El blog de Max Römer: junio 2009

lunes, 29 de junio de 2009

Cuando se quiere tocar y dominar todo

En la condena de toda vejación

Como saben mis lectores, soy profundamente demócrata. Creo en las instituciones políticas, en la representación popular y en las decisiones soberanas.

Pero, con ese mismo fervor repudio los atropellos, las vejaciones y el dominio sobre todos los estamentos del Estado, para que el mandante juegue todo a su favor. En Honduras se vive una escenario muy parecido al de abril de 2002 en Venezuela y por eso Chávez -que ha creado franquicias de poder en Honduras, Ecuador, Bolivia y casi en Argentina, El Salvador- anda exigiendo (cosa cómica porque los países saben cómo son los procesos democráticos) a los países que sí son demócratas, que se vuelquen a favor de Zelaya, tal y como hicieron con él en su momento.

El pronunciamiento de los países del mundo entero y las organizaciones de países internacionales condenan todo tipo de ruptura del orden constitucional. Porque todo golpe de Estado es condenable como sabemos, pero los hondureños reclaman con mucha más razón, que su constitución sea respetada como corresponde por la primera magistratura de ese país centroamericano.

Lo que le viene a Honduras no es fácil. Sobre todo porque la cuchara de Chávez en esa sopa es más bien un cucharón con armas y todo, dispuestos a ponerle mucho más que sal a las diferencias y reclamos que tienen esos ciudadanos y sus militares.

Este blogger, tal y como dijo a sus amigos en abril de 2002, considera que los golpes de estado son afrentas contra el hilo constitucional, mas, así como los médicos amputan un miembro por el bien de un cuerpo, la institución armada hondureña decide, con el apoyo de parte del pueblo que se siente afectado por las decisiones de sus mandatarios, tomar la sierra y en pijama, sacar al presidente Zelaya.

Micheletti –el diputado que se acaba de juramentar de acuerdo a lo que interpreta de las leyes hondureñas- deberá demostrar muchas cosas para legitimarse: corrupción, desmanes a las leyes, intentos por violentar a la constitución. Todo esto con el ALBA en contra y con la mirada atenta puesta de los países que han condenado tradicionalmente los golpes de estado. Nada fácil, sobre todo si quiere realmente ser reconocido como demócrata.

Considero que lo que operaba era fomentar el repudio a los intentos de Zelaya de cambiar la constitución al estilo de Chávez, ir a las urnas en masa, votarle No a esos deseos de eternidad en el poder y gestar las reformas entre los opositores para acabar con los deseos de manejar el poder al antojo personal y alejado de las instituciones.

De eso la Venezuela opositora conoce la receta. No votó en masa, a la Fuenteovejuna, y aprobaron la constitución del 99. No votó para las elecciones de los diputados (por recomendaciones de los partidos políticos de la oposición) y desde entonces, con la principal institución del Estado en manos del chavismo, aprueban leyes que van en contra de los más caros principios. Porque aunque ahora vaya y vote, ya ese voto deja de valer porque quien supuestamente te representa en la Asamblea Nacional sólo vela por sus intereses porque ese mismo diputado, no aprendió a ser ciudadano.

Como siempre, la solución más democrática es participar. Eso lo aprendió Chávez después de intentar un golpe de Estado en 1992, pasar en la sombra un rato y lanzarse a las elecciones. Todo lo que pasa en Venezuela, todo lo demás, ha sido responsabilidad de la baja participación ciudadana que no se traduce sólo en marchas y protestas: se suma en votos, en aquellos votos iniciales, los que sí valían. Así pues, ¡Atentos hondureños! ¡Atentos!

jueves, 25 de junio de 2009

La arrogancia de la chapuza

En estos días me he puesto como abogado del Diablo a revisar la prensa con ojos muy críticos. Me he percatado –no es la primera vez- que son responsables de muchas esperanzas que se convierten en desilusiones, en motivos de conversación frente a un café que terminan, como tantas cosas, desinflando los espíritus y elevando los hombros en un “¿qué se le a hacer?” incansable.

La arrogancia mediática llega a tales niveles de hacer creer que una cantante será la merecedora del premio de Eurovisión, que la selección de fútbol española sería imposible que perdiera ante los Estados Unidos, que la pobreza es controlable con campañas de comunicación, que la infalibilidad de los gobiernos y sus instituciones va más allá de cualquier cosa, que los políticos son superhéroes salidos de un comic posmoderno colgado en youtube.com, que la corrupción es galopante si se demuestra que alguien recibió un par de trajes nuevos en lugar de ver que algunos políticos terminan viviendo en paraísos cuando sólo eran propietarios de un automóvil de segunda mano antes de tomar el poder de sus carteras.

