El blog de Max Römer: Vestida de garza blanca

domingo, 1 de agosto de 2010

Vestida de garza blanca

A quienes abren caminos y se preguntan por qué
Cuando se piensa en la llanura venezolana, se piensa en garzas, no indispensablemente blancas, sino rojas y rosas. Si se sube por el pie de monte, el verdor es la constante, si se ve desde el cielo de las cumbres, los escarpados Andes dejan sus paisajes de frailejón.
Si bajamos hacia el lago de Maracaibo, lo exótico de un “Bocachico relleno” nos devuelve el alma al cuerpo y si tomamos la costa, un dulce de leche de cabra es capaz de engolosinarnos hasta empalagar.
En nuestra travesía hacia oriente, las playas de diverso tono nos dicen que azul es más que un color, un concepto inventado entre el mar y el sol, que río Orinoco es pasión dorada que se confunde en el Atlántico y que trae recuerdos de saltos de vértigo y formaciones rocosas antiquísimas.
Cada paisaje de Venezuela es una lección de geografía del mismo carácter de los venezolanos: amplio, generoso y ameno.
Un orgullo de ser, de tener y conocer, de compartir el pocillo de café, de mostrar que se tiene gusto a ajíes y que los plátanos completan la mesa junto a la redondez de las arepas.
Los venezolanos y su paisaje son una misma cosa, una fusión de espíritu de emociones y pasiones, tanto como vestirse de garza blanca para celebrar las 15 primaveras y la alzada del suelo de las hijas en baile con los muchachos.
Vacacionar por Venezuela es eso, es profundizar en esas raíces del indio, negro y español, es ver que cada familia tiene en su seno tantos tonos de piel como colores el arco iris, es disfrutar del alma de un pueblo que ama su tierra y comparte una cerveza bajo un árbol entre amigos con piedras de dominó. Es tener cariño unos por otros, ayudarse con lo poco para saberse que todos están bien, en ese compadrazgo que hace familia a todos.

1 comentario:

Lucía dijo...

¡Qué bonito!
Fue un prestigio ser alumna suya.
Felices vacaciones.