El blog de Max Römer: marzo 2011

domingo, 27 de marzo de 2011

Paroxismo de la ridiculez o cómo ser líder del infinito y más allá

El comandante no tiene de qué hablar. Ya cayó en el paroxismo de la ridiculez. Es tal su incultura, su forma de hacer creer que es un erudito, que dijo en días pasados que la ausencia – a la fecha– de vida en Marte se debe al capitalismo que acabó con todo ser existente en ese planeta, tal y como ocurrirá si se sigue batallando por el petróleo. ¡Señor! ¡Deje de hacerse el sabio! Si la NASA invierte en explorar Marte para saber de nuestra posición en el cosmos, sus opiniones quedan sin altura.

De temas espaciales no sabe, porque de petróleo usted es el que más sabe. Se lo sabe al dedillo, al punto, que fue capaz de despedir, silbato en boca, a casi toda la industria petrolera en el año 2002-2003 para contratar gente nueva que sí sabía de exploración, explotación, producción y refinación de crudo. Sabe esta gente suya tanto de comercialización de derivados del oro negro que le llevan boyantes las arcas del estado. ¿No? Si no es cierto, está usted en serios problemas de liquidez y entonces, el paroxismo de la ridiculez será su signo.

Si quiere demostrar su admiración por Gadafi y el resto de sus amigos del planeta, hágalo. Total, todo el mundo sabe que usted es aliado de los despotismos de muchos y que a medida que pasan los días, más relaciones de afecto muestra hacia el totalitarismo. Por favor, sus opiniones sobre la vida de otros planetas nos demuestra lo ridículo que es usted frente a un micrófono.

Ya su ridiculez llega a tal altura, que perdió el respeto que se le tenía y, para muestra, en las fallas de Valencia de este año lo vistieron de Superman, así con licra y capa, con los calzoncillos por fuera… Pero, le recuerdo señor de los anillos de Saturno, que el súper héroe tiene su debilidad, la criptonita verde. Una criptonita que se llama Maigualida, esa que se le plantó (sugiero ver este vídeo http://www.globovision.com/news.php?nid=182101) y le dijo sus cuantas verdades. Que se cansó de tanta mentira de funcionario. Ella, señor comandante, es gente de pueblo, es una mujer de esas que no se frenan ante nada, de esas que son ejemplo y guía. Ella es de esas mujeres que creía en usted y que ahora, defraudada de tanta tontería, le reclama con justicia que le resuelva su problema. Usted pensará, en esas reflexiones de baticueva, que no hay tantas maigualidas visibles en el panorama colorado venezolano y que ese dislate de sus secuaces al no controlar a la Maigualida, lo tapará con más horas de ridiculez televisada. Creo, señor de todos los poderes y propiedades, que se equivoca. La criptonita se esconde bajo los rostros más lánguidos. Rostros como los de los estudiantes, que ya cansados de que nos tomen en serio con sus huelgas de hambre, se cosen los labios para protestarle a usted, presidente del sistema solar, por las formas cruentas con las que trata a las universidades.

Eso sí, como todos los programas cómicos de la TV tiene su audiencia, y las encuestas dicen que sigue con alta popularidad para las elecciones del 2012. Que ya no tanta como en 2005, pero que ahí va. Encuestas que dicen que si la oposición se pone las pilas y se termina de decidir por un candidato único, podrían ponerle las cosas difíciles señor comandante interestelar. Sabemos que seguramente sabrá buscarse aliados en Venus, planeta inexplorado por el capitalismo y el comunismo que, probablemente esté intacto de chavismo y al que le está poniendo el ojo, por si acaso se queda sin el apoyo de sus “súper amigos”: Gadafi, Castro, Almadinejab, Correa, Morales y ese largo etcétera que vienen del infinito y más allá.

domingo, 20 de marzo de 2011

Más apuntes del cuaderno

Una vez más la semana no está para una sola reflexión. Es preferible hacer una lista de acontecimientos comentados que cuatro o cinco párrafos que dejen de lado mucho del acontecer internacional.
Vamos por partes:

·         Japón: conmovedor el ejemplo de los japoneses con su coyuntura. Volcados a ayudarse en una humildad que el propio KENZABURO OÉ Premio Nobel de Literatura 1994, quien reflexiona en una entrevista a El País afirmando que siempre se ha mantenido fiel a los valores sobre los que se construyó el Japón de la posguerra. Dijo que “la memoria es la base a partir de la cual se reflexiona sobre el presente”.