El caso es que hay que llenar los huecos con arrogancia, una arrogancia que termina siendo chapucera, fundada en lo que a mí me parece (y tal vez estas mismas palabras sean una chapuza para muchos por eso le invito a seguir leyendo) para tratar de que el otro piense que desde la verdad que construyo seré capaz de transformar al mundo.

Una chapuza –me hicieron ver mis socios- fue la matriz de opinión creada en torno a Cristiano Ronaldo y su millonaria contratación. Evidentemente, la cifra firmada es de escándalo frente al común de los mortales como usted y como yo, pero de cara al espectáculo de gladiadores de nuevo cuño que representan los deportistas, son céntimos si se compara con las entradas de taquilla, la venta de pegatinas, camisetas y chucherías que los fanáticos del fútbol van a lucir por creerse cerca del portugués. Una inversión segura, mucho más que la hipoteca de una casa.

Así pues, de arrogancias se van llenando las noticias, de esa afirmación consentida y “con” sentido que tienen (tenemos) los contertulios, escribidores y habladores de paja (incluyo en primer lugar a los “sin” sentido de muchos políticos que adoran verse y oírse en los medios) que creen que con sólo palabras se mejoran, detienen, transforman y generan las cosas.

Jean-Claude Trichet dijo en días pasados en Madrid que la crisis se solventará el día que haya confianza. Lo que no nos dijo es que esa confianza se construye con un discurso creador, con una visión holística de colectivo generador de oportunidades para todos. Los medios se pusieron arrogantes al repetir durante un par de días estas palabras del francés, haciendo así la chapuza de no darle continuidad al esfuerzo que sembró el Presidente del Banco Central Europeo, nada menos que el gerente del Euro.

La confianza de la que hablaba Trichet es la que somos capaces de entregarle a nuestra familia para ser, hacer y crecer. Es la que nos garantizamos cuando nos enamoramos y juramos ese amor. Es la que sentimos en el primer brote de primavera o con los indicios del calor de finales de junio. Tenemos confianza de que hará calor, vendrá el verdor, tendremos certeza del cariño que vamos a dar a nuestra familia. Eso, es confianza. Eso es lo que tenemos que construir. Es sumar las voluntades de todos y olvidar por un momento que sólo con dinero se crean realidades.

Si dejáramos la arrogancia de no escuchar y prestáramos atención a lo que se nos dice desde las instituciones sin cuestionamientos amarillistas, ni manos en las frentes, podríamos ver las luces que nos muestran, dejaríamos de hablar de crisis y empezaríamos a hablar de la prosperidad que se avecina. Pero de esas prosperidades futuras no se obtienen votos, ni se venden medios, ni es grato hablar frente a una cerveza en una terraza de verano.

Es por eso, que este blogger, revisándose a sí mismo, ha preferido ser autocrítico y mostrar desde ahora nuevas oportunidades, proponer cosas que ayuden a que hablemos de construir bienestar y nos deje ver que los vasos siempre tienen líquido, aunque sea esa gota que creemos final, que nos deja tragar esa pastilla necesaria.

miércoles, 17 de junio de 2009

Tengo una pregunta para usted

¿Sabe cuántos kilómetros separan a Venezuela de Irán?

Según google maps, la respuesta es 12.277,4 kilómetros. Si calcula que de Caracas a Maracaibo hay 518 kilómetros, la distancia es igual a 23,70 veces el recorrido entre las dos ciudadades.

En ese mismo orden de ideas piense en las diferencias entre un caraqueño y un maracucho. Hay costumbres, platos, formas de vestir y actividades diferentes ¿No?

Entonces, si la distancia de 500 kilómetros marca diferencias de entonación de la lengua, 12000 kilómetros producen otras muy marcadas diferencias ¿No?

Dejo la pregunta abierta. Vamos a ver qué colocan en los "post".


jueves, 11 de junio de 2009

Cedo este espacio a Laureano Márquez

PLACIDO DOMINGO
Por Laureano Márquez

Con no poco regocijo constaté que en la prensa se nos ofrece para el próximo 2 de septiembre un plácido domingo. ¡Cómo nos hace falta! Es que uno otea hacia atrás y la memoria no alcanza a divisar cuando fue la última vez que tuvimos los habitantes de esta tierra, del bando y la opinión que sean, un plácido domingo, así, de esos tranquilitos, de esos de la prehistoria cuando uno sentía que se podía jugar con los amigos un partidito de domino adornado por cabezas de osos polares, sin la sensación de que se está cometiendo un delito ambiental por no andar tocando el tema todo el tiempo o no andar peleando todo el rato, porque, por muy peleón que uno y sea, mi buen Dios, hasta Atila se tomaba una tregüita para echarse unas cervecitas germánicas, no solo con los Hunos, sino incluso con los otros, como fue siempre en este país. Se extrañan aquellos domingos en los cuales, en una reunión familiar cualquiera, uno se encontraba entre gente que pensaba distinto, sin que aquello fuese una tragedia, cuando se podía hablar mal de un presidente en presencia de sus copartidarios, sin que nadie te dijese fascista magnicida ni te sapeara. Estamos hablando de hace tiempo cuando uno casi no conocía venezolanos que viviendo fuera, cuando no había plan “B”.

