Las reparaciones domésticas tienen sus días. Todos lo
sabemos, nos creemos manitas y tenemos un montón de herramientas en los
armarios para ese día en que tengamos que arremangarnos y meternos bajo el
lavabo. Pero, de tanta chapuza, de tanto maquillaje mal hecho en el hogar, hay
que llamar al fontanero.
Y eso está pasando ahora en la política. Italia es un
ejemplo de las chapuzas llenas de maquillaje e implantes capilares, atenciones
de signorinas ofrecidas por Il Cavaliere que no sólo hicieron mofa
de su capacidad de playboy, sino de su propio gobierno que terminó necesitando
de un trabajo de fontanería mayor.
Grecia, otro tanto parecido. Portugal no se quedó atrás, y
hoy, España a falta de fontaneros, de tecnócratas, elige su futuro político en
una crisis que, a decir de la vecina de las monedas de oro Ángela Merkel, es
peor que la posterior a la segunda guerra mundial.
La semana que pasó dejó una estela de aullidos de dolor y pánico
en todos los mercados del Euro. Desde el país del Roquefort para abajo le
pedían de rodillas a los alemanes piedad en materia de apoyos, de subsidios a
sus economías. Mientras, enfundada en su espartana chaqueta, la canciller les
decía que los recortes en casa eran los que salvarían a la economía. Nada de
seguir sacando dinero por el tapón de goma de la hucha para comprar chorizo
para las lentejas, mejor que las hagan con lo que quede del hueso.
Y así. Hasta los dibujantes de la prensa, pintan a la de la
Prima de Riesgo como una chica gorda que come sin parar, que se mete en los
palacios de gobierno y parece que sacan a los inquilinos. Términos que si para los
dibujantes son complejos de expresar, quienes tienen a parte de su parentela en
casa por la misma crisis, y oyen hablar por la radio de primas italianas,
griegas, españolas, francesas, están que se compran un cerrojo más grande y se
encierran bajo siete llaves hasta que las primas esas se ahoguen de tanto
comer.
Pues ha llegado el tiempo de que el fontanero nos explique,
factura en mano, que no le demos muy fuerte al grifo -porque se rompen-, que no
arrojemos alimentos por el caño del lavaplatos –porque se tapan-, en fin,
consejos que nos damos en casa a diario y que, hasta que viene la cuenta del
fontanero, no emprendemos con la disciplina que nos toca.
Ha llegado ese momento en que apretarse el cinturón es una
tarea colectiva, porque de todos ha sido el esfuerzo de crear la zona euro. Ha
llegado la hora de que nos pongamos serios y exijamos apoyos técnicos para
salir de la crisis. Apoyos económicos de las grandes empresas trasnacionales
para inyectar confianza en los mercados, mirar hacia oriente donde las
economías lucen más prósperas aunque tengan salarios de cuenco de arroz.
El próximo partido mayoritario de España no va a necesitar
suerte, va a necesitar energía, aguante y empuje, capacidad de explicación,
buena comunicación para mostrar la factura y, poder decirle a los españoles que
sí, que la prima de riesgo es alta, que debemos adelgazarla, pero que, con el
sacrificio de todos, se saldrá adelante.
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