia de lo más hábil en el marco de las necesarias
reivindicaciones de la región, toda vez que las materias prioritarias son la coca
y la quinua (grano boliviano).
Y no es que estemos en contra de que las naciones se alíen.
Al contrario, de las alianzas inteligentes surgió el euro, que a pesar de las
crisis políticas diversas que empañan a la economía de la región, ha dado un
espacio de bienestar a un continente que, de tanto haber peleado entre sí,
tienen la paz necesaria para construir. Lo que no sabemos es por qué, teniendo
al norte del Caribe a un socio comercial de primer orden, sean los mandatarios
latinoamericanos tan miopes de no querer fortalecer lo que existía, exigir la
presencia de Cuba, darle espacios a todos en el continente, manifestarse como
una zona de investigación, desarrollo e innovación en todos los sectores de la
economía, proponer posibilidades de inversión panregional, sino que, para que
se destaquen las diferencias, tenga que mazo en mano ser Chávez el que de punto
final a la discusión de una región que se sabe dependiente del norte y de la
otra orilla del Atlántico.
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