El blog de Max Römer: Ahora Venezuela está huérfana de padre

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Ahora Venezuela está huérfana de padre

Suena a lo mismo. Agresiones a todo aquel que quiera mostrar honores a “El Libertador” sino está vestido de colorado, como si fuera la historia propiedad del chavismo y del presidente.
Esta vez fue a un grupo de mis alumnos de la Ucab. Fueron a rendirle homenaje a Simón Bolívar, el héroe de las clases del colegio, el que está en las monedas, el que murió empobrecido luego de una gesta libertaria para todos los venezolanos y muchos otros pueblos americanos.
Iban a poner unas flores y a manifestar su NO ROTUNDO a la reforma para eternizar a Chávez en el poder. Iban a dar su punto de vista como demócratas que son.
Nada. No terminaron de hacerlo. La autocracia de los intolerantes colorados pudo más que las intenciones de proclamas. ¡Dale que te pego!
Bolívar fue un soñador-ejecutor, apasionado y preclaro para su tiempo, idealizado y a la vez guía, fue ofendido hoy por los chavistas seguidores del rencor y lo peor de todo, no es la agresión física y moral, sino la reacción de la rectora de la universidad que se dice bolivariana de Venezuela: lamenta la agresión pero restriega otras agresiones para excusar a las de los jóvenes enfundados en rojo. ¿Qué clase de declaración es esa, señora?
Yo recuerdo la primera vez que pasé con mis padres por la Plaza Bolívar. Fuimos a una tienda a comprar chaquetas para pasar. No se iba en “mangas de camisa”, ni las mujeres podían ir en pantalones. Tal era el honor al “Padre de la Patria”. Los hombres se descubrían la cabeza, es decir, se quitaban el sombrero delante de la memoria de “El Libertador”. Y aquello era mucho, sí que lo era, pero mucho más son las agresiones entre venezolanos delante de la historia de la plaza fundadora de Caracas.
No es justo, no es posible que esto pase. Así como estoy de luto por las dos décadas de chavismo en Venezuela, estoy de luto más negro aún por la muerte (subrayada) de Simón Bolívar porque Chávez con su odio ha sembrado tal división que lo mata una y otra vez dejándonos huérfanos de padre.

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