El blog de Max Römer: Comisiones y voluntades

domingo, 6 de marzo de 2011

Comisiones y voluntades

En Venezuela, lo saben los lectores, hay enormes diferencias sociales que, entre otras cosas, ha marcado la criminalidad. Chávez en sus doce, léase con calma, doce años en el poder, no ha logrado, ni querido, hacer nada por conciliar las posiciones existentes entre sus nacionales.
En abril de 2002, y en días pasados, hizo el mismo gesto. Alzar la mirada al cielo raso de alta protección que le cubre, poner las manos en oración y clamar por ayuda divina. En eso anda, pensando que tiene una línea directa con el creador y que es capaz, con ese fingido rezo, de alterar el rumbo de las cosas.  Tuvo el tupé de decir el pasado lunes 28 de febrero que "en vez de mandar marines y aviones ¿Por qué no enviamos una comisión de buena voluntad que vaya a tratar de ayudar a que no se sigan matando en Libia?".  
La reacción de los noticiarios, de la prensa y de los políticos no se hizo esperar. Una volteada de ojos a la vez, porque la pregunta que surge inmediatamente es si no será preferible que él mismo se deje de crear comisiones de plató de TV y se decida a trabajar profundamente y sin ambages para resolver sus problemas internos, dejar de estar metiendo las narices donde nadie le ha llamado. Se lo dijo Saif el Islam, el hijo de Gadafi con palabras sencillas, "los venezolanos son nuestros amigos, y les respetamos y nos gustan, pero están lejos y no tienen ni idea". No tiene ni idea ¡Chávez no tiene ni idea! Muy bien dicho. El teniente coronel se cree que por estar en televisión todos los días, tener un séquito de seguidores colorados, tener petróleo –aunque no sepa gestionarlo y tenga al país en quiebra- es el líder mundial.
Más tarde, a los pocos días, lo que queda del gobierno libio, temiendo un final atroz, autoriza a Chávez para que convoque a una comisión de países de varios continentes para que medie en su conflicto interno que crece como levadura en las mentes de los políticos y economistas. Un conflicto, que a la luz del comandante encarnado es para que solventar la crisis económica internacional. 
Ojalá que tanto tiempo invertido en hacer creer que es un conciliador y juntar las manos en oración, hiciera de verdad cosas por los venezolanos con esas manos. Trabajara como estadista, se enfocara en la creación de empleos, en reducir los índices de pobreza, en combatir la inseguridad, en incentivar los cultivos y producción animal. Ojalá que se sentara en una mesa a trabajar con industriales, simplificar sistemas de hacienda, facilitar los trámites y darle a todos su justo valor como ciudadanos sin distingo de ropajes.  
Termina siendo el comandante un caricaturesco personaje que hace reír, aunque sin voluntad de hacer, sólo de hablar y hablar, proponer y proponer, como si él solo encarnara a las Naciones Unidas o fuera una especie de adalid de la justicia enfundado en su ropa de militar roja y secundado por el barbado y anciano cubano. Una pareja como tantas del humor: Laurel y Hardy, Pinky y Cerebro, Abbot y Costello.
Es su acción política como las máscaras del teatro. Ya llevó a Sean Penn -su asesor en temas estratégicos- para seguir con su parodia. La comedia y la tragedia. Comedia en lo internacional. Tragedia en lo nacional. Un padecimiento que –oposición mediante- terminará en 2012 o antes, si la justicia empieza a ocuparse de todos aquellos que, como Gadafi, tienen su historial de crímenes de lesa humanidad.

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