El blog de Max Römer: De personajes ilustres

domingo, 18 de diciembre de 2011

De personajes ilustres

Si algo tiene la historia es que está llena de personajes. Ilustres unos, denostados otros. A los primeros se les rinde homenaje, de les celebran sus logros, se recuerdan con orgullo sus hazañas. De los segundos, se conmemoran los oprobios, las amenazas y las sentencias que en su día ejecutaron.
Si revisamos una efemérides, el 17 de diciembre de 1830 fallecía en Colombia el venezolano decimonónico más mencionado en los últimos tiempos, Simón Bolívar. Y, no es que no merezca reconocimiento este prohombre de la historia, sino que de tanto reconocerlo el presidente Chávez lo ha convertido en una especie de caricatura. Bolívar en boca del comandante es un dibujo ridiculizado, grandilocuente y exagerado, sino un hombre, un semidios que reina en el cielo particular del teniente coronel. Un firmamento al cual él quiere pertenecer y, si lo deja la historia, emular.
En este aniversario de la muerte de El Libertador, ha devuelto el cadáver a un catafalco especialmente construido, le ha rendido honores y, para rematar, afirmó frente a la osamenta “40 años después siento mi alma liberada, porque sabemos sin duda que estás aquí, padre, eres tú” para luego agregar “resucitó, salió de su sarcófago para hacerse pueblo”. Una cursilería propia de su simpleza intelectual, una manera de hacer creer al pueblo que él, Chávez, ungido de la verdad bolivariana, libertará a los pueblos del poder del enemigo, el capitalismo.
La historia de Chávez no está cerca del fin. Le queda mucho recorrido en este proceso de darse su puesto en la historia, porque él como muchos otros, es del segundo tipo de personajes del libro. De esos que se van a conmemorar momentos que darán lecciones a futuro, del no deber ser, del no hacer, del no repetir. Me imagino a una madre aleccionando a su hijo “¡No sea como Chávez! ¡Mire que ese hombre es malo! ¡Una mala junta!”.
Los personajes ilustres de este tiempo escribirán la historia que Chávez ha negado. Harán las versiones de él que están en el reverso de las páginas que él mismo dicta se escriban para que sean los niños los que lean las aventuras de Hugo Rafael, esas que más que decir de las afrentas a la democracia, hablan de las bondades de un dictador que fue capaz de sobreponer su poder sobre el de la Asamblea Nacional para dictar más leyes que las que hicieran los parlamentarios.
Si los héroes de la independencia latinoamericana levantaran sus cabezas, los mandatarios de hoy escudados en ser abanderados de la voluntad del pueblo, verían como son enjuiciados por esos seres que, arriesgando todo, fueron capaces de ver las oportunidades que la coyuntura española de inicios del siglo XIX les dio para liberarse de la corona. Otra hubiese sido la historia sin Napoleón Bonaparte pasando fronteras a derecha e izquierda con sus huestes.
La historia, dependiendo de la frontera que se lea, tiene héroes o cobardes. Cuando las dos fronteras son capaces de reconocer al héroe, entonces lo es. Cuando no es así, estamos frente a personajes que son pendencieros, pusilánimes, oportunistas, dictadores, cobardes, tiranos. Solo la historia y la justicia serán capaces de darle a Chávez el justo espacio que merece. Ya veremos cuanto oropel lo va a decorar en el futuro y si su sarcófago estará bordado de estrellas de oro como él le mandó a hacer a los restos de Bolívar.

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