El blog de Max Römer: Cuidado con lo que se dice de un pepino

domingo, 12 de junio de 2011

Cuidado con lo que se dice de un pepino

Levantar el dedo y acusar es una fórmula fácil para salir de problemas, como también lo es de meterse en ellos. Como todo proceso tiene su antecedente, interesante es leer del caso Dreyfus en la Francia de finales del siglo XIX y cómo desveló el misterio Émile Zola en su artículo J’accusse. Toda esta referencia viene a colación, no por las corruptelas que existieron en la III república francesa, sino que así como fue degradado en su día el capitán Dreyfus producto de los múltiples señalamientos en su contra al punto que dividieron a la opinión pública de su tiempo, le ha pasado lo mismo al pepino de Almería, supuesto culpable de brotes de la enfermedad E. Coli que produjeron la muerte a varias personas.
La estrategia de comunicaciones alemana con respecto al pepino fue parecida a la del caso Dreyfus. Por una parte, mientras se señalaba que era necesario erradicar al pepino de la dieta, por la otra, la sensatez científica desatada por la exigencia -muy bien fundada de la ministra de medio ambiente rural y marino Rosa Aguilar- de solicitar se llevara a fondo la investigación de la buena salud con que gozan los pepinos españoles.
La táctica alemana tuvo que salir del paso con una cantidad de atragantamientos que, lejos de ser estratégicos, dejaron en entredicho eso, que señalar con el dedo es mala educación. Enormes e ingentes cantidades de dinero se han perdido en cosechas, en movilización de comestibles por Europa desde España, en fin, ahora resulta que desde Europa hay que hacer campaña para devolver la credibilidad del mundo hortofrutícola español, pagar por los daños hechos y lo que es peor, haber dejado de comer un buen plato de ensalada con pepino.
Las cosas no están para pisarse las mangueras entre bomberos. El mercado del euro depende de filigranas complejas, de la crisis de 2008, de que los países llamados PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España) puedan salir de sus déficits fiscales lo más rápido posible para seguir reflotando la economía del viejo continente, generar el empleo necesario y fortalecer a la moneda única.
Si desde los países sólidos de la región se levanta el dedo acusador sin bases firmes, flaco servicio se le hace a la Unión Europea. Vea con atención que Ángela Merkel y Barack Obama se reunieron esta semana para evaluar qué hacer con esos hilos necesarios para que se pueda sanear a toda máquina al euro porque, a Estados Unidos le conviene una Europa firme y a Alemania, también.
La crisis de los pepinos, como llama la prensa española a esta situación creada por dar conclusiones apresuradas en materia de comunicación institucional, es un claro ejemplo de la delicadeza de la política de micrófonos, del manejo adecuado de los portavoces, de la ingente necesidad de que quienes manejan el discurso de las instituciones políticas, piensen bien lo que dicen, cómo, cuándo y por qué levantan la ceja y, si lo necesitan hacer, el dedo.
Así que, señores políticos, antes de ir a declarar frente a los micrófonos, antes de decir que un pepino es culpable, antes de poner en jaque a la economía, antes de darle la razón a lo que sus vísceras dicen, piensen que las consecuencias de hacer una mala táctica de comunicaciones en un momento, le puede llevar a tener que diseñar estrategias de desembolso económico, ponerse los colores en el rostro pidiendo perdón, o no pidiéndolo y, lo que es peor, dándonos también la razón a los comunicadores cuando, desde las palabras que usamos, le decimos a los políticos que los ahorros en las administraciones en materia de comunicación institucional y política, pueden generar costos que abren huecos en los bolsillos de las economías tan rápido como lanzar un pepino al cubo de la basura, mire que al capitán Dreyfus le devolvieron los galones de sus hombros pocos años después, lo mismo que se hizo esta semana con el pepino, que ahora se ubica orondo en las miradas que, cansadas dejó este caso.

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