El blog de Max Römer: ¿Nuclear? No, gracias

domingo, 20 de marzo de 2011

¿Nuclear? No, gracias

Desde hace varias décadas los partidos verdes alemanes despliegan el lema “¿Nuclear? No, Gracias”. No se trata solamente de una campaña política con miras a llamar la atención de los electores. El trasfondo es la búsqueda de energías alternativas que nos permitan mantener lo más limpio posible al planeta.
En esas mismas pocas décadas hemos desarrollado polímeros que, volcados al mar como están, hacen un enorme plancton que no alimenta a las especies marinas y que, como una sopa inmensa, amenaza y acaba con la vida de los océanos.
En este año 2011 la situación de las inacciones energéticas de todos los gobiernos del mundo agrupados en la ONU, OTAN, OEA y ese largo etcétera, nos ponen en evidencia varias cosas. Primero, que la dependencia de los dinosaurios para mover nuestras vidas es fundamental. No me refiero solamente al origen del petróleo, sino a quienes nos gobiernan con mentes decimonónicas de producción energética. Segundo, que las energías alternativas son muy costosas y nuestra dependencia al enchufe es cada vez mayor. Ipads, Ipods, móviles, ordenadores, lavavajillas, hornos, microondas, calefactores, centrales nucleares y otro enorme etcétera nos hacen dependientes de la electricidad que llega a nuestras casas sin saber muy bien cómo. Tercero, que las emisiones de CO2 son capaces de mantenernos en tinieblas por varios días si los vientos no soplan a nuestro favor y arrastran todo hacia el mar. En una palabra, si va hasta el mar, es como esconder la basura bajo la alfombra, inclusive si la basura es radioactiva.
Japón y Libia son ejemplos de esas inacciones en política energética. Por un lado, el petróleo del mundo está, en su mayoría, en manos grupos que determinan su precio como adolescentes que juegan a la botella. Por el otro, la energía atómica da la impresión de ser manejada por Homero Simpson. Resulta que ahora, los expertos en energía nuclear dicen que la lección de este incidente, nos deja aprendizajes que debemos prever en la construcción de nuevas centrales, es decir, meter en la ecuación de diseño los tsunamis que se puedan llevar por delante los depósitos de diesel.
Inmediatamente después de los destrozos que causó el tsunami a la central japonesa de Fukushima, algunos países, entre ellos Alemania, deciden poner las barbas en remojo y cerrar centrales que pudieran poner en peligro a la seguridad ciudadana o, en el menor de los casos, obtener los votos que necesitan en elecciones haciendo creer a los votantes que son ellos, los políticos, los adalides de la justicia ecológica.
La contaminación que generamos todos los días nos está pasando factura. Nos produce lástima y perplejidad aquellas personas que padecen del síndrome de Diógenes, pero por lo visto Diógenes, somos todos.  

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