El blog de Max Römer: Ante el horror de los perdigones... cedo el espacio a Tiziana Polesel

martes, 26 de enero de 2010

Ante el horror de los perdigones... cedo el espacio a Tiziana Polesel

Caracas, lunes 25 de enero de 2010
A las 5:00 p.m. ante un llamado de María Alejandra Vargas (eficiente miembro del equipo del Decanato de Desarrollo Estudiantil de la UCAB) quien me pidió acercarme a la enfermería, ya que estaban llegando allí alumnos heridos y quería que le informara la situación, salí de la reunión, sin pedir permiso y me dirigí al puesto de Enfermeras.
Cuando entré vi un cuadro preocupante: un estudiante llevaba cargada a una alumna que tenía sangre por todas partes, le seguía otro con una alumna en shock; a un lado, una niña de no más de dos años lloraba en brazos de la Prof. Saas. Mi primera pregunta fue hacia ella: “¿Qué hace esa niña aquí?” su respuesta con cara de extrema preocupación: “La recogieron los estudiantes, se le perdió a la mamá” ; seguían entrando los estudiantes ahogados, sin aire, golpeados.
No tengo entrenamiento de primeros auxilios. Comencé a hacer lo que me parecía que podía ayudar: sostener sus manos que temblaban de manera indescriptible, tocarles la cara y mirarles a los ojos para hacerles sentir que estaban a salvo y que estábamos allí para atenderles. Con la mayor cortesía, disuadir a sus compañeros que esperaran afuera, ya que el espacio era pequeño y literalmente les quitaban el aire a sus compañeros, atender el celular de una paciente en shock, y decirle a su padre que su hija estaba bien, con nosotros en la enfermería y que en cuanto se recuperara y tomara aire le llamaría. Sonreía para que el Sr. Oscar sintiera confianza: “está asustada pero bien”.
Mientras tanto, una alumna sangraba, lloraba, temblaba. Un perdigón le dio cerca de la oreja. Para distraerla le pregunté en qué semestre estudiaba y su respuesta fue: “en primer semestre de Comunicación Social” Me miró a los ojos y llorando me preguntó: “¿por qué hicieron esto?”
Pasaron los minutos y la noche terminó llevando a otra alumna de la Escuela a la Clínica Loira donde nos esperaba su mamá. No podía caminar, problema en un tobillo. En la silla de ruedas, mientras esperábamos ser atendidas, sacó de su morral su guía y su resaltador y se puso a estudiar: “tengo examen el miércoles”. Escribo estas líneas sin saber si fue fractura.
Limpié heridas de perdigonazos, un estudiante tenía cuatro en la espalda. Hasta hice uno que otro chiste malo para aliviar tensiones. Descubrí que eso que hacen las enfermeras de poner los guantes a los médicos "de un solo jalón" es todo un arte, imposible de aprender en tan poco tiempo.
Estuve en la enfermería cerca de dos horas. Las autoridades “en el frente” tratando de entender las causas de la arremetida contra los estudiantes desarmados, dando la cara a los medios y a la comunidad haciendo todos los esfuerzos para calmar los ánimos. Profesores comprando jugos y galletas para los afectados, otros en sus Escuelas respondiendo los teléfonos y atendiendo a padres preocupados.
Ese mismo día en la mañana se reunía el directorio de FEDECAMARAS y un grupo de “empresarios” proponía que había que sentarse a "dialogar" con el gobierno y en la noche más de 200.000 personas acudían en la misma ciudad a un juego Caracas-Magallanes, donde como corresponde, disfrutaban un juego con cerveza y alegría mientras gritaban consignas en contra del gobierno, que solo ellos escucharon porque los canales de televisión que transmitían el juego hicieron gala de la tecnología, “tapando” el sonido de ambiente.
En otro lugar de la ciudad, adultos contemporáneos, desde la comodidad de sus hogares diciendo frases como “menos mal, ya era hora que los estudiantes salieran otra vez…”
Alguien puede decirme que los estudiantes sabían a qué iban. Es verdad. Pero, la niña que lloraba en la enfermería era parte de una familia de cinco personas que se bajaba de un medio de transporte público cercano a la UCAB y fueron víctimas de los gases “buenos”. Durante más de una hora la madre de la niña no supo dónde y con quién estaba su pequeña y ella y sus otras hijas cuando se reunieron en la enfermería, necesitaron un buen tiempo para recuperarse, tomar aire y olvidar que por un tiempo pensaron que habían perdido a la más pequeña.
En este instante recuerdo que una representante de la “oposición democrática” señalaba ante las cámaras que la marcha del sábado 23 de enero era para “festejar la democracia”.
Me siento cansada y con necesidad de tomar un curso de primeros auxilios, pero para mi.
Tiziana Polesel

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