El blog de Max Römer: La solución: construir valores

domingo, 21 de noviembre de 2010

La solución: construir valores

Leyendo los comentarios que dejan los lectores en este blog, no sólo los que cuelgan, sino los que me envían directamente a mi correo electrónico, observo que la vida de los venezolanos está llena de descorazonamientos.
Son decepciones por las acciones y decisiones arbitrarias del gobierno. Son decepciones de los políticos de la oposición y su soberbia infinita de no querer dar espacio a quienes han demostrado tener la fortaleza y la humildad del liderazgo.
Son tristezas por las familias divididas, primero por ideologías irreconciliables, luego por la migración que va dejando cada vez más vacías las cenas de Navidad.
Son las realidades de saber que los estudios no valen nada porque no hay empresas donde emplearse y si se habla del extranjero, igual, somos tan competitivos como cualquier país del tercer mundo queriéndose integrar en el primero.
Son las carencias económicas de ver que los ingresos se hacen sal y agua porque los salarios son muy bajos o porque no hay posibilidades de completar casi nunca la cesta con los alimentos porque simplemente no los hay.
¿Qué nos pasó? Éramos un país sencillo y orgulloso de lo que teníamos y éramos. Nos gustaban las mismas cosas, celebrábamos con alegría los pocos triunfos que obteníamos. La democracia de los 40 años fue llevando a un lado toda esa ilusión y modos de vivir y desplazó a los que no disfrutaban de las riquezas de las vacaciones en Miami, a ser ciudadanos de segunda categoría con los odios correspondientes a una condición social disminuida.
La soberbia de los líderes de AD y COPEI nos llevó a tener como opciones a octogenarios hasta que llegó el momento de que se enfrentara en las elecciones de 1998: el representante del pueblo oprimido (Chávez), el garbo de miss Venezuela (Irene) y la más rancia aristocracia (Salas).
Ninguno era lo que se pudiera decir, un líder que aglutinara en torno a sí el favor de lo que es un buen político. Me refiero a trabajos de base desde partidos políticos, dilatadas carreras en cargos sucesivos. El primero, Chávez, hecho por la fascinación de los medios de comunicación que ahora son perseguidos por él; la segunda con una gestión positiva en materia de gobierno local sin más preámbulos que eso, su buena gestión; el tercero igual, con otra gestión positiva de gobierno local, pero alejado del pueblo que esperaba representación. El otro contrincante, una muestra más de soberbia política: Luis Alfaro Ucero.
El menos malo resultó ser Chávez. Campechano y directo con una oferta de acabar con la corrupción, sumó las voluntades con más de 3 millones de votos que lo llevaron a la presidencia. Muy lejos quedó Salas con un poco más de dos millones de votos. La jugada del indulto que le diera Caldera a Chávez le salió cara a la nueva democracia surgida a partir del intento de golpe de Estado que encabezó Chavéz en 1992. Los mecanismos democráticos lo pusieron del “por ahora” a jurar sobre la “moribunda constitución” y a plantear sin cortapisas su proyecto revolucionario que lleva casi 12 años, tiempo suficiente para que la generación de quienes nacieron después de 1990 no conozcan otro modelo político que el del comandante.
Montones de aviones salen del aeropuerto de Maiquetía dejando incompletas a las familias. Maletas llenas de ilusiones que buscan los puertos de los que zarparon hace un poco más de medio siglo los abuelos y padres de esos hijos que hoy fundan familias en los 50 países en los que está la diáspora venezolana.
Otros, vestidos de colorado por conveniencia o convicción veneran al líder porque saben que con él tendrán hambre y desempleo –como tuvieron siempre–, pero al menos están en la boca del presidente que los recuerda y honra.
Los más, sumados a tratar de llevar su vida un día a la vez, saben que no hay futuro pero no lo dibujan, no hay cómo y es complejo planteárselo. 
La solución: construir valores con ciudadanos listos para ello. Nada a corto plazo, es día a día y en pequeñas acciones. Hay mucha gente haciéndolo, no hace falta que los subrayemos porque son reconocidos. Construir valores es respetando las colas, el tránsito. Es botando la basura ordenadamente, es reclamando con justicia y certeza los derechos a pesar de que nos quieran aplastar, es entender que lo ajeno no es propio, que el trabajo es la única vía para obtener un país digno, que la honestidad es un norte, es acabar con la corrupción en todos los niveles desde el taxista que va por la ruta más larga, hasta el estudiante que se copia en los exámenes, es seguir luchando en la calle y contando con la mirada internacional que, atenta, apoya y se ocupará de hacer lo suyo en el momento oportuno.

1 comentario:

Miguel Márquez dijo...

Hola Max! No tengo ni una sola diferencia sobre todos los pensamientos que nos envías en esta oportunidad. El problema ahora son los valores, perdidos hace mas de 12 años, porque vamos a estar claros, antes que este desastre ya estábamos arrastrando el peso del "Viernes Negro" y "Ta'barato dame dos", factores que impulsaron la comodidad venezolana. Nos estamos dando cuenta mucho tiempo después que eso fue un grave error y con consecuencias gravísimas para todos; pero lo peor que podemos hacer es echarnos en el sillón frente al "pantalla plana revolucionario" a llorar y a recordar a nuestras abuelas. Esto tenía que suceder para que entendiéramos que los valores son fundamentales para construir sociedad y país.
Por último, te dejo un ejemplo adicional de los antivalores que hoy nos inundan cuando vas por la calle y en cualquier esquina ves a un hombre, no importa la edad, haciendo sus necesidades líquidas en cualquier esquina o árbol, como un perro cualquiera, por comodidad, sin un ápice de pena en que lo vean realizando una función natural que debería guardarse para si solo ¿porqué compartirla con el resto de la ciudad?
Te dejo el link de un escrito "posteado" hace unos meses en donde también hablé de valores,http://lacabezademiguel.blogspot.com/2010/08/mas-que-un-campamento.html
saludos,

MIGUEL