El blog de Max Römer: Una botella de lejía

domingo, 26 de junio de 2011

Una botella de lejía

Ahora que se acercan las elecciones presidenciales en Venezuela, más de un chavista debe estar comprando su botella de lejía para blanquear su camiseta roja. Será un ejercicio divertido. Miles de hogares remojando sus prendas coloradas hasta dejarlas como sabemos, rosa pálido. Así, con colores de primavera se vestirán los chavistas en 2012. Aducirán miles de cosas sobre el rojo que, si antes lo buscaban hasta en los blackberries, ahora lo ocultarán como hacen los gatos, enterrando. Y lo van a hacer por dos razones. Una porque saben que han fomentado odios. Y otra, porque también saben que esa ideología escarlata no es la que conviene al país.
La lejía será un buen negocio en el cual invertir. La cotización en la bolsa por aclarados de blusa será tan importante que las empresas del sector ayudarán a reflotar la bien maltrecha economía venezolana. Las agencias de publicidad se esforzarán por buscar lemas adecuados. Me imagino eslóganes de esas campañas publicitarias: lávese la conciencia, destiña su camisa, no deje rastro de su pasado, “confía en el rosa”, deja atrás el colorado.
No se trata de burlas. Se trata de ver que con divisiones no se alcanza nada. Que se han perdido 12 años sin inversiones de infraestructura significativas, que se ha ido el tiempo en subrayar lo malo y no hacer nada. Así, los chavistas, viendo que las cosas pueden cambiar de rumbo, se hacen con su botella de cloro para evitar la especulación, la escasez o la falta del producto. Un acaparamiento del cloro que hará que las piscinas se pongan verdes de envidia. Y no pasará nada si las cosas se quedan en el folclor de desteñir camisas. Las cosas cambiarán, si llegare a ganar la oposición, luego de un ejercicio de integración, no desde el rosa, sino de ver cómo se amarran las alianzas y apuestas por el futuro sin barreras, esas que se fueron construyendo sólidas y altas por parte de todos, los chavistas y los antichavistas. Será un ejercicio de tolerancia y convivencia, de limar las diferencias semánticas, de aplacar a la corrupción, de luchar contra la delincuencia, de establecer prioridades colectivas y dejar atrás las parcelas individuales.
La oposición tiene también su parte. Debe establecer lazos de verdad hacia lo que es el sentido de país, porque por lo pronto destaca dificultades, poca claridad en quien será el abanderado de las voluntades en las urnas electorales, eso sí, muchas apetencias de poder personificados y personalizados. Tiene que generar confianza en que sus acciones políticas llamen al sufragio consciente, a la inscripción en el registro electoral, a superar las barreras institucionales que se nos han impuesto desde el gobierno, esas que nos dejan sin documentos de identidad y que nos impiden así, ejercer nuestros derechos.
 Sí, la táctica será lavar al país y dejarlo veteado entre el rosa y azul celeste. Hacer lo mismo que hará el cloro con las camisetas, y con ese concierto de colores vahídos, viendo que son suciedades sobre el blanco original de las telas, reflexionar de los errores y mantener en el recuerdo que las autocracias sirven para despertar, para transformar y para no volver a caer en ellas.

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