·         Nuclear: Luego de tener medio siglo generando electricidad gracias al átomo, resultad que es peligroso. Los “verdes” siempre han advertido que la energía atómica no es muy controlable. Como que llevan razón porque los alemanes se asustaron con la central nuclear de Fukushima y el resto de loa países pone sus barbas en remojo.

·         Haití: lo que faltaba a la pobreza, que llegasen los dos exdictadores a la isla a frotarse las manos con el dinero que provendrá de las ayudas internacionales… y primero agradecen a la solidaridad de Cuba.

·         Libia: Se ha dilatado tanto la decisión de la ONU y la OTAN que el mundo, perplejo de esperar, ya no cree en salvaciones especiales. Estamos a la merced de la prudencia y vendidos por el precio del petróleo, sea el que sea. Ya han disparado contra Trípoli y Gadafi pide a sus aliados en Latinoamérica que le respalden para emprender una batalla contra los objetivos de los aliados en el Mediterráneo.

·         Crisis económica: Los mercados vuelven a tener su sacudida. Esta vez a causa del terremoto y tsunami en Japón. No es que no nos solidaricemos con los japoneses, sino que repudiamos la poca buena voluntad de la economía para asegurar que Japón saldrá adelante más temprano que tarde. 

·         Caen las reservas: En Venezuela, la deuda sigue incrementándose y como consecuencia, caen las reservas internacionales. Increíble pero cierto.

·         De los debates universitarios en Venezuela: Eleazar Díaz Rangel califica de craso error la inasistencia de los estudiantes opositores al debate televisado con los estudiantes chavistas. Y más tarde, el exdirector de la escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela y hoy director del diario Últimas Noticias, supuesto defensor de la libertad de expresión, asume y pone en boca de los alumnos sus impresiones. La libertad de expresión incluye el derecho al silencio.

 


Las cosas van cambiando, mejor, involucionando. Por lo visto, en algunas partes del planeta desaparecieron las palabras tolerancia y paz de los diccionarios o nadie se acuerda de su significado. En otras, es la naturaleza la que hace que se recuerden palabras como solidaridad y en Haití, la solidaridad se viste de oportunismo. Punto y seguimos.

¿Nuclear? No, gracias

Desde hace varias décadas los partidos verdes alemanes despliegan el lema “¿Nuclear? No, Gracias”. No se trata solamente de una campaña política con miras a llamar la atención de los electores. El trasfondo es la búsqueda de energías alternativas que nos permitan mantener lo más limpio posible al planeta.
En esas mismas pocas décadas hemos desarrollado polímeros que, volcados al mar como están, hacen un enorme plancton que no alimenta a las especies marinas y que, como una sopa inmensa, amenaza y acaba con la vida de los océanos.
En este año 2011 la situación de las inacciones energéticas de todos los gobiernos del mundo agrupados en la ONU, OTAN, OEA y ese largo etcétera, nos ponen en evidencia varias cosas. Primero, que la dependencia de los dinosaurios para mover nuestras vidas es fundamental. No me refiero solamente al origen del petróleo, sino a quienes nos gobiernan con mentes decimonónicas de producción energética. Segundo, que las energías alternativas son muy costosas y nuestra dependencia al enchufe es cada vez mayor. Ipads, Ipods, móviles, ordenadores, lavavajillas, hornos, microondas, calefactores, centrales nucleares y otro enorme etcétera nos hacen dependientes de la electricidad que llega a nuestras casas sin saber muy bien cómo. Tercero, que las emisiones de CO2 son capaces de mantenernos en tinieblas por varios días si los vientos no soplan a nuestro favor y arrastran todo hacia el mar. En una palabra, si va hasta el mar, es como esconder la basura bajo la alfombra, inclusive si la basura es radioactiva.
Japón y Libia son ejemplos de esas inacciones en política energética. Por un lado, el petróleo del mundo está, en su mayoría, en manos grupos que determinan su precio como adolescentes que juegan a la botella. Por el otro, la energía atómica da la impresión de ser manejada por Homero Simpson. Resulta que ahora, los expertos en energía nuclear dicen que la lección de este incidente, nos deja aprendizajes que debemos prever en la construcción de nuevas centrales, es decir, meter en la ecuación de diseño los tsunamis que se puedan llevar por delante los depósitos de diesel.
Inmediatamente después de los destrozos que causó el tsunami a la central japonesa de Fukushima, algunos países, entre ellos Alemania, deciden poner las barbas en remojo y cerrar centrales que pudieran poner en peligro a la seguridad ciudadana o, en el menor de los casos, obtener los votos que necesitan en elecciones haciendo creer a los votantes que son ellos, los políticos, los adalides de la justicia ecológica.
La contaminación que generamos todos los días nos está pasando factura. Nos produce lástima y perplejidad aquellas personas que padecen del síndrome de Diógenes, pero por lo visto Diógenes, somos todos.  

