El blog de Max Römer: Wikileaks y el baile de máscaras

domingo, 5 de diciembre de 2010

Wikileaks y el baile de máscaras

A mis estudiantes

El mundo ha cambiado mucho desde la caída del muro de Berlín. Luego de su derribo se acaba el comunismo como lo conocíamos y el capitalismo emerge como la panacea económica. Más tarde, es el terrorismo el enemigo universal hasta que caen las Twin Towers (11.9.2001) y vivimos dos grandes atentados contra civiles: Atocha (11.03.2004) y  Londres (07.07.2005).
Desde entonces la desconfianza reina entre los paladines de las grandes economías enfundados en sus lycras de superhéroes hasta que un chico con cara de ser amigo de todos en facebook lanza la bomba que faltaba luego del crack económico de agosto de 2008: los archivos secretos de la guerra de Afganistán –solo para darse posicionamiento- en mayo de 2010 y ahora en noviembre, para quebrar la confianza alcanzada en la última cumbre de la OTAN y justo antes de la cumbre Iberoamericana los archivos secretos de los norteamericanos.
Wikileaks entrega estos secretos de Estado a los medios de mayor credibilidad del planeta y estrella su semilla del mal contra el único bien que se trataba de cultivar: la confianza para salir de la crisis.
Si antes hubo desconfianza, ahora hay recelo. Si antes hubo precaución, ahora hay temor. La diplomacia se basa ahora en el manejo de esas desconfianzas, poner las cartas sobre la mesa y que estas sean de vidrio para poder leer la baraja por ambas caras. Las relaciones internacionales dejan atrás el protocolo de las corbatas negras y trajes largos por las formas más cercanas a la de la Mafia: todas las balas y armas sobre la mesa y por si acaso, todos los contertulios bajo la vigilancia de los matones de cada quien. Cualquier bala es posible y los pechos de todos son vulnerables.
Si hace nueve años el desplome de los edificios de Manhattan nos parecieron la antesala y signo del siglo XXI, la autoría de Julian Assange fundador de Wikileaks y máximo artífice de mal de estos días, deja sin efecto todos los criterios de buen hacer comunicativo y protocolario del mundo. De ahora en adelante las comunicaciones internacionales serán del tipo take it or leave it, ya que no se trata ahora del buen trato y buenas relaciones, sino del comercio que nos interese y los aspectos militares que nos unan. Basta, punto y final. Hay desde siempre países más iguales que otros y las relaciones diplomáticas serán al estilo del far west. Ahora hay certezas de esas igualdades.
Assange nos ha dejado perplejos y sin libros de referencia. Al mundo del periodismo en un debate sobre el valor de la libertad de información y expresión. A la diplomacia reinventándose al menos en las nuevas formas porque los fondos no son nada fáciles de dialogar y tal vez mejor no hacerlo. Al mundo político aprendiendo cada vez más a callar y a estar atento de lo que escribe, habla y piensa. A los ciudadanos que son los que cuentan, indefensos y sin saber dónde mirar ni a quien creer.
Si las cumbres y actividad del planeta se estuvieron basando en darse confianza, el saber todos este “demasiado” que Wikileaks ha destapado acaba con esa palabra… termina siendo como cuando sabemos algo desviado de alguna persona y dejamos de creer en ella.
Por ahora los países bolivarianos aplauden las debilidades de los grandes líderes, hasta que les toque a ellos porque confianza no hay en nadie, en ninguno. La palabra confianza quedó en los diccionarios, no en el uso corriente.
Ahora al mundo político, empresarial, corporativo  –y es lo único interesante y para reflexionar que nos deja este atentado a la información- le queda la verticalidad moral y las hojas inmaculadas de sus actores. ¿Las habrá? Por lo que sabemos ni Assange la tiene.
Así de sencillo, así de complejas son las caídas de las máscaras.

1 comentario:

Varinia Cardona Medina dijo...

Querido Max,

Encuentro en estas líneas al Max auténtico capaz de elaborar análisis realistas y contundentes, pero sobre todo sencillos y digeribles que inevitablemente mueven a sus lectores y lo llevan a reflexionar acerca de la vida misma.

Ciertamente las máscaras corporativas, políticas, morales, etc., existen y seguirán existiendo. Gracias por invitarnos a replantearnos la vida en este caótico siglo XXI.

Con cariño,

Varinia