El blog de Max Römer: El sueño de "mi comandante"

miércoles, 11 de noviembre de 2009

El sueño de "mi comandante"

Dormido, en la alucinación del sueño, con el ronroneo del aire acondicionado que le impide que lo piquen los zancudos del dengue, va mi comandante (en minúsculas a propósito) por el campo de Carabobo, con las calzas blancas y las botas cubiertas de polvo, sobre su caballo blanco, siempre con la mirada a la izquierda –rosa de los vientos inventada una tarde de domingo sin helados para cambiar los símbolos del país que destruyó-, con la espada de El Libertador desenfundada y esgrimida en señal de ataque. A su orden, su tropa carmesí -hambrienta, descalza pero confiada en el resteo del hambre y el desempleo- sale en tropel hacia el enemigo que está al otro lado del espejo.
Se siente eufórico en su sueño. Lleva su uniforme de batalla, la chaqueta antibalas que le regaló Fidel, la franela roja necesaria para ser identificado y la vista entornada en el ideal revolucionario de hacer que América sea única, bolivariana y rendida a sus pies. Esa mirada que pone cuando se imagina inmortal, todopoderoso, ungido de la verdad.
Atrás la grandeza del país. Allá se quedó la tecnología necesaria para hacer crecer a la industria nacional, todos a la vez en una ducha de tres minutos a la usanza del líder máximo de la pobreza en la que nos ha sumido, sin electricidad para conservar los alimentos menguados que ofrece Mercal en sus lánguidas estanterías o para contemplar las hazañas televisadas del gran visionario del siglo XXI.
Ahora, con la mirada a la izquierda, hacia Colombia, amenaza y recula; recula y vuelve a amenazar con sus armas rusas recién compradas porque el ejército que necesita ya lo armó desde la Asamblea Nacional al modificar la Ley de la Fuerza Armada y volcar al pueblo pacífico de Venezuela al uniforme a juro, ese que impuso desde que está en el poder, que abrigaron algunos millones y que ahora están obligados a vestir al grito de Patria o Muerte tras blandir la espada que no le pertenece y que ha blandido más de una vez burlando la memoria del héroe y padre de la PATRIA.
Queda siempre la pregunta –siempre pasa antes de las guerras- de por qué no volcarse al enemigo de la delincuencia desatada en casa, esos miles de muertos que lleva en el conteo de sus años en el poder, esos secuestros Express que cada día se silencian más y ese mundo hórrido que es pesadilla de muchos y no le quita el sueño a mi comandante.

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