domingo, 13 de marzo de 2011

Pusilanimidad, prudencia o pugnacidad

Los días aciagos que viven los libios, la gente común y corriente como usted y yo, no la deseamos. Eso sí, nos gustaría que en caso de que nuestros gobernantes apuntaran sus armas contra nosotros, halaran el gatillo y dispararan, alguien nos protegiera.

Los libios tienen a un Gadafi que no sabe ya cómo arreglarse el turbante frente a todos los crímenes que colecciona como autócrata. Los libios tienen una producción petrolera –que si bien es cierto no es la mayor del planeta- abastece a buena parte de Europa. Los libios, ergo, están, como otros países que tienen energía fósil, fastidiados, por no escribir otra palabra.

En estos días, Mustafa Abdeljalil, líder del opositor Consejo Nacional de Libia, fue entrevistado por el diario ABC y expresó que a Europa le importa más el petróleo que la vida de los propios libios. Por lo visto, los gobiernos agrupados en los organismos internacionales hacen caso omiso a las necesidades de los pueblos y se abocan a eso, a la prudencia diplomática y, de tan prudentes, quedan pusilánimes.

Una pusilanimidad que pasma, pero que a la vez, clama por revisiones a la pugnacidad demostrada en Afganistán, región donde a la fecha, una década más tarde, siguen las tropas tratando de llevar una gobernabilidad occidental que desencaja con las formas, que son el fondo, del mundo afgano y su cultura. Choque de civilizaciones que no acabamos de comprender.

Los ciudadanos pasmados sobre el sofá. Se oyen los qué barbaridad, cómo sufren, cambia eso, ojalá que no suba el precio del diesel, mientras otra gente, también en su sofá, recibe un bombazo en la cabeza sin darle tiempo a la posibilidad de pulsar el control remoto de su televisor.

Sí, los carburantes y sus precios son parte fundamental de la estabilidad de las economías, sobre todo las no productoras de petróleo, pero la inestabilidad de los ciudadanos es a la vez causa de muchos más desequilibrios en el plano migratorio.

La ONU, la OTAN, Europa y Estados Unidos tienen mucha responsabilidad en los países que ven en estas fechas revueltas por las ventanas, en vivo, sin mediaciones de los noticiarios. Son a la vez, desde nuestro punto de vista, garantes y cómplices de gobiernos como el de Gadafi en Libia, el antiguo régimen de Mubarak en Egipto, el de Ben Alí en Túnez… el de Chávez en Venezuela.  

Cada vez más los ciudadanos muestran al mundo el poder de su organización. Poder que sobrepasa al de los políticos, al de los partidos en instituciones. Un poder que se mide en cantidades de seguidores y, como pasa con la espuma, vuelve a su nivel cuando terminan las inquietudes que movilizan a esa ciudadanía.

El reto de la política contemporánea es mantener el pulso de la ciudadanía, proponer desde el conocimiento del entorno las soluciones y, más allá de proponer, actuar en consecuencia con la autoridad que el ciudadano, en esa pluralidad que le otorgan las redes sociales, espera delegar en liderazgos a la medida de las circunstancias.

Si la mirada la enfocamos en los organismos internacionales, las reacciones son rápidas en mostrar solidaridades en ayudas ante catástrofes – terremoto y tsunami de Japón -, pero muy lentas y complacientes en aquellos casos en los que la actuación militar, los bloqueos económicos o el petróleo están en juego. Así, bajo el manto de los votos la mirada se vuelca a mantener estables los índices de producción, el barril de crudo a precios contralados y, si se puede tener control sobre las refinerías para que el precio de los derivados no oscile hacia el alza.

