El blog de Max Römer: El precio de la foto

domingo, 7 de noviembre de 2010

El precio de la foto

De la reciente visita de Juan Manuel Santos presidente colombiano a Venezuela, se desprende con claridad las intenciones de cada uno de los mandatarios. Chávez le dijo a Santos "Pido a nuestro padre, Bolívar, que nos guíe siempre por los caminos de la hermandad, que no haya fuerza extraña alguna que sea capaz de lograr algún tipo de daño (...) entre dos pueblos que en el fondo somos el mismo pueblo".
¿Qué nos quiere decir? Que al proyecto de la Gran Colombia que Chávez quiere fundar junto a Ecuador y Bolivia, le falta Colombia y que quien debiese comandar esta hazaña, es Chávez, el heredero de Bolívar.
Por su parte, Santos quien recibió de Uribe un proyecto de nación consolidado entre empresarios y gobierno, que a su vez está respaldado por el “Plan Colombia” del cual Santos es artífice y claro dirigente desde que era ministro de la defensa, le contestó "Tenemos nuestras diferencias, pero respetarlas y discutirlas en forma amigable y constructiva, es lo que fortalece una relación. Si trabajamos juntos, nuestros pueblos saldrán beneficiados; si peleamos, nuestros pueblos saldrán perjudicados. Y usted y yo, presidente Chávez, entendemos eso muy bien".
Santos nos dice que sí, que la historia está y que hay que seguirla construyendo sobre la base de acuerdos, pero que los países son diferentes, que los propósitos muy distintos y que su visita es para dejar las cosas en su sitio, comercio y buena diplomacia.
Una evidente diferencia. A Santos le interesa retomar la buena relación con Venezuela para colocar sus productos y reforzar su seguridad. Es Venezuela para Colombia su socio natural con el que comparte una larga frontera con todo lo que implican las relaciones fronterizas: tráfico de personas, bienes y hasta servicios. Para Venezuela, Colombia es un seguro suplidor de los alimentos que no es capaz de producir.
Que Venezuela no importe productos de Colombia genera para el primero más inflación, y para Colombia más desempleo. Resolver estos temas era crucial para ambos mandatarios, así como dejar sobre la mesa las firmas necesarias para alcanzar la paz en el territorio colombiano, cosa que sabe Santos no podrá lograr en un primer momento, pero gestionar la economía de su país y ayudar a la colocación de sus productos, merece la pena.
Las sonrisas esconden el conocimiento que ambos se tienen. Santos sabe muy bien cómo se manejan las FARC y hasta dónde pueden llegar los coqueteos con los revolucionarios bolivarianos. Por su parte, Chávez sabe que Santos lo conoce muy bien. El colombiano le sigue los pasos desde hace mucho y está atento a sus maniobras militares e ideológicas.
Chávez tiene esta cumbre con Santos pocos días después de mostrarle al mundo las compras de armas que hiciera, así como los acuerdos para la construcción de una central nuclear, los abrazos de sus aliados Gadafi, Ahmadinejab. Santos tiene el respaldo militar, estratégico y táctico de los Estados Unidos. En una palabra, entre los dos países las tensiones por el dominio del poderío militar y las visiones de dos mundos distintos –ideológicamente hablando- mostraron que las sonrisas para las fotos son el precio.

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