El blog de Max Römer: Por los vecinos de esa calle

domingo, 16 de octubre de 2011

Por los vecinos de esa calle

A la MUD y el comando tricolor, con admiración y orgullo
En tiempos electorales las encuestadoras, los candidatos, los periodistas y electores nos volcamos a interpretar la realidad basándonos en la estadística. Si las cifras favorecen a quien no queremos, decimos que la encuesta está amañada. Si al contrario, muestran la cara a nuestro favor, salimos airosos a dar declaraciones triunfales. El caso es que si la estadística nos muestra cifras que nos permiten dar un punto de vista, bien valen. Si no es así, la estadística miente.
En estos tiempos de convulsión política, en que se mezclan intenciones con intensidades, en que se funde ciudadanía con indignación, lo más importante es la movilización que se alcance en las urnas electorales. Unos apuestan por la movilización internacional, argumentando que hay un millón de venezolanos que viven en 140 países y que podrían dar su voto por la oposición. Otros, que si Chávez compra el voto -como ha hecho siempre- vuelve a ganar. Los más, que si falta mucho, que hay demasiados en el bando de la oposición, que “a lo mejor se muere Chávez”, que si ya veremos. Hay candidatos que sabiéndose perdedores, ya se han retirado porque las encuestas los ponen tan abajo, que ni con una catapulta subirían en los gráficos.    
Lo complejo es lograr la movilización de los que viven dentro, de los que viven fuera. Los de dentro, obstinados de tanta habladera de tanta promesa, de tanta podredumbre, se movilizarán si se logra la unidad tan cacareada. Los de fuera, de tanto hastío que vivieron, salieron y buscan mimetizarse a como dé lugar con sus nuevas realidades, que aunque lean por internet la prensa venezolana, poco trajín diario llevan de la tropicalidad que envuelve a sus connacionales.
¿Cómo movilizar? ¿Para qué movilizar? ¿A quién movilizar? La respuesta es sencilla, pero requiere de un esfuerzo importante por darle credibilidad. Unas preguntas son capaces de darle pie a una persona para inscribirse a votar desde el extranjero. Preguntas como ¿recuerda a su escuela? ¿A su maestra? ¿A sus compañeros de pupitre? ¿Piensa en ellos a menudo? ¿Conserva alguna foto de esos años? Pues vote. Vote por ellos. Vote por los vecinos de la calle esa, alumbrada por un farol, en la que besó por primera vez.
Ahora, si está dentro de Venezuela, padeció una interminable cola para comprar alguno de los alimentos que escasean, o clamó por presencia policial, las preguntas adoptan otro cariz. Va directo a la conciencia colectiva, a la furia contenida, a la indignación que se procura lavar todos los días cuando hay agua, o esa otra “calentera” que le da cuando por fin ha podido llenar la nevera y no hay electricidad para mantener la comida en buen estado. El voto suyo no irá ni de casualidad al comandante, la papeleta irá directo a “que venga otro que me alimente la vida un rato y me dé esperanzas de cambio”.
Las encuestas son la verdad del retrato de un momento y un espacio. No determinan los votos, pueden condicionarlos, pero no son los votos. Hay tiempo. Un año para hacer, proponer y remontar. Hay mucha gente dispuesta, que ha marchado, que se ha movilizado por el país en estos 13 años de tinturas rojas, no sólo en las camisas, sino sobre las aceras. Hay gente que ondeó banderas de 7 estrellas y que considera que esa sigue siendo su bandera. Otras que, resignadas, ondean la de 8 buscando nuevas posibilidades, tratando de que en su Navidad puedan enchufar las luces del árbol sin que el gobierno les corte la luz por excederse en el consumo. Así pues que a movilizarnos, a inscribirnos, a proponer desde la democracia, desde lo cívico, desde el sentir ciudadano esa indignación que es capaz de hacernos votar para botarlo de Miraflores.

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