Ya no se trata de ideologías de derecha o izquierda. La política contemporánea ha pasado a jugar un papel de abanderar procesos de profunda reflexión social, de alteraciones de la vida de la gente, de la comida de la gente y de su bienestar como individuos. Se trata de la protección de los hogares, de las mujeres y niños, del trabajo que enaltece y enorgullece, no sólo de mantener las condiciones macroeconómicas. Los autócratas del mundo acaban con esas garantías del individuo, con esas formas de comodidad que todos anhelamos y las acaban porque de esa manera mantienen el terror, a la gente en toque de queda, a las mujeres ancladas a maridos que nos las respetan como Aisha la dama afgana que perdió su nariz y orejas por la violenta reacción de su esposo y, un largo etcétera.  

No mirar con atención lo que esos gobiernos autocráticos han estado haciendo con sus ciudadanos, clamando con sus cacerolas por transformaciones democráticas desoídas por la supuesta bondad de los yelmos azules de la ONU, es hoy, en tiempos de la ciudadanía activa de las redes sociales, una desfachatez ¿No?

domingo, 6 de marzo de 2011

Comisiones y voluntades

En Venezuela, lo saben los lectores, hay enormes diferencias sociales que, entre otras cosas, ha marcado la criminalidad. Chávez en sus doce, léase con calma, doce años en el poder, no ha logrado, ni querido, hacer nada por conciliar las posiciones existentes entre sus nacionales.
En abril de 2002, y en días pasados, hizo el mismo gesto. Alzar la mirada al cielo raso de alta protección que le cubre, poner las manos en oración y clamar por ayuda divina. En eso anda, pensando que tiene una línea directa con el creador y que es capaz, con ese fingido rezo, de alterar el rumbo de las cosas.  Tuvo el tupé de decir el pasado lunes 28 de febrero que "en vez de mandar marines y aviones ¿Por qué no enviamos una comisión de buena voluntad que vaya a tratar de ayudar a que no se sigan matando en Libia?".  
La reacción de los noticiarios, de la prensa y de los políticos no se hizo esperar. Una volteada de ojos a la vez, porque la pregunta que surge inmediatamente es si no será preferible que él mismo se deje de crear comisiones de plató de TV y se decida a trabajar profundamente y sin ambages para resolver sus problemas internos, dejar de estar metiendo las narices donde nadie le ha llamado. Se lo dijo Saif el Islam, el hijo de Gadafi con palabras sencillas, "los venezolanos son nuestros amigos, y les respetamos y nos gustan, pero están lejos y no tienen ni idea". No tiene ni idea ¡Chávez no tiene ni idea! Muy bien dicho. El teniente coronel se cree que por estar en televisión todos los días, tener un séquito de seguidores colorados, tener petróleo –aunque no sepa gestionarlo y tenga al país en quiebra- es el líder mundial.
Más tarde, a los pocos días, lo que queda del gobierno libio, temiendo un final atroz, autoriza a Chávez para que convoque a una comisión de países de varios continentes para que medie en su conflicto interno que crece como levadura en las mentes de los políticos y economistas. Un conflicto, que a la luz del comandante encarnado es para que solventar la crisis económica internacional. 
Ojalá que tanto tiempo invertido en hacer creer que es un conciliador y juntar las manos en oración, hiciera de verdad cosas por los venezolanos con esas manos. Trabajara como estadista, se enfocara en la creación de empleos, en reducir los índices de pobreza, en combatir la inseguridad, en incentivar los cultivos y producción animal. Ojalá que se sentara en una mesa a trabajar con industriales, simplificar sistemas de hacienda, facilitar los trámites y darle a todos su justo valor como ciudadanos sin distingo de ropajes.  
Termina siendo el comandante un caricaturesco personaje que hace reír, aunque sin voluntad de hacer, sólo de hablar y hablar, proponer y proponer, como si él solo encarnara a las Naciones Unidas o fuera una especie de adalid de la justicia enfundado en su ropa de militar roja y secundado por el barbado y anciano cubano. Una pareja como tantas del humor: Laurel y Hardy, Pinky y Cerebro, Abbot y Costello.
Es su acción política como las máscaras del teatro. Ya llevó a Sean Penn -su asesor en temas estratégicos- para seguir con su parodia. La comedia y la tragedia. Comedia en lo internacional. Tragedia en lo nacional. Un padecimiento que –oposición mediante- terminará en 2012 o antes, si la justicia empieza a ocuparse de todos aquellos que, como Gadafi, tienen su historial de crímenes de lesa humanidad.