Y es que, si uno se pone a pensar, muchos habitantes de esta tierra llevamos más de 3.650 días, con sus respectivas y largas noches sin desconectarnos, monotemáticos. Y no digo esto solamente por los opositores, sobre quienes ya alguien esta semana ha resuelto el enigma, con refinada lucidez, señalando que somos enfermos mentales, lo que anuncia que el siguiente paso debe ser recluirnos en algún lugar, siguiendo la conseja popular que da pie al dicho de: “¡Recojan a ese loco!”. Lo digo también por los afectos al proceso, que, por muy diferentes que nos los quieran presentar, son lo más parecido a uno que hay, portadores, además de esa misma semilla de duda, sospecha y desconfianza que mueve a todo venezolano acostumbrado a que nada en esta tierra es lo que parece ser, que hay mucho disfraz y engaño y que esto se parece más al carnaval que a la cuaresma.

Ay, Señor, un plácido domingo, ¿no es eso en el fondo la felicidad de la vida? Como cuando uno era chamo, que salía de misa con la certeza de que ese sol de esta tierra era lo más socialista que había porque calentaba nuestras almas por igual. Y uno iba a comprar el pan gallego recién horneado por un portugués que no era extranjero y se sentaba a la mesa, en familia a comer la comida de la mamá para los domingos, sin el sobresalto de un nuevo plan, de un esta vez sí, ahora sí que de verdad llegó el lobo. Sin mentada de madre ni insultadera, sin que alguien en televisión te este exilie con el verbo, te fusile con la palabra, te encarcele con ocurrencias geniales de última hora.

Ojalá que llegue pronto ese 2 de septiembre, sea bienvenido ese plácido domingo, que la prensa nos anuncia, aunque después venga un perro lunes, no importa, porque creo que ya tenemos todos ganas de recordar cómo era un plácido domingo.

miércoles, 10 de junio de 2009

¿Magnicidio? ¡Homicidios! (para no olvidar a ninguno de los caídos en manos del hampa)

¿Qué pasa? ¿Hasta cuándo? Todo sabemos que andamos aterrados detrás de las multilock porque no podemos más con los asaltos, secuestros y lo que es peor, homicidios.

Mientras tanto, los medios reflejan los temores del presidente y los magnicidios que lo persiguen. Mecanismos para tratar de ocultar lo que se le ocurra hacer con Globovisión, con la economía quebrada que lleva, con el desabastecimiento y el largo etcétera que todos sabemos.

No es la primera vez que escribo en este blog que la inseguridad le conviene al gobierno. Es el toque de queda necesario para tener a la población a raya, en sus casas en cuanto cae el sol, que también controla desde que cambió la hora para que oscurezca antes.

La cifra que publica el diario “El País” da escalofríos. Cuando Chávez tomó el poder había 4.550 homicidios por año, es decir, 12,46 al día. Una cifra para no enorgullecerse. Hoy, con toda la verborrea militar y de seguridad que nos lanza, la cifra llega a 13.200 al año, es decir, 36,16 al día. ¡Se triplicó la cifra! Si antes era el país incompetente, ahora da vergüenza y lo que es peor, miedo.

Imagine este problema como si a su teléfono celular tuviera que borrarle 36 teléfonos todos los días. Son 36 personas que pierden la vida a manos de un arma de fuego todos los días del mundo. ¡Basta de hablar de magnicidio! Piense en lo que sienten aquellos que reciben la noticia de que su familiar fue asesinado. Son 36 familias de luto cada día.

Y no excuso a los gobiernos anteriores, pero a este ha demostrado inoperancia. Pareciera que incentiva a la delincuencia cuando no ha hecho nada por los ciudadanos comunes y su seguridad. El saldo es muy lamentable: generar sed de venganza en algunos y de huir en otros.

Las historias se repiten. A fulano, a las 6.30 de la tarde, lo secuestraron en la puerta de su casa. Al niño que iba con guardaespaldas a diario, el día que el guardia se enfermó, lo secuestraron en la puerta de la escuela. En el semáforo de más abajo, mataron ayer a mediodía a un señor para quitarle su carro. Ayer, en plena escalera del barrio, una niña subía y le dieron un tiro.

