El blog de Max Römer: Cedo este espacio a Laureano Márquez

jueves, 11 de junio de 2009

Cedo este espacio a Laureano Márquez

PLACIDO DOMINGO
Por Laureano Márquez

Con no poco regocijo constaté que en la prensa se nos ofrece para el próximo 2 de septiembre un plácido domingo. ¡Cómo nos hace falta! Es que uno otea hacia atrás y la memoria no alcanza a divisar cuando fue la última vez que tuvimos los habitantes de esta tierra, del bando y la opinión que sean, un plácido domingo, así, de esos tranquilitos, de esos de la prehistoria cuando uno sentía que se podía jugar con los amigos un partidito de domino adornado por cabezas de osos polares, sin la sensación de que se está cometiendo un delito ambiental por no andar tocando el tema todo el tiempo o no andar peleando todo el rato, porque, por muy peleón que uno y sea, mi buen Dios, hasta Atila se tomaba una tregüita para echarse unas cervecitas germánicas, no solo con los Hunos, sino incluso con los otros, como fue siempre en este país. Se extrañan aquellos domingos en los cuales, en una reunión familiar cualquiera, uno se encontraba entre gente que pensaba distinto, sin que aquello fuese una tragedia, cuando se podía hablar mal de un presidente en presencia de sus copartidarios, sin que nadie te dijese fascista magnicida ni te sapeara. Estamos hablando de hace tiempo cuando uno casi no conocía venezolanos que viviendo fuera, cuando no había plan “B”.

Y es que, si uno se pone a pensar, muchos habitantes de esta tierra llevamos más de 3.650 días, con sus respectivas y largas noches sin desconectarnos, monotemáticos. Y no digo esto solamente por los opositores, sobre quienes ya alguien esta semana ha resuelto el enigma, con refinada lucidez, señalando que somos enfermos mentales, lo que anuncia que el siguiente paso debe ser recluirnos en algún lugar, siguiendo la conseja popular que da pie al dicho de: “¡Recojan a ese loco!”. Lo digo también por los afectos al proceso, que, por muy diferentes que nos los quieran presentar, son lo más parecido a uno que hay, portadores, además de esa misma semilla de duda, sospecha y desconfianza que mueve a todo venezolano acostumbrado a que nada en esta tierra es lo que parece ser, que hay mucho disfraz y engaño y que esto se parece más al carnaval que a la cuaresma.

Ay, Señor, un plácido domingo, ¿no es eso en el fondo la felicidad de la vida? Como cuando uno era chamo, que salía de misa con la certeza de que ese sol de esta tierra era lo más socialista que había porque calentaba nuestras almas por igual. Y uno iba a comprar el pan gallego recién horneado por un portugués que no era extranjero y se sentaba a la mesa, en familia a comer la comida de la mamá para los domingos, sin el sobresalto de un nuevo plan, de un esta vez sí, ahora sí que de verdad llegó el lobo. Sin mentada de madre ni insultadera, sin que alguien en televisión te este exilie con el verbo, te fusile con la palabra, te encarcele con ocurrencias geniales de última hora.

Ojalá que llegue pronto ese 2 de septiembre, sea bienvenido ese plácido domingo, que la prensa nos anuncia, aunque después venga un perro lunes, no importa, porque creo que ya tenemos todos ganas de recordar cómo era un plácido domingo.

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