El blog de Max Römer: Vivir a costa del Estado

domingo, 19 de septiembre de 2010

Vivir a costa del Estado

“El presupuesto debe equilibrarse, el tesoro debe ser reaprovisionado, 
la deuda pública debe ser disminuida, 
la arrogancia de los altos funcionarios públicos debe ser moderada y controlada, 
y la ayuda a otros países debe eliminarse para que Roma no vaya a la bancarrota. 
La gente debe aprender nuevamente a trabajar, en lugar de vivir a costa del Estado” 
Marco Tulio Cicerón, año 55 a.C.

Hace más de 2000 años el político romano Marco Tulio Cicerón tenía claridad en la potencia de su voz para tratar de enderezar las políticas públicas de su tiempo. Había que tener sensatez y sobre todo sindéresis política en conjunto con la población. Darle a la ciudadanía su sitio y dejar que el Estado tomara las decisiones y acciones para alcanzar el bien común.
Si vemos la tarea de Chávez y el chavismo es exactamente lo contrario a este pensamiento de Marco Tulio Cicerón. El presupuesto es un desastre porque no hay vías de reaprovisionamiento que no sea la mono-producción petrolera, los funcionarios públicos son tan arrogantes y a la vez tan dependientes del jefe que sus campañas electorales están escudadas en el líder indiscutible de la televisión. Los regalos a los países que son afectos al chavismo y a la chequera de Chávez reciben mucho más que la propia Venezuela. Y, lo que es peor, la política social ha enseñado a depender aún más del Estado (no es que antes no se hiciera).
Si miramos a Venezuela con ojos de futuro, es decir, dentro de 8 años más, la caída estrepitosa del imperio chavista mostrará las languideces que tuvo el Imperio Romano hace 2000 años. Un mega Estado que abarcaba a casi toda Europa y parte de África, con todas las riquezas de su tiempo, podridas en la corrupción de los gobernantes y civiles aduladores que vivían de los recursos provenientes de las provincias romanas.
Chávez se ha ocupado de construir el peor de los mundos. Con las riquezas insólitas que ha obtenido, no ha sabido ahorrar sino despilfarrar y bajo ese criterio, creer y hacer creer que la vida es fácil combatiendo enemigos diluidos y mantenidos con la misma vehemencia que el “coco” visita a los niños cada noche.
Y claro, en ese ámbito de sindéresis política del que hablo, el Estado debe ayudar al pueblo, construir políticas sociales suficientemente sustentadas que permitan al ciudadano una vida cómoda y asegurada, producto de su aporte individual que se hará colectivo gracias a un manejo adecuado de un Estado que vele por todos. El Estado está también, de acuerdo a lo que son las pautas del buen vivir internacional, a apoyar a otras naciones menos favorecidas. Lo que no debe fomentar es el clientelismo y la frenética búsqueda de riquezas extraídas del erario público, como tampoco se debe fomentar que todos los problemas los debe resolver el Estado con miras a mantenerse en el poder, porque fuera de él, será el propio pueblo el que reclame esas múltiples miradas de reojo que el gobierno de Chávez hace a diario y que deja fuera del juego democrático a tantos miles de ciudadanos.
El presidente de Venezuela debiese demostrar que algún día estuvo sentado en los pupitres del postgrado de política y retomar esos libros clásicos para ver que la situación que creó, es irremediable, irreversible e increíble.
La división creada por estos 11 años de discursos incendiarios cargados de odio, llevará a algunos diputados opositores a la Asamblea Nacional el 26 de septiembre y serán estos ciudadanos los que lleven cierta dignidad y pluralidad a un país que perdió la ilusión, que debate sus días entre desafecciones y afectos que han permeado a las familias en las que algunos viven a costa del Estado y los otros, sobreviven con lo que va quedando.

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