En el relato paralelo, ese que inunda con palabras y promesas huecas a los medios de comunicación y todo lo público, el problema es otro: hay un complot para acabar con la revolución. ¡Una bocanada de humo de cigarrillo para no dejar ver que el verdadero problema es cómo tapar el hueco fiscal que no se llena con deudas de petróleo a futuro, ni con alzas del precio del crudo!

El magnicidio que está planteado, que se vive a diario, es el desangramiento que hay en Venezuela, entre los vecinos de todas las clases sociales, entre la gente como usted y yo, que lo que quiere es vivir en paz, hacer su vida profesional, siendo trabajador de lo que sea, pero un digno ciudadano, respetado por las autoridades y resguardado en su integridad por las instituciones.

Y sí, hay soluciones. Primero, antes de que el gobierno haga lo suyo, siga detrás de las rejas que instaló en su casa; segundo, siga llegando a horas en que el sol ilumina; tercero, tenga ocupados a sus familiares con labores qué hacer dentro del hogar; cuarto, empecemos a exigir que se haga algo por el empleo, por el incremento de policías bien preparados y con intereses soberanos (no como los del caso de Ana Raimondi), sistemas de seguridad por cámaras, en fin, lo que se sabe se debe hacer y no se hace. Yo, por lo pronto, pongo a la orden este espacio para propuestas.


domingo, 7 de junio de 2009

Correo sin estampillas - motorizados

En días pasados conversaba con honda preocupación con dos empresarios venezolanos. Ellos me hablaban de la responsabilidad que tenemos los “bloggers” de dejar sentado la historia dramática que vive Venezuela en todos los ámbitos.

Nos paseamos por temas. Materia prima, transporte y sus variables - combustible (no por el precio sino por su ausencia ocasional), repuestos, inseguridad en las carreteras, inseguridad para los motorizados- sindicatos, política, costos y precios permitidos, capacidad de innovación y cortapisas revolucionarias, en fin, un largo etcétera que realmente deja boquiabierto a todo aquel que no sepa qué se vive en Venezuela y cómo son las cosas.

Decíamos que de la conversación tendríamos para un par de meses de blog y así haré. Iremos tocando temas y por esta vez, vamos con los motorizados.

Los motorizados caraqueños -los dignos trabajaores de las dos ruedas- son quienes sortean lluvia, sol y contaminación para llevar sobres, cheques, facturas y sobre todo, son quienes de alguna manera sustituyen al servicio de correos que en cualquier ciudad del mundo bastaría con colocar una estampilla en un sobre y confiar que más tarde, en poco tiempo, el destinatario tendrá desde un cheque hasta un voto.

Son estos caballeros de hierro los que se han convertido en una especie de lacra-indispensable. Me explico con calma para no parecer extremista y dejar en alto el lazo de quienes son honestos trabajadores y poner el dedo sobre aquellos que se disfrazan de profesionales del reparto de correspondencia para delinquir. Hablemos de los delincuentes. Se canibalizan los repuestos, asaltan a los honestos sus maletines y carteras para quitarse los cheques, carpetas y documentos, hasta les roban las motos en plena vía con un método novísimo: van dos en una moto, se colocan a la par de otro motorizado y le quitan las llaves a la moto de este tercero en plena marcha y así, con la moto apagada, hacer bajar al propietario en mitad de la calle.

Los motorizados sufren asesinatos por piezas de repuesto y a la vez (esto lo hacen todos los motorizados los honestos y los delincuentes), vuelven locos a los choferes de los carros con sus autopistas especiales de circulación intercanales que impiden el flujo normal de los carros en las vías de Caracas. Todo un caos de motorizados que circulan como moscas sobre el asfalto de la ciudad que no se ve solo desde hace mucho.

Bueno, los empresarios hablaban de esto, de las dificultades que tienen para facturar y movilizar sus recursos documentales porque sus motorizados viven atracos y robos de sus vehículos. Los motorizados son a su vez empresarios, son ellos mismos autónomos de su trabajo, propietarios de su bien laboral y responsables con esas dos ruedas, de sus familias y sobre todo, de su propia integridad.

Pero la mafia alrededor se pierde de vista. Vemos cómo algunos usan las motos propiedad de la Policía Metropolitana para asuntos propios de toda índole, van con las novias e hijos, cómo se usan las motos de todo tipo para delinquir a los viandantes, cómo son más temidos que queridos, aunque haya muchos de ellos que son dignos de admiración. ¿Una bobería? No lo creemos desde este lado de la computadora. ¿Algo qué hacer? Sí, mucho. Algunas ideas:

  • limitar las rutas de tránsito
  • control de propiedad
  • control de uso de los vehículos policiales
  • mejoras significativas en el servicio de correo venezolano

En fín, acciones políticas duras porque algunos motorizados han demostrado ser enemigos de todos, inclusive, de la revolución.